Madrid: no equivocarse de bando

Europa no tiene problemas con los países europeos que quiebran los derechos humanos. Nunca ha sancionado a ningún país por dejar que se ahoguen inmigrantes en el Mediterráneo, porque disparen balas de goma a negros muertos de hambre y de frío que quieren llegar en una balsa de juguete  y se ahoguen, porque se exploten a trabajadores y que mueran por negligencia de sus patronos. En España, cada tres días mueren cinco trabajadores. Pero la UE nunca ha amenazado con abrir un expediente sancionador a España por ese genocidio silencioso.

Desde los años 80, Europa empezó a asumir que iba a desmantelar el Estado de bienestar, y una de las debilidades que tienen los conservadores ingleses es que no pueden argumentar que la Unión Europea ya les obligue a ningún tipo de programa socialista. Es esa política neoliberal la que alimenta el crecimiento de la extrema derecha. Extrema derecha que en Europa tiene tintes críticos con la globalización y en España son régimen (a favor de los recortes del Banco Central Europeo, monárquicos, partidarios de bajar los impuestos a los ricos y obedientes con las multinacionales).

La izquierda oficiosa ha ido dejando de hablar de valores socialistas y hoy diferenciar a algunos que se llaman de izquierda de los que se llaman liberales es casi imposible. La beautiful people del gobierno de Felipe González, con aquel “España es el país donde es más fácil enriquecerse” de su Ministro Solchaga, dejó claro que ya no había valores que defender en la izquierda. Lo remató González diciendo que lo importante de los gatos no era su color, si eran blancos o negros, sino si cazaban ratones. El PSOE y el PP terminaron mimetizándose.  González tiene un único problema con Aznar que se llama quién controla los negocios.

Hoy todos los que tienen oído musical para preferir gestionar lo que existe antes que cambiarlo hablan en neoliberal y el discurso de una parte de la izquierda que venía a renovar la política apenas se diferencia de un anuncio de Marina D’Or lleno de ilusión y promesas de felicidad sin conflictos, desahucios ni despidos. Y que ya no se vean clases, bandos, grupos, patronales, sindicatos, inmobiliarias, desahuciados, multinacionales y precarios sino solo españoles o madrileños. ¿No lo había dicho antes Rivera?

La irrupción de Podemos rompió el bipartidismo y asustó a Europa. Por eso le partieron la espalda a Grecia. Como aviso a navegantes de países más grandes. Acosado por casos de corrupción que llegaban a los juzgados, el bipartidismo se desangraba. Aunque tenían la voluntad de controlar el poder judicial por delante y por detrás, no bastaba. Así que se inventaron un Podemos de derechas para mantener el tipo electoral. Un espacio controlado que expresara la impugnación generada por la crisis. Como la cosa no bastaba, se inventaron un Podemos de extrema derecha (los medios de comunicación hacen su papel cuando les toca). Y como la cosa no bastaba, decidieron hacer lo que han hecho siempre: intentar romper a las fuerzas del cambio generándoles una escisión. Podemos siempre lo supo y por eso, en Vistalegre 2 hizo lo contrario de lo que había hecho el PP y el PSOE (prescindir de los perdedores) dándole un puesto de prestigio a Errejón. Pero Errejón nunca aceptó el resultado de Vistalegre. Al contrario, aprovechó la generosidad para operar contra la decisión de los militantes de Podemos. Los medios llevan dos años alimentando un ánimo disgregador.

Los poderosos no permitieron que Sánchez se acercara a Podemos en 2016 y le cortaron la cabeza. Pero se la dejaron colgando, se la cosió con hilo rojo y regresó. Y ganó una moción de censura con Podemos y los nacionalistas. ¡Hasta ahí podíamos llegar! dicen que dijeron los que están acostumbrados a decir. Podemos ha elaborado con el PSOE los presupuestos más progresistas de la historia de la democracia. Es probable que eso haya desatado un plan: recuperar la parte neoliberal del PSOE y sus barones, ganar a la parte más condescendiente de Podemos, y dejar abierto el papel de Ciudadanos por si fuera posible un tripartito entre el PSOE, Errejón y Carmena y Ciudadanos.

El objetivo a batir es Podemos. Porque si Pablo Iglesias está fuerte podría arrastrar a los socialistas del PSOE, acordar con IU, convencer a espacio de Carmena y Errejón y construir una plataforma con todos los trabajadores golpeados por el modelo neoliberal. Entonces solo les quedaría a los poderosos el tripartito andaluz y esa es una opción peor porque es más evidente. Ciudadanos, tan liberales ellos, gobernando con esa extrema derecha acordonada en Europa.

El poder, tan piadoso, siempre pide pruebas de buena fe. Iglesias forzó una subida fiscal a los ricos para financiar pensiones, educación, sanidad y salarios. Al poder no le ha gustado. ¿Qué es eso de una fuerza política que presiona a los que siempre han mandado? Pedro Sánchez, más amable, hace equilibrios. Asume el salario de 900 euros y al tiempo está ofreciendo la cabeza de Venezuela. Rivera siempre es obediente y no les generará problemas. Y Errejón y Carmena ¿van a ofrecer algo Errejón y Carmena al poder? ¿Van a plantarles cara?

Algunos apuntan la operación Chamartín como el fiel de la balanza que incline ese espacio hacia un posible pacto con Ciudadanos o hacia la alternativa al neoliberalismo que marcó la elección de Carmena hace cuatro años. Una ocasión ideal para consultar a la ciudadanía. Para que la ilusión ilusionante no se convierta en la enésima decepción de los ilusionados y los ilusos. Son tiempos de unidad frente al bloque de la derecha. De la derecha y de las políticas de la derecha. Aznar alienta el tripartito con VOX, el PP y Ciudadanos liderado por Casado. González quiere el tripartito liderado por el PSOE con Ciudadanos y una pata regional donde estén los nacionalistas y otros sectores como el carmenismo. Sería un error intencionado brindarle a Ciudadanos ser el árbitro que defienda el neoliberalismo desnudo con VOX y el PP o lo haga disfrazado con el PSOE y la enésima fracción de la izquierda.