Derechas o derechas, las tomas o las dejas

Informaba ayer una emisora de un supuesto estudio de un banco extranjero sobre las elecciones. Daba el estudio un 50% de probabilidades a un gobierno de «centro derecha», formado por el PP, Ciudadanos y VOX y un 20% de probabilidades a un gobierno de «centro-izquierda» del PSOE con Ciudadanos. Y punto. Supongo que los consultores trabajaron con indicaciones claras acerca de cuál debía se la conclusión del trabajo. E igual que vemos que las encuestas dicen lo que quieren oír los que las pagan, con este tipo de trabajos ocurre algo similar.

En España, durante dos meses, vamos a oír el mismo discurso repetido, enmascarado o maquillado en virtud de quien informe: o gana la derecha de la nueva CEDA, aquella derecha reunida de 1934, o gobierna desde la derecha el PSOE con Ciudadanos, diga lo que diga Rivera que ya ha dicho una docena de veces una cosa y la contraria en los últimos dos años sin que se le mueva un músculo. Por supuesto, cualquier otro escenario habrá desaparecido como por encanto.

Los medios de la derecha presentarán al trifachito como la salvación frente a la patria ultrajada por los catalanes y como la mejor manera de salir de la gran amenaza al sueño de nuestros hijos que es Venezuela. Aunque Rato esté en la cárcel igual que Zaplana y los gurtelianos y que allí se sembraron las bases de nuestro trabajo basura, Casado dirá que nunca brilló tan intensa la luz en el Reino. Aunque lo que de verdad se convertiría en un problema de refugiados en España es que los criminales de pensamiento que quieren guerra, como González Pons, se salieran con la suya y hubiera una guerra civil en el país caribeño.

Como mal menor, estos medios tendrán siempre el gobierno del PSOE con Ciudadanos como la fórmula que termine por meter en cintura a lo que quede de socialista en los socialistas. Si Margaret Thatcher dijo aquello de que su gran obra fue Tony Blair y la renuncia al Estado social, aquí sería el propio PSOE, de vuelta otra vez a su descafeinamiento máximo, el que diría de sí mismo que su gran obra fue convertirse en la pata restante del proyecto neoliberal. El grupo PRISA ya ha decidido que quiere un gobierno de Rivera con Sánchez (o con su cadáver). Al final, Felipe González, consejero de PRISA -igual que de las eléctricas ode Carlos Slim-, quiere solventar la crisis del bipartidismo que expresó el 15M  disolviendo lo que quede de izquierdas en el PSOE y radicalizando la derecha como en tiempos de Alianza Popular. Por eso han elevado a VOX a la categoría de fuerza política.

A fuerza de decirnos que esas son las dos únicas opciones, algunos terminarán por creérselo. La estrategia pasará por desaparecer a Podemos. Hablarán solo del PSOE, del PP y de Ciudadanos. Y llegado el caso, de VOX. Y de vez en cuando, sacarán a Podemos solo para ponerlo a pelear con la extrema derecha. Y del único gobierno que ha planteado cambios a favor de las mayorías, del gobierno de Sánchez impulsado por Podemos, ni una palabra.

Porque lo que logró que el PSOE volviera a parecer un poco –un poco- de izquierdas, fue el empuje de Unidos Podemos. Y eso lo saben las élites, lo sabe Europa y lo saben los medios de comunicación. Aprovechan, además, que el candidato de Podemos al gobierno de España está de permiso de paternidad. Entendido quizá de manera demasiado extrema (no pasa nada porque Iglesias tenga alguna presencia pública. Los permisos de maternidad o de paternidad no te sacan de la vida civil).

Con tanto viento en contra, le toca a Podemos y a todos sus votantes compensar esa gran mentira de que en el horizonte solo hay derechas o derechas. Como las lentejas que, en su versión clásica, vienen con chorizo. Vamos a la campaña más sucia de las que recordamos. Y una parte de la suciedad va a consistir en la invisibilización de Podemos. Aunque esas empresas de medios de comunicación vacíen la democracia. Porque si solo son posibles gobiernos de derechas, casi mejor que gobiernen directamente los del IBEX 35 y así, por lo menos, nos ahorramos el engaño y el dinero de las elecciones.