El PP, Ciudadanos y la balsa de la Medusa

 

 

 

Que la derecha española parece el resto del naufragio es evidente. Con el miedo que dan las bestias heridas.

La balsa de la medusa es un cuadro de Gericault pintado entre 1818 y 1819. Representa lo que pudo ocurrir después del naufragio de una fragata de la marina francesa, Medusa, encallada frente a la costa de Mauritania, cuando 147 personas quedaron a la deriva en una balsa construida precariamente. 13 días después quedaban con vida tan solo 15 personas. Los supervivientes vivieron hambre, falta de agua potable, canibalismo y enajenación. La Médusa –cuenta Wikipedia – llevaba 400 personas, incluida una tripulación de 160 marineros. En los botes solo había espacio para 250. El resto de la dotación del buque —al menos 146 hombres y una mujer— se apretujaron en una balsa de 20 metros de largo por 7 de ancho, construida cuando el desastre ya había ocurrido, y que se sumergió parcialmente por la carga.

Las condiciones para demostrar la humanidad estaban servidas. Diecisiete miembros de la tripulación decidieron quedarse a bordo del barco naufragado. El capitán y la tripulación, a bordo de los otros botes, intentaron arrastrar la balsa, pero después de solo unos pocos kilómetros las amarras de la balsa se soltaron quizá por sí solas. O alguien, se puede sospechar con malicia, las soltó. El capitán dejó a los pasajeros de la balsa entregados a su suerte o a su desgracia. La situación empeoró rápidamente: en la primera noche 20 hombres se suicidaron o fueron asesinados. El sustento de la tripulación de la balsa consistía en una bolsa de galletas del barco que se gastó el primer día, dos contenedores de agua, que cayeron al mar durante las peleas y unos barriles de vino. La balsa arrastró a los supervivientes «hacia las fronteras de la experiencia humana. Desquiciados, sedientos y hambrientos, asesinaron a los amotinados, comieron de sus compañeros muertos y mataron a los más débiles.

Otro miembro relevante del PP, Ángel Garrido, que ha sido Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid y que iba de número cuatro a las elecciones europeas, ha abandonado el barco y se ha ido con Ciudadanos. Hace unos meses insultaba grueso a Ciudadanos. Pero cuando estás en mitad del mar, los depredadores no usan la cubertería. Enfadado, quizá, porque Díaz Ayuso, el enlace entre la Púnica y Esperanza Aguirre según la UCO, le quitó las escasas galletas de la Comunidad de Madrid ha decidido vengarse a cuatro días de las elecciones. Esto tiene algo de psicópata. Los escenarios que escogen algunos para montarse en otro partido demuestran un gran desatino. Tienen un punto de enfermedad, de ira revenida, de falta de decoro, de huida agónica ausente de inteligencia. Cuando hay sequía, deshidratación y hambre, las decisiones se extreman y la desesperación y el desvarío se hacen reyes.

Desesperación y desvarío de todos los tripulantes, también de Ciudadanos, rapiñando con la excitación morbosa de la muerte súbita. En la balsa de la Medusa, los decentes decidieron suicidarse. Pero pedirle decencia a la derecha hispana canovista y franquista es, como decía Valle Inclán en Luces de Bohemia, pedirle al capitán de legionarios Pitito conocer los cuatro dialectos del griego. VOX es el otro ausente que marca sus movimientos, el cadáver en el armario de su familia, lo que siempre has sido y pensaste desterrar pero regresa como una maldición biológica.

Rivera, el que venía a regenerar la democracia, vive en los detritus rapiñando en la derecha a la que venía a apuntalar. Por eso han empezado a dispararle desde los medios de la familia conservadora. Los partidos, como organizaciones humanas, tienen una autonomía relativa marcada por la supervivencia de sus miembros. Y a Rivera no le perdonan que sea un bluff y que quiera responder a su fracaso arrastrando en su caída al PP. Pero atentos: la derecha no tolera que no le salgan las cuentas.