Y que los santos inocentes dejen de tener miedo

A veces en España, incluso demasiadas veces, como en un bucle rancio, parece que es 28 de diciembre todos los días y nos brinda el destino bromas macabras que son como avisos, advertencias, de las que nos reímos, con una risa nerviosa que quiere desterrar el miedo. Pero el miedo no se va porque los dinosaurios, como los inquisidores y los vertederos están ahí, siempre están ahí, porque nunca los hemos conjurado ni hemos apostado por la memoria, que es la vacuna contra los fantasmas, y el pasado está ahí, a veces dormido y ahora despierto, muy despierto, arrogante, con ganas de liarse a hostias con los que sienten débiles o creen culpables, como hace ese camionero frustrado que solo ve por el retrovisor la bandera pero no las horas que tiene que hacer para ser mileurista ni a los que le han robado la cultura que desprecia.

Un fascista va invitado por un procesado por corrupción al palco del Real Madrid mientras un militar franquista pide un golpe de Estado contra Pedro Sánchez y un equipo filial del Albacete llama mono a un jugador que no vino en bussines sino en patera. Nadie suspende el partido porque solo suspendemos partidos si llamamos nazi a un nazi y no sancionamos al militar porque solo sancionamos a los militares si denuncian a los oficiales por creerse que vivimos todavía en tiempos de Franco.

Los legionarios de Cristo, secta que ha poblado Madrid de colegios y universidades bajo la mano pura e inmaculada de Esperanza Aguirre y Ana Botella, han dejado el país lleno de niños abusados, y los obispos que mandan en la COPE cada día limpian el sepulcro de VOX, bendicen al PP y piden a Dios que las encuestas le regalen a  Inés Arrimadas el lugar amable que le brindaron a Albert Rivera al tiempo que disparan con odio contra Podemos y amenazan otra vez con las siete plagas de Egipto si gobierna la izquierda, no vaya a ser que demuestren que no existía una iglesia visigoda debajo de la Mezquita y no puedan justificar por qué quieren quitarle a todos los españoles la propiedad del edificio y lo quieren poner bajo jurisdicción de Roma, que es un estado extranjero.

Todos los días sale un nuevo caso de corrupción del PP, en Ciudadanos no hay democracia interna, de manera que incumplen el artículo 6 de la Constitución, así que tampoco ahí son constitucionalistas, y VOX, como ha hecho siempre la extrema derecha, es un chiringuito lleno de gente que ha robado a España diciendo que quería profundamente a España, de la misma manera que gente vinculada a VOX, como Ussia, Seguí o Perdiguero, difunden audios de una niña violada, ayudando a cuestionar a la víctima y poniéndose del lado de los violadores, lo que no impide que sigan estando en tertulias, radios y periódicos como si la democracia no tuviera derecho a defenderse de los que patean la democracia. Porque muchas veces parece que no solamente no tenemos derecho a defenderla sino que ponemos al zorro a vigilar el gallinero y viene Europa y nos dice que los jueces tienen que ser garantistas y no devolver con sentencias los favores a los que les han llevado a la cúspide del poder judicial.

Y así demasiadas cosas. Y quedan cinco días para el 28 de diciembre. Y cada día que pasa son 24 horas más para los que están dispuestos a cualquier cosa con tal de que no haya un gobierno progresista en el Reino de España. Decía Nietzsche que hay que buscar el antídoto del propio genio. Aunque es verdad que para hacer eso hace falta mucha humildad. Igual las Navidades ayudan. Y que los santos inocentes dejen de tener tanto miedo.