Investidura en víspera de reyes republicanos

Los Reyes vienen en son de paz y cargados de esperanza, aunque les habrán llegado los gritos de los energúmenos en la Carrera de San Jerónimo en la sesión de investidura y les habrá dado un poco de susto. Como vienen de Oriente, donde el demente de Trump está a punto de empezar una guerra, saben que las monarquías, incluida la norteamericana, son anacrónicas y andan pensando si hacerse un poco más republicanos. Algo habrá ayudado que VOX haya sacado de las tarjetas de Navidad a Baltasar, el único negro de esa cofradía de donantes. La derecha ultramontana no mide ni hace amigos. Bueno, parece que tampoco enemigos y algunos ya han ido a quitar el polvo a las tapias donde solían fusilar.

Algo más republicanos, quizá los magos vayan a dejar como regalo la posibilidad de empezar a curar las heridas que arrastra España desde hace, cuando menos, doscientos años. Cuatro heridas históricas de España que pueden empezar a curarse porque el gobierno de coalición, por vez primera en casi un siglo, se parece a España. Ha sido costumbre que una parte importante de nuestro país no pudiera verse representada en las instituciones. La última vez que hubo un gobierno de coalición de izquierda, las derechas dieron un golpe de estado y cuando regresó el PSOE al poder después de la dictadura, otro. En este país nos disciplinan solo a plomo.

Esta vez no es tan fácil que vayan a volver a silenciar a esa España acallada. Aunque una parte de la derecha anda de nuevo con ánimos golpistas. Pero los que apoyaron a Mola, Sanjurjo y Franco en 1936 hoy no pueden volver a las andadas. Los banqueros y grandes empresarios no pueden financiar un golpe y luego operar en Europa como si nada. Además, ya financian a los medios de comunicación, donde dan sus golpecitos todos los días. Por su parte, la Iglesia tendría que apoyar el golpe en contra del Papa Francisco, y aunque una parte importante de la cúpula sigue la estela de Rouco Varela y volverían a saludar con el brazo en alto, hay muchos cristianos que apoyan el gobierno PSOE-Unidas Podemos. Por último, el ejército en España no es golpista. Es verdad que una parte se ha creído las mentiras de los medios y piensa que el PP, VOX y Ciudadanos representan a España mejor que la izquierda -es lo que indica el voto en algunos lugares-. Pero otra parte no menor tiene una mirada más europea, sabe que es la derecha la que han robado a España, la que han hecho crecer el independentismo y la que desprecia a los militares, a la guardia civil y a los policías en cuanto no hacen lo que ellos quieren (ahí está lo que pasó con las víctimas del Yakolev, con la UDEF cuando ha investigado la corrupción del PP o con los policías que custodiaban la embajada española en Bolivia).

La herida colonial es propia de quien vive la contradicción de haber tenido el primer imperio europeo y haber sido el primero que lo perdió. Tenemos una relación paternal con América Latina y África, a menudo pensada con derecho imperial a la humillación. Y paradójicamente, una relación subordinada con Europa (a la que le aceptamos el ultimatum que llevó a cambiar el artículo 135). La imperiofilia, como la llama el profesor Villacañas, busca reconfortar un presente vulgar con un pasado heróico y épico. La gente de VOX, con el casco de los tercios de Flandes en la cabeza de Abascal -que curiosamente no hizo ni el servicio militar- puede privatizar las pensiones o empeorar las condiciones laborales mientras promete desayunar, comer,merendar y cenar banderas, banderas y mñas banderas. Las relaciones privilegiadas del gobierno de coalición con América Latina pueden reinventar la importancia de España en Europa recuperando la relación especial con el continente americano, de la misma manera que puede ser el momento de recuperar una relación no tutelada con África.

La herida territorial nos ha quitado muchas energías y se ha comido el tiempo político de España durante casi medio siglo. Primero con el País Vasco y ahora con Catalunya.  Se abre una nueva oprtunidad que parecía anegada. Por un lado, comprometiendo a catalanes y vascos con el Estado español, y por otro, al Estado español con la plurinacionalidad de España. La falta de diálogo solo nos llevaba a que fuera Europa la que solventase nuestras cuitas territoriales y, como en otros momentos de la historia, solo para empeorarla. Es un avance enorme que el independentismo haya entendido que no hay vías unilaterales, de la misma manera que es un gran impulso el que el PSOE haya escuchado más a su alma federal que a su alma centralista. La tarea de Unidas Podemos de haber explicado en estos seis años la condición plurinacional de España sin ser independentista es una gran ventaja y supone un ejemplo claro que invalida la idea de que España es «incorregible».

La herida social, que nos hace el país más desigual de nuestro entorno europeo,  se enfrenta en el nuevo gobierno con un compromiso de producción y redistribución que apuesta por las las mayoría y desafía tres de los grandes problemas de nuestra economía: la renuencia de los grandes capitales a pagar impuestos, la baja productividad y la debilidad del mercado de trabajo sujeto radicalmente a los vaivenes del ciclo económico. El grueso del acuerdo de gobierno entre el PSOE y UP tiene contenido social y es un punto de inflexión respecto de las políticas de austeridad europeas que solo han servido para que crezca la extrema derecha. El mejor antídoto contra el populismo de derechas es rebajar las desigualdades y crear un horizonte de progreso que evite las tentaciones de los atajos autoritarios.

Por último, la herida ciudadana, con tres grandes tareas: desbordar el peso histórico del patriarcado que ha desaprovechado a la mitad de la población; desbordar el papel de una Iglesia que ha frenado la ciencia, la educación y la igualdad entre hombres y mujeres; y por último, que tiene que acabar con una cultura de la violencia que ha irrumpido regularmente en la historia de España por falta de cultura cívica. La sanación de la herida ciudadana implicará la construcción de  una esfera pública virtuosa donde nos veamos cada vez menos súbditos y cada vez más ciudadanos.

Postdata:de cuando el centro derecha certificó su defunción

En el debate de investidura se ha certificado la defunción del centro-derecha. VOX ha arrastrado al PP y esta vez ni la barba de Pablo Casado ha servido para aminorar los empellones que le daba Cayetana Álvarez de Toledo para que echara espuma por la boca. Arrimadas ha demostrado que Albert Rivera no hizo tantas estupideces porque fuera estúpido, sino porque toda la Ejecutiva realmente existente en Ciudadanos se había echado al monte. Arrimadas, después de la debacle de su partido, podría haber caminado hacia el centro, pero ha preferido cocinar una suerte de mensaje autoritario -llamando a reeditar el tamayazo y desconociendo lo que es un Parlamento democrático-, cuñado -ya sabían ellos antes que nadie todo lo que pasa aunque no se lo aplican- y patético -donde los efectos especiales y el gusto por sacar artilugios (como el CV de Adriana Lastra) acentuaban lo ridículo de afear a los demás partidos una pérdida de votos menor que la de su formación. Ciudadanos se ha convertido en un partido irrelevante y va camino del olvido, de la misma manera que la tránsfuga Ana Oramas va a pasar a la historia del parlamento con la misma gloria indecente que tienen en las islas canarias los caciques con ilustres nombres y apellidos.

Sánchez se ha escudado en el programa y las medidas que el nuevo gobierno debe poner en marcha. Ha sido una decisión que al público ha aburrido pero que era correcta. Aunque Sánchez iba de azul, el rojo le sienta bien. Ha decidido mirar hacia adelante y es sensato, porque hacia atrás, tanto el PSOE como el propio Sánchez tienen un google muy malo. Es en lo que se ha basado Rufián para cobrarle al PSOE, con retórica de barrio, la abstención que permite la investidura. Y le han tenido que dar las gracias porque el PSOE es consciente del esfuerzo que han hecho con las elecciones catalanas cerca y JxCat anclados en un viaje a ninguna parte. Adriana Lastra, en el tiempo del PSOE, ha ajustado cuentas con la derecha y lo ha hecho con aplomo.  El PNV, con la sorna de Aitor Esteban, dijo cosas muy sensatas en un discurso trufado de citas cinematrográficas que daban a entender que al PNV eso de España les parece medio de coña. Con la parlamentaria de  EH-Bildu, Mertxe Aizpurua, la derecha dejó rienda suelta al jabalí que llevan dentro y la Presidenta de la Cámara no estuvo a la altura para parar el ultraje a la libertad de expresión que campó por sus respetos durante toda la sesión. JxCat siguió erre que erre y las CUP aún no han entendido que España es algo más que un cuartel con Tejeros y Pantojas. Como dijo Rufián, el auge de la extrema derecha debiera hacernos recapacitar a todos. Pero es más difícil cuando tus gafas son localistas y crees que el mundo termina donde llegan las campanas de tu campanario. Pablo Iglesias volvió a brillar y demostró que tenía razón cuando alertó sobre lo que venía con la extrema derecha. Pese a la fuerza de su discurso, el fraccionamiento de los tiempos entre todos los grupos confederales demostró sus limitaciones en este tipo de debates.

El martes se cierra la investidura y la gente de bien anda preocupada porque somos un país que viene del pucherazo, del clientelismo, del tamayazo. Debiera darle verguenza a la derecha que los demócratas estemos preocupados porque el resultado de las urnas pueden torcerlo los poderosos. Pero la derecha ya ha demostrado que le da todo lo mismo. Para que el gobierno de coalición pueda gobernar va a hacer falta mucha calle.