Asombrosamente frágiles: coronavirus y gobierno de coalición

 

 

 

"El poscoronavirus será como un período de posguerra. Encontraremos sólo escombros (...) el coronavirus nos impulsa a repensar el significado de nuestra vida, nuestra forma de estar juntos, los peligros de la globalización, ya que es posible que nos devuelva una normalidad diferente, un renacer distinto, incluidas las reglas financieras internacionales. El problema es que hemos perdido el sentido del equilibrio entre los diversos componentes de nuestra sociedad"
Juan Antonio Molina

¿Que somos muchos ya? ¿Que devorar animales es dañino? ¿Que la mayor parte de los afanes del mundo son vanos? ¿Que la lentitud y la soledad son preferibles? ¿Que las ciudades, más allá de ciertos límites civilizados, son un error y una trampa? ¿Que el modelo económico en que vivimos no solo es desigual e injusto, sino absurdo y asombrosamente frágil? ¿Que las corporaciones pueden derrumbarse con la misma facilidad que los seres humanos? ¿Que lo que llamamos el poder es una brizna de hierba al viento de la historia? ¿Que así como Ricardo al final estaba dispuesto a cambiar su reino por un caballo, hay un momento en que cambiaríamos todas nuestras riquezas por un poco de aire puro en los pulmones, por un sorbo de agua en la garganta?
William Ospina

A la fuerza ahorcan

La crisis del covid-19 ha llegado al mundo. En la globalización no había otra. Aunque descerebrados como Trump o Bolsonaro digan que no es para tanto y que las alarmas son inventos de comunistas. En Brasil, la gente que apoya al lider populista ha salido a manifestarse. Quieren, como en Estados Unidos que la gente esté armada como respuesta al coronavirus (¿para disparar a los infectados?). En cualquier caso, hay más gente atenta a la televisión que al funeral de lady Di o de Michael Jackson. A la fuerza ahorcan.

"Si hace un mes un Ministro dice que habría que impedir la celebración de la Semana Santa, cae el gobierno".

Es el momento de frases a la altura de las circunstancias. Una muy apropiada es aquella de "A grandes problemas, grandes soluciones". El problema es que esta frase vale para buscar salidas por la derecha o por la izquierda. Hay medidas que no van a generar grandes discusiones porque son de sentido común y porque no tomarlas afectan a la vida de toda la población. Para ser más exactos: no van a generar una gran discusión hoy. Porque si hace un mes un Ministr dice que habría que impedir la celebración de la Semana Santa, cae el gobierno. Pero hoy le hemos visto la mayoría las orejas al lobo y nos estamos volviendo prudentes.  El irracionalismo va a salir golpeado de la crisis. Porque la gente va al hospital, no a la iglesia neopentecostal. Ya han rezado y se han contagiado igual. Lo pasional, lo irracional, lo sentimental son parte de lo humano. Ojalá pudiéramos dar marcha atrás. Aunque me temo que cometeríamos los mismos errores. Porque nos impulsa un motor que está equivocado. Como si vivir fuera estar 24 horas en un supermercado infinito,donde todo el mundo quiere comprar pero donde la mayoría está en un subterráneo de reponedores, en las tiendas como empleados o en un país más pobre cosiendo, ensamblando o cosechando, y que aguanta porque sueña con estar arriba.

"Aún hoy sigue viajando demasiada gente en el metro, no tienen protección los teleoperadores, el personal de vuelo, la gente que trabaja en los  mercados, en las fábricas, en la limpieza. Como si unos tuvieran derecho a estar sanos y otros estuvieran condenados a contaminarse".

La condición democrática del corona virus a la hora de contagiar ayuda mucho a reducir la confrontación política. Del covid-19 no se libran ni los gobernantes, ni los ricos, ni los reyes, ni las que tienen el cuello más largo ni los que tienen anticuerpos españoles. Por cierto, anticuerpos españoles que son principalmente antineuronas españolas, que a fuerza de gritar Muera la inteligencia, la inteligencia les ha hecho caso y les ha dejado revolcándose en su necedad como los puercos en el barro. Empieza una confrontación que antes, cuando se miraba a la historia, se llamaba lucha de clases.

Los grandes empresarios, y no digo las PYMES, digo los grandes empresarios, que son más globales que españoles, al igual que la banca, los fondos de inversión, los fondos buitre, no van a descansar con el coronavirus. Siguen haciendo negocio y van a intentar que la parte que les corresponda en la salida del problema sea la menor posible. Incluso, van a intentar sacar ventaja, presionando al gobierno para doblarle el brazo y tratar de imponer sus medidas. La primera intervención de Pablo Casado iba en esa dirección: flexibilizar, privatizar, vaciar fiscalmente al Estado, despedir. Pero alguien le ha dicho que parecía un buitre a los ojos de la gente y ha aflojado. Sin embargo, aún hoy sigue viajando demasiada gente en el metro, no tienen protección los teleoperadores, el personal de vuelo, la gente que trabaja en los  mercados, en las fábricas, en la limpieza. Como si unos tuvieran derecho a estar sanos y otros estuvieran condenados a contaminarse.

A grandes problemas, grandes soluciones. Las de la derecha tienen un gran obstáculo: que en el Gobierno está Unidas Podemos. Y que es un partido que nació para acabar con la forma en que se salió de la crisis de 2008, esto es, sobre las espaldas de la gente. Por eso la derecha se ofrece a Sánchez para que el Gobierno renuncie. Y pensemos lo que sería esta crisis con el PP, Ciudadanos y VOX meciendo la cuna del ala derecha del PSOE.

Salir por la izquierda o por donde siempre

Desde la izquierda la salida es muy exigente. Tan exigente como el riesgo de que en España tengamos a 20 millones de personas en situación de pobreza. El covid-19 es una catástrofe, nos impone condiciones de guerra contra el virus, desafía a nuestras sociedades sobre si salir más unidos o rotos por más desigualdades. Por eso, la gran solución desde la izquierda pasa por una renta básica que arranque de manera urgente con la gente a la que el coronavirus ha dejado en la lona, aumentar los servicios sociales, regular los alquileres y cubrirlos para la gente que no puede pagarlos, evitar los desahucios con aplazamientos, atender a los parados y a los que vivían de chapuzas, ayudar a los autónomos y a las PYMES, asistir a gente sin recursos ni hogar,  moratorias en las hipotecas, evitar despidos amparándose por los ERTES, cuidar el mundo de la cultura, favorecer la conciliación, acordarse del servicio doméstico -simpre golpeado-, especial cuidado a las mujeres que conviven con maltratadores, o prohibir los cortes de agua, luz, gas. Y encima, sin perder las libertades civiles. Lo están haciendo países que cayeron rehenes del neoliberalismo: Francia, Italia, Alemania. Solo quedaba España.

Claro que todo esto cuesta dinero.  Pero la alternativa es el capitalismo del desastre del que alerta Naomí Klein. Por lo que nos obliga a una reflexión en términos de contrato social. Tenemos que reunirnos todos en torno a la mesa, como hacen las familias cuando hay problemas, y decidir qué sociedad queremos.

"En esta ocasión, parece que de algo ha servido que estén los cinco ministros de Unidas Podemos en el gobierno. Aunque no nos engañemos: ninguno está en el gabinete de crisis".

La comparación entre la respuesta pública a la crisis de 2008 y ésta es evidente: hace una década el PP rescató a los bancos, golpeó a los funcionarios, abandonó a los parados, expulsó a los universitarios, paralizó a los jubilados y condenó a los desahuciados. En esta ocasión, parece que de algo ha servido que estén los cinco ministros de Unidas Podemos en el gobierno. Aunque no nos engañemos: ninguno está en el gabinete de crisis.

Quizá lo más importante de las medidas del gobierno sea la actitud: el mensaje que dice: esta vez no se va a quedar nadie atrás; esta vez, la crisis no la va a pagar el pueblo. Ahora hace falta que esa actitud se convierta en presupuestos. Y que se siga en la misma dirección.

Donde nos la jugamos

Hay tres preguntas claras: ¿vamos a salir de la crisis endeudando al sector público? ¿Van las rentas más altas a colaborar con parte de su patrimonio a solventar la crisis? ¿Vamos a olvidarnos otra vez de las pequeños autónomos y de la gente que vive de alquiler porque no tiene dinero ni avales para pagar una hipoteca?

Llevamos mucho tiempo drenando recursos de los pobres a los ricos. El sector financiero se ha hecho hegemónico y vimos con el caso griego que pudo poner de rodillas a un gobierno y a un país. Ahora no es el gobierno griego. Ahora es también Alemania, Francia, Italia y España. Por eso es momento de dar una respuesta colectiva que cambie el rumbo. Porque con el modelo anterior no hacían sino crecer las desigualdades y destrozar el medio ambiente. Ahora, parece, nos vamos a olvidar del medio ambiente, se van a morir decenas de miles de ancianos y van a regresar a la pobreza millones de personas.

"Es imposible que se hubieran dispuesto 200.000 millones de euros si no hubiéramos salido a la calle el 15M de 2011. Pero luego han faltado votos. Por eso ahora mismo están en el aire inquilinos, autónomos, empleadas de hogar, mujeres en riesgo de maltrato".

Las discusiones al interior del gobierno expresan las discusiones que debemos tener en Europa. La gente no puede salir a la calle a manifestarse y eso lo saben los poderosos. Por eso Felipe VI aprovecha este momento para contarnos que se ha enterado de que su padre es un presuntísimo ladrón. Y aprovecha también para hacer un discurso hueco y previsible que no sirve para absolutamente nada. Pero en nuestras casas, igual vamos acumulando rabia. Hay una Europa de los poderosos, financiarizada, que subcontrata los derechos humanos, que apoya las guerras y que considera la defensa medioambiental una lata que dificulta el negocio. Esa Europa es el PP, Ciudadanos y VOX, y ha recibido apoyos puntuales cuando lo han necesitado del PNV y de los Pujos, Mas y Puigdemont. Y también tiene audiencia en algunos sectores del PSOE.

Falta aún mucha sensibilidad social en las decisiones del Gobierno, pero van en la buena dirección. Es imposible que se hubieran dispuesto 200.000 millones de euros si no hubiéramos salido a la calle el 15M de 2011. Pero luego han faltado votos. Por eso ahora mismo están en el aire inquilinos, autónomos, empleadas de hogar, mujeres en riesgo de maltrato. Queremos una renta básica y que paguen los que más tienen. Tenemos en contra al gran capital. Pero eso ya lo sabíamos. Y no podemos permitirnos el lujo de olvidarnos que hace dos meses sabíamos que el modelo reventaba por culpa del cambio climático. Ese sistema ha dado de sí todo lo que podía. Para que además de infectados no nos volvamos locos.