¡Niñas, al recreo!

El día que el gobierno polaco retrasa la prohibición del aborto debido a las presiones de las mujeres en las calles, el gobierno de Unidas Podemos y el PSOE han acordado que las escuelas concertadas, es decir, las escuelas financiadas con dinero público, no puedan segregar por sexos. San Escrivá de Balaguer debe de estar llorando desde el cielo. Hoy llueve en las Españas.

A la derecha le parece bien la segregación por sexos, porque consideran que las mujeres mezcladas con hombres en las aulas son un factor que distorsiona la verdadera educación, que es la que deben recibir los muchachos. Sobre todo, para que no se distraigan con cosas de mujeres, como menstruar, parir, cuidar, trabajar lo mismo y ganar menos, querer solventar los conflictos dialogando y, sobre todo, aprendiendo a callarse.

En esa tarea de segregación de hombres y mujeres, han estado siempre muy solícitas las iglesias, en España especialmente la católica, que ha tenido un problema con las mujeres desde que Dios decidió sacar a Eva de la costilla de Adán en vez de sacarla de desarrollos complejos de cadenas de ADN como dios manda. Aunque esto es un decir.

A la derecha le gusta segregar por sexos porque la subordinación de la mujer forma parte de su orden inamovible de cosas. Les gusta que las mujeres estudien, trabajen, puedan ser incluso Presidentas de empresas o del Gobierno, pero todo dentro de un orden. Y ese orden dice que algunas mujeres pueden tener los mismos privilegios que los hombres, pero no todas, porque entonces, la economía se resiente y el orden bajo las estrellas se cuestiona. Como tantas veces, es una cuestión política pero lo que busca es engrosar los bolsillos de algunos. No es condición suficiente, pero con mucha frecuencia es condición necesaria.

Las discusiones sobre hombres y mujeres suelen ser discusiones políticas, que pueden contener trazas de biología, teología, cultura y, por supuesto, economía (que suele estar detrás de la política), pero que remiten casi siempre a decisiones colectivas acerca de cómo queremos enfrentar un problema.

A las mujeres nunca se les ha preguntado nada. Se les agujereaban las orejas sin su permiso para ponerles unos pendientes; no podían jugar según a qué cosas para no ser chicazos; otros aún más brutos practicaban y aún practican la ablación del clítoris, porque qué es eso de que las mujeres puedan disfrutar del sexo; no faltan quienes las obligan a parir sin que puedan decidir nada al respecto. O los que las violan y están convencidos de que han disfrutado. Hay aún  más brutos: los que las matan al nacer si son niñas o las matan de mayores si son independientes. La derecha dice que eso no pasa. Que cuando un hombre mata a una mujer es por culpa de los astros que están en un cuadrante malo.

Hay pequeños detalles que van colaborando en las grandes decisiones que condenan a las mujeres a ganar menos trabajando lo mismo, a cuidar de los familiares porque los hombres se ausentan de ese compromiso, a jugarse la vida para abortar cuando no tienen dinero para hacerlo fuera. Y todas esas esquinas de comportamientos desiguales que también hacen su parte, sea un chiste, vestir a las niñas y niños conforme a cánones rancios, aprender sexo viendo porno, decir que los hombres no lloran o burlarte de que alguien se sienta mujer teniendo un cuerpo biológico de hombre. O segregar por sexo en el colegio.

En los colegios concertados ya no van a poder decir eso de ¡Niñas, al recreo! Y tampoco lo de ¡Niños al recreo! Tendrán que decir: ¡Niños y niñas, al recreo! Y será mucho más divertido.