Rociito: recuerda que Dios nunca abandona a un buen marxista

 

Dios escribe recto con renglones torcidos. Es una frase que se atribuye a Teresa de Jesús. La luz y el entendimiento a veces viene por sitios insospechados. La idea es clara y se asienta firme, pero el camino para llegar a ella es sinuoso.

Es una reflexión que está cerca del no hay mal que por bien no venga del refranero, y que nos lleva a otra frase religiosa que aparece en la Biblia, en Romanos 11:13:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Pues resulta que más de tres millones de personas, seguramente en su mayoría mujeres, vieron en el programa Sálvame a una famosa, Rociito, sufriendo por culpa de los maltratos, sufriendo por culpa de una marido maltratador, sufriendo por culpa de una salud mental convertida en un cristal frágil precisamente por los maltratos, y sufriendo por culpa de un canal que, por los renglones torcidos de Dios, convertía en víctima a una persona a la que ha victimizado durante mucho tiempo.

Millones de mujeres a las que la política no les convoca y a las que seguramente les quedan muy lejos las reflexiones sobre el patriarcado, de sopetón se han encontrado con algo que a lo mejor conocen de cerca: que un hombre puede maltratar, que encima la culpable eres tú porque eres una mala madre o estás como una chota y, por si fuera poco, tu maltratador se está haciendo rico contando mentiras en tu círculo cercano, en este caso, por las televisiones cuya puerta abriste tú (igual que a ti te la abrieron en su día tu progenitora, una maravillosa tonadillera, y tu padrastro, un torero borracho que mató a una persona por creer que podía conducir con más alcohol en el cuerpo que el que dicta el sentido común).

Rocío Carrasco, a la que no se le conocía otras manualidades que ser famosa, hablado en la tele de malos tratos, de suicidio, de enfermedad mental y de linchamiento mediático. Y lo ha hecho en la misma televisión donde le han infligido una parte de todos esos malos tratos. Los caminos del Señor son insondables.

Es verdad que nunca es tarde si la dicha es buena. El documental va a servir para que más mujeres se libren de los malos tratos. Y obligará también a revisar un género que escarba en las miserias humanas –para lo que siempre hay audiencia- pero no siempre lo hace desde la dignidad, el respeto y la compasión que reclaman las víctimas.

Casi cuatro millones de españoles habrán visto la entrevista a Rociito, y 43 millones, no la habrán visto. Los 43 millones son la mayoría silenciosa, pero hoy, esos cuatro millones son los que señalan una parte de la discusión en España. Porque hasta la Ministra de Igualdad ha salido defendiendo a la víctima y recordando que su caso es un caso multiplicado en un país donde las mujeres dejaron de ser insultadas y condenadas por adulterio en una fecha tan cercana como 1978.

A la izquierda le falta mucho para aprender a hacer televisión, para salir del elitismo, para hablarle al pueblo al que dice representar. Claro que 50 sombras de Grey no ayuda a la emancipación de la mujer, pero ayudó a la emancipación de algunas mujeres. Esas contradicciones están en el seno del pueblo. Igual que esos programas del corazón que escandalizan a los que se emocionan leyendo a, por ejemplo, María Zambrano o, aun más lejos, Judith Buttler. Mujeres que, en mi caso, me emocionan más que las andanzas de las famosas que son famosas porque son conocidas porque son hijas de famosas. Contradicciones en el seno del pueblo, que decía un chino con mucho predicamente entre su pueblo.

Como Dios escribe recto con renglones torcidos, de pronto, la confesión de Rocío Carrasco ayuda en la lucha que las feministas tienen contra los malos tratos y contra la estigmatización de las que llaman malas madres. Ayudará a darle una vuelta a las enfermedades mentales y, de paso, nos obligará a preguntarnos si los programas del corazón son más del corazón o del bolsillo. Y, también de paso, por qué se ven. A lo mejor tocan teclas que también están en Shakespeare.

Los caminos del señor son inescrutables.

Y se lo dice un ateo que sabe, Rociito,  que Dios nunca abandona a un buen marxista.