Las carga el diablo

Obama y el otro muro de Berlín

La calle Bernauer, una de las más ligadas a la imagen del muro de Berlín, fue de las que sufrieron con mayor crudeza las consecuencias de la división de la ciudad el 13 de agosto del 1961, 9 días después del nacimiento de Obama.

Quizás Kennedy pensaba en los dramas vividos en esa zona cuando visitó Berlín en junio del 63 y dijo entre otras cosas, en el célebre discurso que pronunció allí, que el muro era "una ofensa no solo contra la historia, sino también una ofensa contra la humanidad, separando familias, dividiendo maridos y esposas, hermanos y hermanas y a la gente que quiere vivir unida"

En la calle Bernauer, y sobre todo en la confluencia con Brunnenstrasse, la línea que separaba la ciudad llegó a pasar literalmente por el interior de algunos edificios, de tal modo que sus habitantes vieron cómo les tapiaban la puerta principal (que quedó en parte occidental) y solo podían acceder a sus viviendas por los patios (parte oriental). Si se asomaban a la ventana estaban de hecho en Berlín Oeste. Así que muchos -unos con mejor suerte que otros- huyeron deslizándose por las fachadas... hasta que todas las ventanas que daban a la calle acabaron selladas con ladrillos.

Finalmente desalojaron las viviendas y las demolieron. Más tarde se crearía una zona de nadie, zona de la muerte con torretas de vigilancia y detectores anti huida. La distancia de esa zona entre los dos muros oscilaba entre  los 30 y los 500 metros. Desde que el muro cayó en noviembre del 89 el tiempo se ha ido encargando de difuminar muchas huellas de aquella etapa de la historia de la ciudad.

En aquel entonces, el Obama que estos días visita Berlín como presidente de los Estados Unidos tenía 28 años, los mismos que el muro. Los  jóvenes de todas partes de Europa que habitan ahora la ciudad, que viven y trabajan en ella lejos de sus casas y sus familias, tienen aproximadamente esa edad de media.

Los menores de 30 años que se mueven en 2013 por las calles de Berlín y que han convertido la ciudad en un enclave mágico, seductor y lleno de vida cuentan con muchos lugares que recuerdan lo que sucedió durante los años del muro. Pero hay dos espacios que yo creo fundamentales: uno es el barrio de la calle Bernauer y otro el East Side Gallery de la calle Mühlen (1300 metros lineales de muro superviviente y lleno de graffitis) donde probablemente Obama y su familia, como todo el que visita Berlín, se hagan una foto.

El East Side Gallery es un testimonio palpable de lo que sucedió durante 28 años en Berlín. Una galería de arte al aire libre cuya permanencia, a medida que transcurre el tiempo, adquiere mayor valor. Sería una atrocidad que desapareciera como parece que pretende la especulación inmobiliaria.

La construcción de una pasarela para conectar con un bloque de apartamentos de lujo llevó en marzo a retirar varias placas del East Side. Tras múltiples protestas, el ayuntamiento ha prometido recolocarlas cuando finalicen las obras. Primer aviso. El boom inmobiliario que experimenta Berlín -ha tardado, pero ha llegado- amenaza también al otro espacio emblemático del muro al que me refería al principio: el de la calle Bernauer.

Esa zona la conozco mejor. Por ahí he atravesado en bastantes ocasiones las señales que indican en el suelo por dónde discurría el muro. Y cada vez que he rebasado esas señales no he podido evitar un cierto escalofrío. Escalofrío al recordar a los que perdieron la vida justo en esa zona, al imaginarme la estación de metro cerrada, al recorrer la llamada zona de la muerte donde estaban los edificios que demolieron y donde permanecían los descampados... hasta ahora, que esos descampados se están llenando de grúas, de cimientos, de ladrillos... Adiós, Historia; hola, especulación.

Si el muro significaba el contrapeso que frenaba las ansias depredadoras del capitalismo, su desaparición fue el pistoletazo de salida de las tropelías que han llevado a los "mercados" y a quienes mueven sus hilos a liquidarse el estado del bienestar y fumigar los derechos laborales arrancados por los trabajadores desde que acabó la segunda guerra mundial. Los especuladores inmobiliarios arrasando Berlín son el remate de la faena.

Obama viene ahora a Berlín y se encuentra con otro muro, el que ha construido la troika con sus políticas de desigualdad. Y tengo para mí que el BCE, la CE y el FMI lo escenifican intentando eliminar, con los especuladores como ariete, cualquier vestigio de la existencia del anterior.

Si el muro que cayó hace casi 24 años separaba familias, en palabras de Kennedy, y dividía a la gente el muro económico actual también separa familias, distancia padres e hijos, crea incertidumbres de futuro, promueve innumerables agravios comparativos, empobrece a unos a costa del enriquecimiento de otros... ¿Escucharemos a Obama al menos una frase en la que exprese su disconformidad con las medidas económicas que aplica Europa y que tanto sufrimiento y humillación están causando a los países más pobres?

"La libertad es indivisible. Y cuando un hombre está esclavizado los demás no son libres", dijo también Kennedy en su discurso de Berlín hace 50 años. Pues eso.