Opinion · Las carga el diablo

Los parados, esos sospechosos a los que hay que vigilar

Dado que ellos están instalados en la delincuencia (presunta, claro), en la mentira y el cinismo descarados; vista la inflación de casos por corrupción a mano armada a los que tienen que hacer frente… no resulta demasiado extraño que Rajoy y su impune cuadrilla traten a los ciudadanos como presuntos delincuentes.

Ahora toca, porque así lo ha decidido Empleo, que los parados -a los que ya se declaró oficialmente vagos y sospechosos hace algunos meses- informen obligatoriamente de sus viajes al extranjero. No vaya a ser que tengan la suerte de encontrar ese trabajo que aquí les escatiman.

Estado policial. Al contrario de lo que proclama la legalidad todavía vigente, tratan a los ciudadanos como presuntos culpables. Quizás porque no les quepa en su cabeza que la media ponderada del timado votante de a pie no funciona con la caradura y la desvergüenza que ellos se gastan.

No gobiernan para los ciudadanos, sino contra los ciudadanos. Lo que en realidad les gustaría es transformarnos en súbditos. Y actúan como si aspiraran a conseguirlo. Son nuestros empleados pero se comportan como los tiranos. Les financiamos sus nóminas, sus dietas y sus devaneos y ellos a cambio nos pagan con su desconfianza, su desprecio y su ninguneo.

Nueve millones de pensionistas les preocupan menos que una bronca de Merkel. Medio millón de enfermos de cáncer obligados a pagar el diez por ciento de fármacos que pueden llegar a costar hasta varios cientos de euros cada uno les preocupa menos que una admonición del Banco Central Europeo. Decenas de miles de estudiantes en la cuneta por no tener dinero para pagar sus matrículas les importan menos que una mala cara de Botín o Fainé.

Esos son ellos. Así funcionan estos magníficos trileros enrocados en un poder que prostituyen y desligitiman con su manera de ejercerlo. No solo hacen lo contrario de lo que prometieron, sino que además nos someten a libertad vigilada.

Gobernantes sinvergüenzas como son, no parecen capaces de imaginar que los gobernados no lo seamos. Y legislan partiendo de la idea de que somos unos pillos, unos tramposos dispuestos a robar y mentir, como ellos, a la menor oportunidad.

Con sus políticas han buscado la ruina a cientos de miles de trabajadores a los que han convertido en parados. Y ahora, en lugar de buscarles empleo, les buscan las cosquillas.