Opinion · Las carga el diablo

Psoe, no me creo nada

Me aburre mucho la conferencia del psoe de este fin de semana y la campaña de promoción que algunas de sus presuntas estrellas han protagonizado durante los días previos a su celebración.

Como la música militar, tanta parafernalia no me pone nada. Jamás me supo levantar, que diría Brassens. Y ahora todavía menos, porque de un tiempo a esta parte casi todo lo que rodea a esta formación que a tantos ilusionó cuando parecía de izquierdas, aparece desprovisto de esa contagiosa sangre en las venas y de ese espíritu marchoso que fueron su seña de identidad durante tantos años.

Ahora me cuesta trabajo creérmelos. Los leo, los veo, los escucho y admito que hay momentos en que me gustaría que supieran engañarme. Un poquito de seducción, por favor, aunque luego todo sea mentira. Pero ni por esas.No se trata ya de Rubalcaba, asfixiado por tanto abrazo del oso Felipe. Es que ni Madina, ni López, García Page o Chacón, a quienes he escuchado con atención estos días acaban de sacarse de encima esa sintaxis y ese vocabulario de añejos profesionales de la política cuyo soniquete, ya de entrada, te pone en guardia y desvirtúa la enjundia de los mensajes: a ver qué me va a vender éste ahora, piensas cuando comienzan con las perífrasis, las evasivas, los lugares comunes y las frases hechas

Luego está el llamado «aparato», esos -y esas- que llevan décadas serpenteando por las tripas del partido y que matarían antes de irse al paro porque toda su vida laboral la han pasado conspirando o defendiéndose de las conspiraciones y no tienen otro oficio ni beneficio. Expertos en saber qué aceite hay que ponerle a la maquinaria para que funcione, ahora ya no saben cómo hacer para evitar que se oxide.

Nadie apuesta desde dentro por un golpe de timón cuya necesidad está cantada. Nadie acaba de apostar por asumir la portavocía de lo que realmente sucede en la calle. Se empeñan en continuar tratando de los problemas del ciudadano de a pie sin bajarse de sus privilegiados púlpitos y emborronando cientos y cientos de infumables folios a los que luego llaman documento. Pero no se remangan para meterse en el fango de la prosaica cotidianeidad en la que sobrevivimos el común de los mortales. No se manchan de barro.

Vuelven a hablar de sus problemas, que si primarias, que si no primarias, que si toca, que si no toca, que si liderazgo… antes de ocuparse en buscar soluciones a los problemas de la vida real que nada tienen que ver con tanta palabrería. Siguen enrocados en la jerga sectaria. Hasta la muy viajera Carmen Chacón, ambigua opositora a verso suelto, milita en el pasteleo cuando habla y este mismo jueves comenzó una entrevista haciéndole la pelota desde el minuto uno a Rubalcaba y a Jáuregui. Se le llena la boca con la palabra «delegado», con los elogios a los militantes por el «trabajo bien hecho». Trabajo bien hecho en los ordenadores, digo yo, porque en la calle no se les ve entre otras cosas porque muchos no se atreven a decir que son del psoe no vaya a ser que los corran a gorrazos.

Un desastre. No me creo nada de este psoe cuya música suena añeja y gastada y que continúa despilfarrando los días mareando la perdiz y metido en una urna de cristal que pocos o ninguno de entre ellos, calentitos y con sueldos que millones de ciudadanos ya no tienen, parecen dispuestos a romper.