Las carga el diablo

Las memorias de Rajoy ¿para cuándo?

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Estoy deseando leer las memorias de Rajoy. Por eso quiero que se vaya cuanto antes.

Tengo miedo que se pase la moda de las memorias de expresidentes, que dejen de hacer furor los libros de antiguos inquilinos de la Moncloa y ya no haya ningún editor dispuesto a soltarle una pasta a Mariano para que escriba obviedades trufadas con alguna que otra insolencia y las remate, como sus antecesores, traicionando confidencias a cambio de dinero.

Deseandito estoy de ver cómo replica Rajoy a las descalificaciones de su otrora mentor. Quiero ver cuanto antes cómo ejerce de jarrón chino, aunque se forre haciendo bolos "everywhere" y ocupando cargos en agradecidos consejos de administración siempre dispuestos a recompensar servicios prestados.

Cuando ya le hayan/hayamos dado la patada quiero ver cómo explica los tejemanejes de los extesoreros de su partido. Quiero saber cómo fueron esos largos ocho años que transcurrieron desde que José María lo ungió como sucesor, en detrimento del ahora denostado Rato, hasta que consiguió llegar al poder. Quiero saber cómo fue esa travesía del desierto, cómo salió airoso a pesar de perder dos elecciones y haberse despedido prácticamente en una de ellas desde el balcón de Génova. Quiero saber qué fue haciendo para cabrear cada vez más a su padre político.

Quiero que se vaya Rajoy, quiero que se vaya ya porque no puedo estar más tiempo sin saber lo que pasaba en esos garajes de los hoteles o del senado por los que huía despavorido de los periodistas. Quiero saber cómo justifica todas las putadas que nos ha gastado: si  obedecen a una vergonzosa y sumisa docilidad ante las instituciones europeas o, como le pasa al escorpión cuando pica, es que su carácter es ese y no puede evitar ser como es.

Quiero saber si es capaz de explicar por qué traicionó su programa electoral, por qué prometió hasta que metió y, como suelen hacer los seductores baratos, "una vez metido, no cumplió nada de lo prometido". Quiero comprobar si de verdad no le da vergüenza haber proclamado a los cuatro vientos, con grandes portadas en la prensa amiga, que no tocaría la sanidad, la educación ni las pensiones, y luego montar la que ha montado.

Yo por unas memorias de Rajoy, es que ma-to.

Necesito que me cuente qué se había tomado el día que se puso a elegir su equipo de gobierno. Necesito que me diga con cuántos whiskies encima llegó a la conclusión de que personajes como de Guindos, Montoro, Gallardón o Fernández Díaz iban a ser "la caña". La caña de España. ¿O era algo más fuerte que el whisky? Porque para meter en la lista a Wert, Mato, Báñez o Margallo no sé yo si basta con estar bebido.

Que se vaya ya Rajoy. Fuera. Pero no por lo que ha hecho, pobre, que seguro que él no quería y no ha tenido más remedio. Lo que quiero es que me lo cuente. Que me lo cuente en un libro como Felipe, como Aznar, como Zapatero, o como Fernando Ónega que va por ahí escribiendo ahora sobre el tiempo que pasó junto a Adolfo Suárez. O como Anguita, o como Solbes...

Lo va a petar Mariano cuando cuente sus paseos en barco con Merkel por Chicago, sus flirteos con Obama o sus despachos con el rey tras saltar por los aires el tabú informativo de tantos años sobre la Casa Real. Y cuando saque a la luz toda su correspondencia íntima con Bárcenas, ¿qué me decís? Sus comparecencias en plasma, al lado de todo esto, van a quedar a la altura del betún, como su patético intento de censura a la entrevista que le hicieron en Bloomberg.

No puedo vivir más tiempo sin que Rajoy me cuente por qué cree él que cayó en desgracia con pedrojota; estaré en un sinvivir hasta que me explique qué le llevó a promover una reforma laboral tan guai; no lograré conciliar el sueño hasta que no me pormenorice cómo consiguió bordar el gobierno más fascista y retrógrado desde que se murió Franco.

Quiero que Rajoy se vaya ya. Ni él ni los editores deben desaprovechar la excelente racha por la que atraviesan las memorias de los expresidentes. Sería una pena que dejaran pasar ese tren. Aunque siempre, eso sí, lo podríamos tener de comentarista deportivo en el "Marca", su publicación de cabecera y junto a los sudokus, su distracción favorita.