Opinion · Las carga el diablo

El talibanismo «español» contra Catalunya

Nací en Andalucía y pasé ocho años de mi vida en Catalunya, de los 17 a los 25. Ocho largos años que me ayudaron a abrirme camino en la vida y de los que conservo un excelente sabor de boca. Desde entonces han pasado 35 años más que he gastado por diversos lugares de la geografía española y en los que me ha tocado siempre lidiar con una pesada, irracional y muchas veces intolerable fobia hacia lo catalán que entra en contradicción con multitud de evidencias del día a día.

A quienes les gusta el fútbol les he visto disfrutar y admirar el juego del Barça… pero quieren que pierda.

La selección española de fútbol cuenta con media docena de catalanes y con tres o cuatro jugadores más del Barça, todos ellos campeones de Europa y del mundo que fueron vitoreados como héroes por las calles de Madrid tres veces en un período de cuatro años. Los adoraron sin complejos al grito de «yo soy español, español, español»… y un mes después ya estaban gritándoles «catalanes de mierda» en cualquier partido de Copa o de Liga.

Toda España está llena de sucursales de negocios catalanes, desde compañías de seguros a franquicias de gimnasio, cuyos gerentes están encantados de comerciar con ellos… pero apenas se dan la vuelta los están poniendo a parir.

En el mundo de las finanzas, en el del diseño, en el de los planteamientos comerciales atrevidos, en el del excursionismo, en el de las oenegés… los catalanes son copiados y admirados en toda España, aunque luego nadie parece dispuesto a reconocerlo en voz alta.

La historia, el desarrollo y el predicamento de la industria editorial española no se entendería sin los catalanes. Evidencia incontestable que solo se reconoce en la intimidad, como Aznar cuando habla catalán.

Los mejores motoristas y muchos de los tenistas españoles son catalanes…

En cuanto a la política, los catalanes son los que más sentido de Estado han demostrado dotando de estabilidad gobiernos del pp o el psoe cuando éstos han buscado su apoyo. Pero siempre se les ha acusado de actuar exclusivamente en interés propio, para trincar pasta y punto.

Es inútil. Ninguna particularidad positiva de los catalanes parece valerle a tanto «fundamentalismo español» como anda suelto por las redacciones y los mentideros políticos de este Madrid castizo y cabezón. El proceso abierto en Catalunya para poner en marcha un referéndum en el que los catalanes decidan si quieren ser independientes o no abrió hace un tiempo una inmisericorde campaña de ninguneo, criminalización y ridiculización de la que se hacen eco talibanes de todos los calibres, voltajes y pelajes.

Valga que Marhuenda o Losantos exploten este filón para satisfacer a su fascista parroquia, pero que existan casos en los que no se pueda distinguir entre la bilis que destilan estos profesionales del integrismo y la intolerancia, y las despiadadas diatribas de muchos presumibles izquierdistas, eso sí que me parece preocupante.

Creo que en Madrid buena parte de las gentes con sensibilidad de izquierdas han perdido la perspectiva y parecen poco dispuestas a admitir que lo que ocurre en Catalunya es perfectamente legítimo y civilizado, razonado con argumentos como los que Oriol Junqueras explicaba este martes en «Público» a Marià de Delás, entrevista que invito a leer sin perderse ni una coma. Los españoles fundamentalistas, los talibanes de la españolidad no se paran a considerar el respeto que se merece alguien que decide ejercer su derecho a discrepar. Se parece mucho a lo que ocurre en una pareja cuando uno de los dos quiere separarse y el otro no está dispuesto a admitirlo.

Los «talibanes españoles» de izquierdas son más peligrosos que los fachas, y con el cuestionamiento y la ridiculización del derecho a decidir que a diario perpetran por tierra mar y aire refuerzan las tesis de los inmovilistas y se alinean con la cerrazón de los intolerantes.

Yo no quiero que Catalunya se vaya de España. Si continuara empadronado en Catalunya votaría que NO a la independencia cuando se celebrara la consulta. Pero no puede ser que los corifeos madrileños, incluidos aquellos que se mueven en presumibles entornos progresistas, se dediquen a intentar desacreditar a quienes defienden una opción que deriva del pacto entre dos partidos que fueron mayoritariamente votados.

Os lo digo de verdad, me dan menos miedo los fachas de toda la vida, porque con ellos sé a qué atenerme, que tanto «talibán» de izquierdas que no parece percatarse o no le importa, que sus invectivas contra Catalunya, llegado el caso, serían las que usarían la caverna y los inmovilistas para practicar el «tiro al catalán». Siembran vientos que pueden acabar en tempestades ignorando y negándose a admitir que, como decía ayer Oriol Junqueras en Público los ciudadanos, a través de su voto soberano, tienen el derecho de transformar y cambiar las fronteras si esa es su voluntad. Por mucho que nos duela a los que no estamos de acuerdo con que Catalunya acabe marchándose de España.