Opinión · Las carga el diablo

Alaya irrumpe en UGT

Me parece sumamente injusto que la toma de la sede de la UGT andaluza por orden de la juez Alaya, corte de calle incluido, acabe recordando actuaciones similares en ayuntamientos corruptos como los de Marbella, Estepona o Alhaurín.

¿Se habría podido evitar esa imagen? Quizás sí, si se hubiera hecho frente a las acusaciones desde el primer momento antes de que acabaran convirtiéndose en un incesante goteo. Apostando por la mayor transparencia posible desde el minuto uno. ¿Por qué no han reaccionado antes en ugt? ¿Por qué no contraatacaron? ¿Por qué no han actuado con más reflejos y quizás hubieran evitado esas ya imborrables imágenes de este jueves con la calle del sindicato tomada por la guardia civil?

Pues creo que no lo han hecho, entre otras cosas, por el enorme peso burocrático que lastra el funcionamiento de la institución. Los sindicatos, no solo la ugt, y muchas organizaciones sociales son verdaderos especialistas en marear la perdiz, en dedicarse a redactar extensos documentos convenientemente fotocopiados cien veces, expertos en reuniones y en no tener nunca prisa por tomar decisiones. Y claro, esta vez en Andalucía, donde ya llovía sobre mojado con la que tiene montada Alaya con la Junta y con los eres, a la ugt le ha acabado pillando el toro.

El entramado burocrático, el componente sectario y la falta de transparencia quitan agilidad, frescura y capacidad de respuesta a quien se instala en este tipo de funcionamiento. Se convierten así en el caldo de cultivo ideal para la aparatosa y sospechosa manera de funcionar de jueces como Mercedes Alaya y para que la caverna disponga de una presa contra la que lanzarse en tromba e intentar contrarrestar de esa manera el aluvión de mierda al que la derecha tiene que hacer frente a diario: las preferentes, los sobresueldos, los áticos, los fabras, camps, matas, blesas, bárcenas y urdangarines varios…

Por eso creo que cuando se tienen adversarios, o directamente enemigos, de tanto calado como la desprejuiciada derecha española y sus amorales adláteres, los sindicatos no se pueden dormir en los laureles ni empeñarse en mantener los mismos sistemas de funcionamiento que hace décadas. Los sindicatos existen porque los trabajadores precisamos de su existencia; afrontar las necesidades de los currantes de hoy día no se puede hacer del mismo modo que años ha. Los grandes aparatos ya no llevan a ningún sitio, ni las grandes reuniones. Cuando los movimientos sociales, del 15M para acá, han cambiado y están cuestionando tantas cosas en este país, en los sindicatos no pueden continuar preocupándose por el número de liberados a conseguir o por cómo perpetuarse en los cargos. Ni gastando el tiempo peleándose entre ellos. Así no se va a ningún lado.

Cada minuto que pierden lo aprovecha la derecha para intentar desactivarlos. Porque para rematar el pisoteo de derechos al que se está sometiendo a los trabajadores es buena cosa machacar e intentar hundir a quienes han de dedicarse a defenderlos. Para recortar, para rebajar sueldos, para explotar más y mejor a los pocos que consiguen trabajar, los sindicatos sobran. Por eso éstos no pueden permitirse bajar la guardia ni mostrar puntos débiles por los que ser atacados.

Yo deseo sinceramente que los responsables de ugt sean capaces de explicar y justificar las irregularidades que presuntamente se les atribuyen, pero han perdido un tiempo precioso. Ahora, con las imágenes de la calle de la sede regional tomada por la guardia civil, el daño ya está hecho.

El tiempo que habrán de emplear en explicar cosas, en acudir al juzgado, en regenerarse, en plantearse de una vez promover una organización más moderna y más ágil es tiempo que nos quitan a los trabajadores para que los representantes sindicales se preocupen de nuestros verdaderos problemas y se dediquen a intentar resolverlos, que es para lo que están.

Que con tanto marrón no les quede tiempo para la defensa de los trabajadores ni para apretar al gobierno y a los empresarios en la creación de empleo es un terrible efecto colateral más que sumar al desastre en que vivimos. Efecto colateral que a los peperos y a su cohorte de paniaguados les viene como anillo al dedo.