Las carga el diablo

¿Podremos volver a creer en los políticos?

A esta derecha infestada de herederos de franquistas, lo de gobernar en democracia le parece un verdadero coñazo. Pero vamos a ver, se preguntan, ¿yo no cuento con mayoría absoluta? Entonces, ¿por qué me la tengo que coger con papel de fumar a la hora de reprimir una manifestación, por ejemplo? ¿por qué me veo obligado a diseñar maquiavélicas estrategias para que mis teles tengan carnaza con la que poder criminalizar manifestaciones multitudinarias promovidas por pérfidos antisistema, esos encapuchados con mochila vestidos de oscuro?

Pero ¿es que no hay manera de meter en cintura a los jueces de una vez? Echamos a Garzón y nos salen Silvas y Pedraces por todas partes ¿pero esto qué es? ¿Qué hace Lara dejando todavía que la Sexta siga criticándonos? ¿Qué hace Cáritas dejándonos en evidencia? ¿Qué hacen hasta las monjas incendiando twitter y metiéndonos caña? ¿También en la iglesia nos van a poner la proa? Esto de que Rouco apenas mande ya... Menos mal que todavía nos quedan sus homilías en los funerales.

Tal que así piensa Rajoy, creedme. Cuando no está leyendo el Marca, esto es lo que bulle en el interior de su privilegiado cráneo, esto es lo que pasa por la cabeza de Soraya, su eficaz "Rasputina", cada vez que ella y su mediocre mentor han de sortear obstáculos que les impiden circular hacia el neoliberalismo total a la velocidad dictaminada para su implacable hoja de ruta. Una hoja de ruta diseñada por la Otan, la UE, la troika y demás buitres europeos y del mundo mundial a quienes estos capataces de cortijo están dispuestos a complacer cueste lo que cueste... a los ciudadanos.

Hacen y deshacen mientras el psoe, desaparecido en combate desde hace dos años, apuesta por el tancredismo que tan buenos resultados acabó dándole a Mariano por si también a ellos acabara cayéndoles la breva. Una de las razones por las que el gobierno del pp putea sin miramientos a los votantes, incluidos a los de su propio partido, es porque no se ven en peligro. Tienen la misma percepción que Martin Schulz y entienden que el psoe ha dejado tirado a los suyos. Schulz, candidato socialista a presidir la Comisión Europea, lo soltó sin ambages este fin de semana en Madrid: "¿Los votantes nos abandonaron o somos nosotros quienes abandonamos a los votantes?"

Y más que os van a abandonar como no espabiléis, Martin. Mira lo que ha pasado en Francia. En un rimbombante mitin de campaña para las europeas, con González y Zapatero presentes en el acto, el actual presidente del parlamento europeo admitió que para recuperar a los votantes perdidos por el socialismo, hay que volver a conectar con ellos "compartiendo su dolor, porque la mucha gente que está sufriendo con la crisis no se ha sentido protegida".

No sé si el político alemán imagina hasta qué punto tiene razón: los hachazos del pp que han empobrecido ya a casi quince millones de españoles apenas han rozado a ningún miembro de la casta política, ya sea de izquierdas o de derechas. Ellos mismos se perciben lejanos, privilegiados. Viven blindados e inmunes a la depredación de Rajoy y su irritante cohorte y por tanto, ignoran muchas de las alarmantes consecuencias que el ciudadano medio sufre en su día a día.

Como se encarga de recordarnos este lunes en su twitter mi amigo Teófilo Serrano "es difícil entender el problema de la vivienda si uno tiene en propiedad un chalet en una urbanización en que el 75% vota PP, es difícil entender los problemas del transporte público cuando uno lleva muchos años sin bajarse del coche oficial porque uno deja de entender los problemas de sus electores, cuando no vive como ellos".

Entre herederos de franquistas que nos machacan y la oposición acomodada que no se entera, el caso es que continuamos cuesta abajo, de fracaso en fracaso hasta el desastre total. ¿Las elecciones europeas? A mi lo que me preocupa es el día después, porque sea cual sea el resultado, lo único que puede cambiar las cosas es que la casta política entienda que ha de cambiar por completo de actitud. Y para eso hace falta, en primer lugar, que se produzca un verdadero vuelco; y en segundo, que los protagonistas de ese vuelco no acaben cayendo en los mismos vicios.

Mucho tienen que espabilar, tanto los de siempre como los nuevos para que volvamos a sentirlos cercanos, para que nos creamos lo que nos dicen, para que confiemos en ellos... Los que no se han ganado a pulso nuestro desprecio, se han ganado nuestra desconfianza. Los nuevos que apuestan ahora por irrumpir en escena, todos los que aseguran que traerán aire fresco y que abrirán de par en par puertas y ventanas, lo primero que tendrán que hacer, si consiguen que los votemos, es aprender a gestionar nuestro recelo.