Opinión · Las carga el diablo

Rajoy, Susana Díaz y la legislación vigente

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Digo yo que cuando quieres a alguien tanto como Rajoy asegura amar a Catalunya, no te pones a echar mano de la ley como único recurso para solventar las discrepancias, ¿no?. También me parece que cuando constituyes una sociedad con alguien, un gobierno de coalición por ejemplo, si hay buen rollo con tus socios de IU como ayer mismo afirmaba la presidenta andaluza Díaz, no te lías a firmar decretos a las primeras de cambio para quitarle competencias a una de las Consejerías que gobiernan contigo porque no estés de acuerdo con alguna de sus decisiones.

Esta manera de gestionar solo se entiende desde el menosprecio al otro, desde la altivez, desde la indiferencia. Lo de Rajoy con Catalunya y lo de Díaz con Izquierda Unida es la puesta en práctica literal de aquel célebre refrán: “Al amigo, el culo; al enemigo, por el culo y al indiferente… la legislación vigente”.

La indiferencia, cuando no es una irresponsabilidad, suele esconder la convicción, por parte de quien la practica, de que tienes más fuerza que la otra parte y puedes permitirte el lujo de usarla. En el caso de Rajoy, aunque se niegue a dejar siquiera una rendija abierta a la posibilidad de celebrar una consulta en Catalunya, él sabe que las razones jurídicas nunca son suficientes para zanjar un asunto de tanto calado. Pero con la innecesaria y suicida ayuda de Rubalcaba, este martes no dudó en despreciar las ganas de opinar sobre su futuro que un setenta por ciento del pueblo catalán manifestó en las urnas en noviembre de 2012. Sabe también Rajoy que, así como toda corriente de agua acaba encontrando una salida cuando tropieza con un obstáculo, recurrir a la legislación vigente para sacudirse un “marrón”, solo aplaza un problema político, pero nunca lo soluciona.

En el caso catalán la consulta, de una u otra manera, acabará produciéndose. En forma de referéndum o de elecciones. En el caso andaluz,  la desautorización pública de Díaz a Elena Cortés, su consejera de Fomento por Izquierda Unida,  quizás desemboque en elecciones anticipadas, una carta que la presidenta de la Junta ya debe estar pensando en jugar, a juzgar por el nulo reparo que ha tenido en lavar los trapos sucios fuera de casa. Cuando esto sucede en una pareja, cuando una parte empieza a hablarle a la otra de abogados y de leyes, igual es que le importa ya poco que la convivencia, que el proyecto en común al que un buen día se comprometieron, acabe saltando por los aires.

El desencuentro en Andalucía huele a elecciones anticipadas, y el de Rajoy recurriendo al concepto de propiedad para obstaculizar la consulta catalana, a elecciones plebiscitarias. Ni es verdad que Rajoy quiera a Cataluña, como proclamó el martes en sede parlamentaria con la soltura de lengua que le caracteriza; ni tampoco lo es que que Susana Díaz tenga ningún cariño a sus socios de Izquierda Unida por mucho que sepa que sin sus votos no estaría donde está. No es amor, pero tampoco creo que sea odio.  El comportamiento de Rajoy Brey y de Díaz Pacheco responde más bien a la indiferencia a que conduce la prepotencia del poderoso cuando éste pierde la perspectiva, que es la manera más patética de perder la memoria.

Es esa indiferencia a la que nos referíamos en el refrán que citábamos más arriba y que conduce a parapetarse tras la aplicación de la ley olvidando que las soluciones perdurables son las que nacen de pactos políticos, no de imposiciones. Cuando abusas de la autoridad legal, sueles perder autoridad moral. Esto es lo que le ocurre a Rajoy desde hace ya mucho tiempo. Qué pena que Susana Díaz haya apostado por el mismo camino.

La legislación vigente puede que sea necesaria, pero nunca será suficiente.