Opinion · Las carga el diablo

¿Se atreverá Rajoy a adelantar las elecciones generales?

Parece poco probable que el PP pueda aguantar año y medio aún con su falso discurso triunfalista, huyendo siempre hacia adelante e incrementando esa sabrosa y vergonzosa colección de mentiras para la historia acuñadas durante el tiempo que lleva en el poder. Sabe ya este Gobierno, y saben también sus agudos analistas, «arriolistas» como hay quien les llama, que los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del próximo año, tras el tsunami de las europeas el pasado 25-M, tienen muy mala pinta para sus intereses.

El PP tiene perdidas las municipales, a menos que se saque de la chistera algún magistral golpe de efecto: ¿adelantar las elecciones generales, quizás? Repasemos el panorama: el PSOE, todavía principal partido de la oposición, se encuentra desde hace dos meses en la UCI: su flamante secretario general no tendrá Ejecutiva hasta dentro de dos semanas ni candidato a la Presidencia hasta el otoño; Izquierda Unida anda buscando la manera de reinventarse y Podemos, la opción emergente, está intentando contar a toda prisa con los mimbres precisos para responder a la expectativas que ha generado. Tras el campanazo de la europeas, Iglesias y los suyos trabajan ahora sin descanso, ni fines de semana ni vacaciones, para llegar a mayo del año que viene en condiciones de plantar cara en los ayuntamientos y preparar también la estructura mínima con la que afrontar las elecciones generales. Guanyem Barcelona, la plataforma ciudadana que encabeza Ada Colau para la Alcaldía de la ciudad, tiene toda la pinta de ser una opción sólida y ganadora. Iniciativas similares para otros grandes municipios empiezan a gestarse en torno al proyecto «Municipalia«…

Pero… ¿qué pasaría si los tempos cambiaran, si se acortaran los plazos y Rajoy decidiera disolver el Parlamento este verano para convocar elecciones generales en otoño? ¿O para febrero, o en la misma fecha que las municipales y autonómicas, allá por el mes de mayo, seis meses antes de lo previsto? En cualquiera de estos supuestos pillaría al personal literalmente en bragas. Es algo que podría suceder perfectamente, ¿o es a mí al único a quien esas histéricas prisas por legislar a toda pastilla que le han entrado este mes de julio al Gobierno del PP (el decreto ley de las 179 páginas, la reforma fiscal, la ley de seguridad ciudadana, la más que probable aprobación de la ley Gallardón sobre el aborto antes de vacaciones…) le huelen a chamusquina?

Tenemos además, a la vuelta de la esquina, el marrón que para Rajoy supone todo el asunto de Catalunya: pasan los días y, como dice el refrán, «ni se muere ni cenamos». Artur y Mariano continúan jugando al ratón y al gato mientras se acerca la Diada, el 11 de septiembre, cuyo éxito, que nadie se atreve a poner en duda, repercutirá sin discusión en todo lo que suceda a partir de ese momento durante los escasos dos meses que quedarán entonces para el referéndum previsto el 9 de noviembre.

Por algún lado tiene que reventar todo esto. Como es de suponer que el PP aspira a no tener que marcharse de La Moncloa, y si tenemos en cuenta que sus cerebritos demoscópicos saben que mantenerse en el poder sería muy difícil si se pierden las alcaldías de ayuntamientos importantes y no se continúa gobernando en algunas de las autonomías donde ahora lo hacen, resulta fácilmente deducible que, más pronto que tarde, no tendrán más remedio que adoptar alguna solución drástica para intentar evitar ese riesgo. ¿Tirar p’alante con el globo sonda de cambiar la ley electoral para que gobierne la lista más votada? No creo.

El adelanto electoral es una opción más que plausible. Con esa jugada podrían, manda narices, hasta salirle los números al PP, que desde el 25-M y aunque lo nieguen, tiene abiertas vías de agua en la estructura del partido y en varias comunidades. Tampoco pueden ocultar por mucho más tiempo el debate interno que mantienen, todavía de puertas hacia dentro, tras el varapalo. A menos que… la convocatoria de elecciones generales les permita redefinir prioridades. El despendole en que se convirtió la semana pasada la escuela de verano de la fundación pepera FAES, con disparos diarios a Podemos y declaraciones triunfalistas de «lo sabiamente que mantenemos el Estado del Bienestar y lo mucho que asombramos al mundo por el éxito con el que estamos saliendo de la crisis» desprendían un explícito tufo a precampaña.

No, no creo que puedan seguir mintiendo ni escondiéndose nada menos que durante ¡año y medio más! Creo que esta vez don Mariano ‘Tancredo’ Rajoy intuye que la estrategia de dejar que el tiempo se encargue de poner las cosas en su sitio no le beneficia precisamente.