Las carga el diablo

Esperanza Aguirre, ¿candidata del PP en las generales?

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Desde que la policía municipal la pilló in fraganti con el coche en el carril bus mientras sacaba pasta de un cajero; desde aquella tarde de abril en que decidió huir precipitadamente del lugar y acabó arramblando con cuanto obstáculo encontró en su camino, Esperanza Aguirre ha vuelto por sus fueros y está tan desatada como en sus mejores tiempos. Ha vuelto a "divertirnos" a diario con su acreditada locuacidad porque no se calla ni debajo del agua. Cualquier comparecencia pública le vale para soltar el titular del día y los medios, siempre ávidos de carnaza, picamos el anzuelo y acabamos proporcionándole con creces la cancha que ella anda buscando.

Si algún observador extranjero, poco ducho en el devenir de nuestro día a día, hubiera llegado a este país hace solo un par de semanas la impresión que tendría, si no cuenta con demasiada información anterior, es que la persona que parte el bacalao en la derecha española se llama Esperanza Aguirre. Pensaría que esta mujer parece la única persona resuelta a pararle los pies a los de Podemos sea como sea, bien acusándoles de encarnar la maldad misma, bien haciendo un llamamiento a sus huestes para escudriñar en el pasado de sus caras visibles a ver si dan con algún muerto en sus armarios de perroflautas.

Que Esperanza habla y se comporta como aspirante a gobernar este país podría ser, sin duda, la conclusión de un visitante extranjero con pocos días en España. Y se trataría de un análisis en el que coincidiría con la certeza que muchos de quienes vivimos aquí tenemos desde hace tanto tiempo: Aguirre, por ser presidenta... MA-TA. Y los que realmente mandan, esos que nunca se presentan a las elecciones pero que son los que mueven los hilos desde la trastienda, harían palmas con las orejas si llegara a ocurrir.

Ya va siendo hora —dirían— que presida el Gobierno una Esperanza Aguirre que pegue duro y sin contemplaciones. Ya está bien de melifluos bienmandados —deben pensar en la banca, la iglesia, la CEOE... los verdaderos dueños del cotarro—. Aguirre es claramente de los nuestros, una liberal pata negra que además vende el producto de puta madre. Mariano ya nos ha hecho el trabajo sucio y ahora, con nuestra particular "dama de hierro" en el poder, en la troika hasta nos harían la ola.

Y la augusta dama, encantada con la posibilidad, refuerza las ilusiones de esta panda dedicándose, cada vez que le ponen una "alcachofa" delante, a repartir mandobles cuyos efectos solo le benefician a ella, a su predicamento y a su proyección política. La denuncia de Podemos a la controvertida lideresa por haberles relacionado con el terrorismo ha venido a reforzar ese punto broncas que posee esta mujer quien, entre otras castas, pertenece a la de quienes se crecen con el castigo.

Desde hace varias semanas, en la mirilla de la escopeta dialéctica de Aguirre está Pablo Iglesias como prioridad número uno, y esa batalla retroalimenta a ambos en detrimento de todos los demás. Cayo Lara y la formación que lidera no levantan cabeza, Rosa Díez se encuentra desaparecida en combate, los vascos están a verlas venir y los catalanes, demasiado enfaenados con las "vísperas" de la consulta. Para Aguirre, nada de esto es relevante... de momento. Ahora solo existen Iglesias, Podemos y la irrefrenable necesidad de ponerlos a parir día sí, día no y el de en medio también. ¿El PSOE? como si no existiese, salvo para llamar guapo a su recién llegado secretario general y pasar rápidamente de nuevo a echar pestes de Podemos.

Y mientras tanto, Rajoy, apoltronado en el tendido como es su costumbre, continúa puro en mano sin bajar a la arena y sin que parezca preocuparle demasiado cómo crece el protagonismo de la persona de su partido que más quebraderos de cabeza le lleva dados en su vida. Una guerrera nata que nunca tira la toalla y que puede haber visto en los ataques a Podemos su oportunidad para estar de nuevo en todas las salsas y quizás, por qué no, volver a postularse para ser lo que siempre soñó: presidenta del Gobierno de este país.

Entonces ya podría dejar el coche en el carril bus tranquilamente.