Las carga el diablo

El CIS certifica el estallido de la "burbuja" política

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Los datos les explotan en la cara, pero ellos siguen a lo suyo. Como si oyeran llover. Se entienden muy poco, más bien nada, pero se parecen mucho.Ya sea en catalán, ya en castellano, el idioma de Mariano Rajoy y Artur Mas en cuanto a su relación con los ciudadanos es el mismo: comparecen en público y lo único que les preocupa es hablar de su libro. A piñón. Como si no pasara nada y todo eso de la corrupción no fuera más que una mosca molesta a la que uno aparta de un manotazo cuando se pone demasiado pesada. Son los máximos responsables de dos formaciones políticas que han partido mucho bacalao en la España de los últimos treinta y bastantes años y que ahora están enfangadas en una ciénaga corrupta tan escandalosa y estridente como difícil de digerir... Pero ellos, a lo suyo.

Las comparecencias de "fin de curso político" de Mas y Rajoy, tras su diálogo de sordos del día 30, han sido  tan engoladas y distantes en sus contenidos como patéticas en la búsqueda de una añeja solemnidad que ya nadie valora ni respeta. El 1 de Agosto Rajoy, y el día 5 Mas, el tono, la puesta en escena y los tics de ambos fueron parecidos: entre nosotros no nos entendemos pero somos los mejores, lo hacemos de puta madre, nos esperan tiempos mejores todavía y hemos llegado hasta donde hemos podido, así que... nos vamos de vacaciones a la playa para celebrarlo. En septiembre, más. ¡Ea! El mundo derrumbándose y ellos vestidos de azul.

Nada les perturba, nada les inquieta, nada les amilana: ¿Consulta el 9-N? El uno que sí, el otro que no pero... ya llegará septiembre para seguir peleándonos ¿Corrupción? ¿qué coño es eso? Nosotros comparecemos para hablar de nuestro libro. Para contar lo bien que le va a ir a los ciudadanos apenas pasen unos meses...Y claro, mientras constatas la enorme dimensión de la cara dura que gastan, al final acabas pensando que tal dislate solo se puede entender si admites que tanto PP como CiU viven en otro mundo, que de tanto andar subidos al carro han acabado perdiendo la perspectiva y que no tienen ni puñetera idea de lo que realmente pasa en la calle.

¿Solo PP y CiU? No sé porque Pedro Sánchez, el flamante líder del PSOE, se ha lucido dibujando líneas rojas en sus primeras entrevistas a los periódicos: que si la soberanía nacional reside en el pueblo español, que si hay que garantizar el principio de igualdad de los españoles vivan donde vivan, reconocer la rica diversidad del país... Se ha herniado anunciando novedades el muchacho. Si eso es lo que vende el partido recién regenerado, menuda ruina tenemos encima.

Parece inútil esperar que cambien. Continúan enrocados en sus viejos planteamientos y en sus lujosas sedes,en sus complicados aparatos burocráticos y sus costosos mecanismos de funcionamiento... Durante lustros, el andamiaje de los partidos creció sin parar. El de todos, sin excepción. Ampliaron gastos, puestos, cometidos, liturgias y parafernalias varias. Una insostenible burbuja, otra más, que al final acabó estallando. Eso es lo que les ha pasado, que les ha estallado la burbuja política entre las manos, que ha saltado por los aires una manera caduca e ineficaz de entender y gestionar la cosa pública.

Durante casi cuarenta años han gobernado, o han ejercido la oposición, por encima de sus posibilidades. Así ha sido en el gobierno del Estado, en las autonomías, las diputaciones, los ayuntamientos... Y para equilibrar cuentas trincaban a mansalva, fueran del color o del partido que fueran. A ver, ¿quién se libra? Alguien tiene que haber, digo yo, por favor, que salga. Venga, que quien esté libre de culpa levante la mano o tire la primera piedra, lo que prefiera...

Me pregunto qué fueron antes, si incompetentes o ladrones. El caso es que ahora, con el panorama hecho unos auténticos zorros, nos toca a la ciudadanía, como sucede siempre, acudir al rescate. Con nuestra decepción, nuestro hastío, nuestra indignación... y nuestras esperanzas. La más reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) creo que es eso lo que refleja: El 86 por ciento de los ciudadanos españoles no confía en Rajoy; el 82 por ciento cree que la situación económica es mala y el 83 por ciento no cree en los políticos. Los de Podemos, sencillamente, pasaban con el cesto por ahí. Por el sitio justo en el momento exacto. A quienes promueven esta emergente formación tan mimada en las encuestas, ahora solo les falta definir qué quieren ser de mayores.