Opinion · Las carga el diablo

Magistral golpe de efecto en Catalunya

PuigdemontMagistral golpe de efecto. La tarde de este sábado 9 de enero parecía tranquila en muchas redacciones cuando, de súbito, todo ha comenzado a adquirir velocidad de vértigo. Salvando las distancias, recuerda a otro sábado ya lejano del año 1977, cuando Adolfo Suárez decidió legalizar por sorpresa el Partido Comunista.

¡Teletipo con campanillas!:

«Carles Puigdemont será investido este domingo nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya»

Pero… ¿quién es Carles Puigdemont?

Pues un señor que tiene cincuenta y cuatro años, que nació en Amer, municipio gerundense situado al norte de la comarca de la Selva y que es periodista de profesión. Trabajó en el diario el Punt, fue director de la Agencia Catalana de Noticias y director general del periódico Catalonia Today. En 2006 fue elegido diputado por CiU en el Parlament de Catalunya y ha continuado siéndolo hasta ahora. Desde 2011 también era alcalde de Girona. En las elecciones del 27-S ocupó la tercera posición de la lista de Junts pel Sí de Girona, detrás de Lluís Llach y Anna Caula.

En resumen: un tapado de libro, adecuadamente escondido para convertirse en el providencial conejo que acaba saliendo de la chistera justo en el momento en que parece que el show ha terminado. Como en las películas de intriga fácil, el bueno acaba desactivando la bomba que han puesto los malos cuando apenas quedan escasos segundos para que finalice la fatídica cuenta atrás.

Estos últimos días, tanto mareo de perdiz me tenía un poco harto, lo confieso. Pero este golpe de efecto, este acuerdo de ultimísima hora entre Junts pel Sí y la CUP, me ha reconciliado con esa capacidad que siempre ha existido en Catalunya de no arredrarse jamás por muy complicados que sean los desafíos. Me gusta. Me gusta que en esta aburrida politica española, la capacidad de sorprender no haya muerto. Me gusta que tanto futurólogo sabiondo se vea obligado ahora a comerse con patatas tanta sandez como llevan diciendo durante las últimas semanas.

Me parece estupendo que a tanto columnista sabelotodo se le haya cortado la digestión de la comida de este sábado. Me he hartado de repetirlo hasta la saciedad en los últimos días: No se debe decir «fú» hasta que no pasa el último gato. Todo el mundo vendiendo con aire triunfal las pieles de un oso que nadie había cazado aún. Titulares de prensa dando por muerto el «procés», sesudos análisis descartando todo lo que no fuera repetir elecciones… Ahí quedará, en las hemerotecas, para la posteridad. Para su vergüenza y oprobio. ¡Listos, que sois todos unos listos!

Yo no quiero que Catalunya se independice, pero me gusta que la democracia funcione siempre hasta el último minuto, hasta las últimas consecuencias y desde todos los ángulos posibles. Y el acuerdo para hacer presidente a Carles Puigdemont es impecablemente democrático. Este domingo por la tarde, merced a un pleno del Parlament convocado escasos segundos antes de que la bomba explote, Catalunya tendrá nuevo presidente de la Generalitat.

Celebremos la decisión. Celebrémosla porque la democracia ha triunfado y a partir de ahora tendrán que ponerse las pilas muchos de los que habían decidido dedicarse a dormir el sueño de los justos. No estaba todo el pescado vendido, Artur, pero tú te tienes que ir, hacerte a un lado junto a tu padrino Jordi y señora, y acompañarlos a declarar el próximo mes de febrero para que no se sientan solos. Los pobres.

Una vez celebrado debidamente lo ocurrido (esperemos hasta este domingo por la tarde por aquello de lo del «fú» del gato), ahora deberemos ponernos a trabajar para que lo que ocurra en Catalunya, que nos concierne a todos, no suponga ninguna patente de corso para nadie ni tampoco una coartada para llegar a pactos antinatura en el gobierno de la nación.

Decididamente, parece que este año 2016 está dispuesto a resultar francamente interesante.

J.T.