Opinion · Las carga el diablo

Mi amigo el arrepentido

“Es verdad, Juan, voté al PSOE en abril y no recuerdo ninguna otra cosa de la que me haya arrepentido más en toda mi vida. Los voté por miedo, lo reconozco, por temor a Vox, por los resultados de las elecciones andaluzas en diciembre. Aquellos 12 diputados de 109 me preocuparon hasta el extremo de temer que, si tras las generales triunfaban en la misma proporción, eso significaba que las ideas racistas, la intolerancia y la nostalgia franquista podrían llegar a contar con más de 30 representantes en el Congreso de los Diputados. Los escalofríos aumentaban cuando comprobaba cómo muchas encuestas admitían la posibilidad de que sobrepasaran incluso al PP y acabaran marcando el paso de la derecha. Eso fue así, por mucho que a estas alturas suene lejano y a pocos les apetezca recordarlo.

Decidí votar a los socialistas cuando vi a Pablo Casado pasearse por los mítines con un discurso ultrafacha nunca tan explícito hasta entonces en boca de un líder del PP ¿No te acuerdas? Insultaba sin parar y, asustado por la posibilidad de que sus votantes salieran huyendo, no paró de soltar barbaridades durante toda la campaña. Tanto miedo a Vox acabó contagiándome, lo reconozco, así que caí en la trampa. Maldita la hora. No tengo remedio, amigo, en el 82 voté socialista y ya nunca más; en el 93, cuando Felipe se quedó con 159 diputados y aseguró haber entendido el mensaje pensé, ingenuo de mí, que eso significaba que llegaría a un acuerdo con Anguita, dado que los 18 escaños de Izquierda Unida eran suficientes para sumar mayoría absoluta. ¿Y qué fue lo que acabó pasando, o es que no te acuerdas? Pues que Convergència i Unió tenía 17 y los socialistas prefirieron pactar… ¡con Jordi Pujol!

Supe que me había equivocado votando al PSOE la misma noche del 28 de abril, apenas Pedro Sánchez apareció a las puertas de la madrileña calle Ferraz para celebrar la victoria y pude ver en la tele lo mucho que le costaba disimular su incomodidad cuando los allí congregados comenzaron a corear “Con Rivera, no”.

Según dicen, somos unos 350.000 quienes, como yo, en lugar de votar a Podemos en abril lo hicimos por Sánchez, pero nunca imaginé que este sería capaz de usar mi voto en contra mía. Maldita la hora, Juan, como te decía ¿Cómo puedo ser tan pardillo? Es verdad que no comparto al cien por cien las ideas de Podemos, pero son las que más se aproximan a mi manera de entender la vida. Llevo muchos años soñando con que alguna vez sea posible luchar contra la desigualad desde dentro de las instituciones ¿Qué por qué voté socialista entonces? Pues porque soy un capullo y creí que era la mejor manera de parar a Vox por un lado y propiciar un gobierno más de izquierdas por otro. He tardado en asumir que Pedro no tuvo nunca el más mínimo interés en dar cancha a Podemos. Jamás quiso pactar con ellos, como ha quedado demostrado durante estas últimas semanas, cuando se le acabaron las excusas.

¿Nuevas elecciones? Pues volveré a votar a Podemos y a ver qué pasa. En el PSOE, aunque son muy duros de mollera, digo yo que alguna vez tendrán que bajarse del burro, ¿no? ¿O van a seguir toda la vida mirando hacia la derecha? Les está costando entender que la manera de hacer política en este país ha cambiado y ya no se puede aspirar a perpetuar usos, modos y maneras de otros tiempos. Estarás de acuerdo en que por mucho que repitan elecciones, los datos no reflejarán nunca lo que ellos quieren, ¿no te parece? La verdad es que entiendo a quienes están hasta las narices, a tantos amigos tuyos y míos que a día de hoy aseguran que no piensan volver a votar ni locos. Yo no fallaré: el 10 de noviembre acudiré a votar a Podemos con la papeleta entre los dientes.”

Por la transcripción
J.T.

Foto Pool/EP