Opinion · Las carga el diablo

¿Por qué no se sale más a las calles?

Que las movilizaciones de estos días no nos hagan perder la perspectiva. Bien por las exitosas protestas globales del pasado viernes, claro que sí, bien también por la Huelga Mundial por el Clima prevista para el próximo día 27. Me alegro infinito del éxito y la repercusión que, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, tuvieron la marchas contra la violencia machista. Bien todo esto, pero… ¿ya está? ¿es suficiente con subirse al carro de las iniciativas internacionales? ¿dónde está nuestra indignación, la nuestra, la que germinó un 15 de mayo de hace ya ocho años y medio?

¿No os parece que hay demasiada docilidad en el ambiente? ¿Por qué no se sale más a las calles y a las plazas y se retoman las movilizaciones de otros tiempos? ¿dónde está aquel caudal de imaginación y frescura que desembocó en un emocionante 15-M que removió tantos cimientos e hizo reflexionar a tanta gente? Miro la página web de “Democracia Real Ya”, una de las organizaciones que promovieron todo aquello y la veo descafeinada. Visito su cuenta de twitter, donde se hacen eco de la resistencia de La Ingobernable contra el ayuntamiento de Madrid, que está muy bien, y convocan también una mani para protestar por la deficiencia de los servicios públicos. Punto.

Criticábamos a los sindicatos, ¿os acordáis?, porque les faltaba sangre en las venas y apenas movilizaban al personal. ¿Y ahora? ¿Qué ha cambiado para que se haya bajado la guardia? Tanta quietud está pidiendo a gritos ser zarandeada. Unas elecciones nunca deberían sustituir a la movilización callejera. Y mucho menos unas elecciones detrás de otras, dinámica esta que al final, además de generar un cabreo inmenso, acaba anestesiando al personal sin remedio.

Decía que han pasado ocho años y medio desde el 15-M, sí, ¿y qué hemos sacado en claro? La ultraderecha gamberra ha llegado a las instituciones, el PSOE anda cada día más derechizado aún si cabe, los juicios contra la mayor parte de los corruptos siguen sin celebrarse y los ya condenados, como Urdangarín, ahí van, tomándonos el pelo, de paseo dos días en semana cuando apenas ha transcurrido año y medio desde que fue encarcelado.  La indignación por todo esto no se ve en las calles y yo lo siento, pero eso no me gusta nada. ¿Qué pasó con las mareas? ¿acaso no hay motivos para estar tan indignados o más que el 15-M? ¿han mejorado las perspectivas profesionales para la gente joven? En caso de tener la suerte de encontrar trabajo, ¿les dan los salarios para vivir, para independizarse, para construirse un porvenir, formar una familia? ¿qué pasa con el futuro de las pensiones? ¿hemos conseguido terminar con los desahucios ejecutados sin compasión por una banca primada y altanera?

¿Dónde están los diseñadores de las movilizaciones de aquel mayo ilusionante, los creadores de aquellos bellos eslóganes: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo” “No somos mercancía de políticos y banqueros”, “No hay pan para tanto chorizo”, “Apaga la tele, enciende tu mente”, “No falta dinero, sobran ladrones”, “Me sobra mes al final del sueldo”, “No nos representan”. ¿Dónde están quienes se mantuvieron firmes durante semanas en las plazas de medio país?

La presencia de una fuerza como Unidas Podemos en las instituciones supuso un paso histórico para que no acabaran ganando la partida quienes aspiran a que la verdadera izquierda desaparezca del mapa. Y ahora, con estas elecciones, los mismos poderes de toda la vida vuelven a la carga por tierra, mar y aire. Por eso no ha habido gobierno de coalición, porque el sueño húmedo de banqueros, empresarios y de Pedro Sánchez el Insomne es impedir todo crecimiento y, si es posible, hacer fosfatina los 42 escaños de Pablo Iglesias y sus socios. Si para eso hay que promocionar a Errejón y a Rufián, pues se hace, por mucho que la frustración de este último, que ahora va de santo bendito, se deba a que ya no podrá volver a tener cogido por los bemoles –que diría él- al gobierno del PSOE cuando hubiera tocado volver a aprobar unos presupuestos.

Por todo esto, y por bastante más, me parece irrenunciable e imprescindible la movilización callejera, por muchas campañas electorales con las que se coincida. Hablaba antes de los lemas del 15-M, pero hay uno con el que lamento no estar de acuerdo en estos momentos, aquel que afirmaba que “vamos despacio porque vamos lejos”. Con la que está cayendo, amigos, ¿no os parece que ha llegado el momento de apretar el acelerador un poquito, de volver a llenar las calles y las plazas? Cabreo e indignación para ello no creo que falte.

J.T.