Opinion · Las carga el diablo

Chaves y Griñán

“Manuel Chaves, siempre cordial, era más bien soso y algo estirao. Pepe Griñán creo que mantenía una relación de amor-odio con el ejercicio de la política, y a veces daba la impresión de estar preguntándose qué puñetas hacía él metido en semejante sarao. O supieron engañarme muy bien, a mí y a otros muchos durante bastante tiempo, o ninguno de los dos me parece un delincuente.

Durante mis años como delegado de Cuatro Televisión y CNN+ en Andalucía (1999-2010), mantuve una relación periódica  tanto con Chaves como con Griñán. Coincidíamos con frecuencia y me tocó entrevistarlos muchas veces, así que eso me permitió, creo, extraer datos suficientes para hacerme una idea de la personalidad de ambos.

Con la autoridad moral que entiendo me otorga no haberles dorado nunca la píldora, y haber denunciado en múltiples ocasiones tanto el sectario funcionamiento clientelar del PSOE andaluz como lo nefasta que me parecía la ausencia de alternancia en el gobierno de la Junta durante más de treinta y cinco años, me permito decir que creo que Chaves y Griñán no se merecen ni el duro castigo que suponen las penas de la sentencia, ni tampoco el calvario que afrontan desde que dio comienzo la investigación judicial de los ERE. Nunca entendí el débil apoyo público de sus correligionarios, empezando por una Susana Díaz que tras llegar a presidenta de la Junta gracias a los designios de Griñán, no tardaría demasiado en ponerse de perfil.

¿Hicieron algo mal Chaves y Griñán? Decidieron eliminar trabas burocráticas para acudir en ayuda de los Expedientes de Regulación de Empleo que muchas grandes empresas estaban llevando a cabo en Andalucía durante la primera década del siglo. A ese procedimiento se le llamó transferencias de financiación y fue tramitado, y aprobado sin problemas por el Parlamento autonómico, cuando Magdalena Álvarez era consejera de Economía y Hacienda, y Griñán ni siquiera era aún miembro del gobierno andaluz. Necesitaban los socialistas comprar paz social con urgencia para no poner en peligro la permanencia en el poder y eso les llevó a perder la perspectiva. Y el pudor.

Claro que, siguiendo la lógica por la que se procesó a Chaves, a Griñán y a una veintena de cargos públicos, desde este martes condenados buena parte de ellos, por esa misma razón tendrían que haber encausado también a los miembros de todos los gobiernos andaluces en pleno habidos durante doce años. Y a todos los parlamentarios que dieron el visto bueno.

¿Tuvieron responsabilidad Chaves y Griñán en el asunto de los ERE? Sobre todo, la de no haberse enterado, o no haberse querido enterar, de la cantidad de sinvergüenzas que robaron dinero merced a la ausencia de control de unas partidas presupuestarias destinadas a pagar jubilaciones anticipadas.

Tienen responsabilidad por no haber conocido, o no haber querido conocer, la abultada nómina de buitres que revoloteaban en torno suyo a cuenta de ese dinero y a quienes debían haber marcado mucho más de cerca, como era su obligación: subordinados malversadores y prevaricadores, sinvergüenzas y cocainómanos, compañías de seguros, sindicalistas y ladrones varios tan largos de lengua como cortos de mente, y hábiles para meter la mano allá donde veían dinero con menos control oficial del recomendable. Gentes que distrajeron más de cien millones de euros nunca empleados en los fines para los que estaba destinada una partida que en total acabó llegando casi a los setecientos. Vergonzoso retrato de una época de arrogancia y corrupción en las instituciones, cuyo reto ahora es conseguir que queden limpias para siempre.

La mayor parte de ese dinero, cuyas cifras ha habido costumbre de manejar en las informaciones sobre los ERES con más desahogo y ligereza que rigor y exactitud se empleó, y se emplea aún a día de hoy, en pagar jubilaciones anticipadas a muchos trabajadores víctimas de expedientes salvajes de regulación. Es cierto que una parte se la quedaron varias docenas de sinvergüenzas, pero me habría costado mucho admitir que entre ellos se encontraran también Manuel Chaves o Pepe Griñán. La sentencia reconoce que ninguno de los dos se llevó ni un euro, pero ellos tenían la obligación de velar porque tal cosa no sucediera en ningún caso. Y sucedió.”

(Texto -actualizado- extraído de mi libro “Periodistas, el arte de molestar al poder”, Barcelona, Roca Editorial, 2018, págs. 269-271).

J.T.