Las carga el diablo

No solo existe Madrid

Si yo fuera un ultraderechista de Valladolid andaría estos días bastante cabreado, ¿qué pasa, me preguntaría, que solo existe en el mundo el barrio de Salamanca de Madrid? "Queremos salir también en la tele, puede que piensen, con nuestras cacerolas impolutas, nuestros palos de golf sin usar, nuestras banderas rojigualdas recién planchadas, nuestros lazos negros, pero aquí nos sacan en La Tribuna de Valladolid y gracias".

La calle República Argentina de Sevilla, en los Remedios, exhibe muchas más banderas españolas en sus balcones que la madrileña Núñez de Balboa. Y para cacerolas de calidad, las de los pijos de Santander. ¿Y León, y Palencia? ¿Es que no existen? Todas las capitales de provincia de Castilla y León continúan en Fase Cero y parece que solo Madrid permanezca confinada como el primer día.

"Lo digo sin ninguna inquina, escribía el otro día en su twitter la política andaluza Teresa Rodríguez, pero parece que tod@s viviéramos en Madrid: las colas son las de Aluche, una concentración en una calle de un barrio pijo abre telediarios y nuestro corazón desescala al ritmo de la ciudad del Manzanares".

Ni de Catalunya se habla, con lo que ha dado de sí el procés durante los últimos años. Pues bien, ahí anda Barcelona, tan en fase cero como Madrid y apenas consigue arañar minutos en los telediarios. El PP ahí no rasca bola, aunque esta semana pasada han tenido su minuto de gloria con  la vuelta de Xavier García Albiol a la alcaldía de Badalona.

En todas las redacciones de Madrid se suelen dar instrucciones que se recuerdan de vez en cuando: tened en cuenta que no somos el ombligo del mundo. Si habláis de algo ocurrido en la calle Velázquez, recordad que son cientos las ciudades españolas que tienen una calle dedicada a Velázquez, así que hay que especificar que se trata de la calle Velázquez de Madrid.

Es verdad que las campanadas de fin de año llevan bastantes años descentralizadas (hasta no hace mucho, nos tomábamos las doce uvas con el reloj de la Puerta del Sol y no había otra opción), es verdad que hay algunas cosas en las que Madrid no es ya el referente inevitable, pero todavía son pocas y en buena parte anecdóticas.

Las razones por las que parece tener mayor trascendencia lo que pasa en Madrid que lo que ocurre en el resto del país tiene sin duda muchas explicaciones, entre las que puede que esté que se trata de la ciudad que alberga las principales instituciones del Estado. Pero existe otra razón: es mucho más barato producir información, intoxicar, transmitir bulos, conectar en directo, distribuir fotos de lo que ocurre en Madrid que hacer lo mismo con similares iniciativas desperdigadas por todo el país; los gastos se disparan.

Esta inercia centralizadora, que muchos consideran un mal menor, provoca un efecto falso y proporciona diagnósticos equivocados sobre cómo se mueven las cosas en Aragón, Euskadi o la Comunidad Valenciana, por ejemplo. Porque si bien es cierto que la ultraderecha de Salamanca o de Málaga puede estar celosa del trato de favor dispensado a sus correligionarios de la capital, también lo es que poner el foco en la madrileña calle Núñez de Balboa significa amplificar la escasa importancia de lo que en realidad sucede allí.

Basta con mirar algunas estadísticas para comprobar que son minoritarios: un setenta y ocho por ciento de los españoles creyó necesario en su momento prorrogar el estado de alarma durante quince días más, según un encuesta de SigmaDos hecha pública por A3TV. Entre los votantes del PP, según ese mismo sondeo, estaban de acuerdo más del sesenta por ciento, e incluso entre quienes votan a Vox, más de la mitad lo creía también necesario.

Madrileñizar la información no es higiénico para los madrileños ni tampoco plato de gusto para los cuarenta millones de españoles que viven fuera de su demarcación territorial. Llevamos un mes de mayo de empacho, que si el cierre de Ifema, que si la fiesta del Dos de Mayo, que si la Feria de San Isidro, que si los lloros de su presidenta en misas de la Almudena... Para colmo, el resto va y cae en la trampa, y habla de ello, lo critica o lo defiende, se escandaliza o lo celebra, como si el mundo empezara y acabara en Madrid. Los gestores de derechas de la Comunidad y sus palmeros ultraderechistas se están pasando con tanta sobreactuación.

El setenta por ciento de la población está ya en Fase Uno y la semana que viene puede que pase a la Fase Dos si se hacen bien los deberes. Es una pena que Madrid, sea por la razón que sea, vaya por detrás. Pero sus responsables políticos no pueden estar agrediendo con su aflicción un día sí y el otro también, creando polémicas falsas, mintiendo, enervando los ánimos, crispando el ambiente sin descanso…

Si Ayuso y compañía han de estar confinados, que lo estén calladitos, nos dejen en paz a los demás y cesen ya de armar tanto ruido. Como decía el otro día mi amiga la escritora Pilar Eyre, catalana, "la gente de Barcelona tampoco hemos pasado a la Fase Uno, tenemos ganas de salir y abrazar a los nuestros, nuestros negocios se van a pique, los niños sin colegio. Y no lloriqueamos, es más, creemos que es por nuestro bien e incluso estamos agradecidos". Como nos consta a ella y a mí que le ocurre a la mayor parte de la ciudadanía madrileña obligada, a día de hoy, a sufrir a sus excéntricos gobernantes sin remedio ni escapatoria.

J.T.