Las carga el diablo

¿Qué demonios va a pasar con TVE?

Cuesta trabajo entender qué demonios está pasando con Televisión Española. En su estructura de poder todo es provisional y no hay nada peor que la provisionalidad para que todo sean coartadas.

¿Los informativos son impresentables? "Es que somos provisionales". ¿La programación no hay quien la entienda? "Es que somos provisionales". ¿La audiencia se desmorona? "Si no fuéramos provisionales…"

La provisionalidad es como el comodín del público en aquel célebre programa televisivo donde también había sufridores en casa, ¿recuerdan? La transitoriedad es la coartada perfecta para que el actual equipo directivo de la tele pública estatal tenga siempre una excusa a la que agarrarse.

Seguro que muchos de ustedes han olvidado que Rosa María Mateo, la actual Administradora Única de RTVE, fue nombrada con carácter provisional, para unos cuantos meses solamente, en ¡julio de 2018! Pues bien, ya lo ven: esa "provisionalidad" va para dos años. Con una incomprensible anomalía añadida: no hay Consejo de Administración y puede que no exista todavía en mucho tiempo.

Se intentó crear antes de apostar por el nombramiento de Mateo, sí. Y se votaron los diez candidatos a miembros de este órgano presentados por PSOE, PNV y Unidas Podemos. Incluso había un nombre pactado para la presidencia de la Corporación, Tomás Fernando Flores, pero el PSOE lo torpedeó descaradamente, porque al partido no le gustaba la relación de fuerzas políticas. "Demasiado peso de Unidas Podemos en el Consejo", pensaron, y eso es muy difícil de asumir. Por parte del PSOE, ganar una moción de censura y echar al PP no podía derivar en que Unidas Podemos tuviera más fuerza que ellos en el Consejo de Administración. Cinco frente a cuatro, porque el quinto candidato del PSOE se lo habían cedido al PNV a cambio de que quien presidiera la Corporación fuera un candidato presentado por los socialistas.

No hay que olvidar tampoco que a esta situación se llegó cuando, uno tras otro, se habían ido rechazando nombres propios de profesionales propuestos para presidir la Corporación: Andrés Gil, Ana Pardo de Vera… ¿recuerdan? Un quilombo impresentable cuyo filibusterismo quedó rubricado cuando, mire usted por dónde, en la última votación, dos diputados socialistas se "equivocaron" de papeleta y el Consejo de Administración pactado, y que todo el mundo daba ya por hecho, quedó finalmente en agua de borrajas. Eran necesarios 176 votos para que quedara constituido y se consiguieron 'sólo' 175. A  los diputados de los otros partidos que habían cumplido votando a favor, como ERC, por ejemplo, se les quedó cara de tontos cuando descubrieron que habían sido chuleados por los socialistas en su peor estilo de viejos lobos parlamentarios.

No querían que aquello saliera para adelante y no salió. ¿Quiénes serían los dos socialistas torpes? Hay fundadas sospechas para aventurar que de torpes nada, que se equivocaron a conciencia, incluso me imagino quienes fueron pero como no puedo demostrarlo, me callo. Aquel nefasto día quedó inaugurada la ruina en la que desde entonces vive TVE.

Ante el gatillazo, y tal como estaba contemplado en la legislación, se buscó a alguien que se atreviera a sentarse por unos meses en el sillón de la Administración Única. Se le propuso a Rosa María Mateo y ésta aceptó. Acto seguido se puso en marcha el concurso del que habrían de salir, para seis años, los diez miembros del Consejo de Administración y, de entre ellos, el presidente o presidenta. Se presentaron más de noventa candidaturas y un comité de expertos se puso a trabajar aquel verano para tener seleccionados cuanto antes a los veinte con mejor puntuación.

Ese era su compromiso y los expertos cumplieron, examinando los proyectos a ciegas y puntuando en consecuencia. Los veinte mejores fueron dados a conocer en la primera quincena de diciembre de 2018. El siguiente paso era que los políticos eligieran diez de entre esos veinte. Todo esto no tendría por qué alargarse más de tres meses, pero se alargó. Llegó febrero y se convocaron elecciones generales para abril. Todo parado: hasta que el parlamento no funcionara normalmente no se podría retomar el concurso. Y pasaban los meses y TVE iba cuesta abajo y sin frenos. Repetición de elecciones, ya estábamos en noviembre y las cosas seguían igual. Y pasó también diciembre.

En enero se constituyó el Gobierno de coalición: "mañana mismo nos ponemos con lo de TVE", parece que dijo alguien. ¡Y unas narices! Había pasado año y medio ya y el desastre, por lo visto, no había hecho más que empezar. Febrero, primeros pasos del nuevo gobierno; marzo, el coronavirus, la pandemia, el estado de alarma, y TVE cada vez más relegada entre las prioridades gubernamentales. Miles de infectados, overbooking en las UCIs, centenares de fallecidos cada día, la derecha y la ultraderecha más agresivas que nunca y TVE sin norte, con un director de Informativos 'parche' que pasa el confinamiento en Barcelona, que hace que todo el mundo eche de menos a Begoña Alegría, la directora que se hizo cargo de los telediarios en agosto del 18 y que durante año y medio consiguió que estos no perdieran la dignidad. Al final, Alegría dimitió harta de ver que una situación de indefinición y ambigüedad, que no ayudaba nada a planificar bien el futuro, se prolongaba indefinidamente.

Y así sigue la cosa, sin que nadie parezca tomarse en serio eso de elaborar unos telediarios decentes con escaletas equilibradas y primando el carácter de servicio público de la empresa. Continúan pasando los días, las semanas y los meses, y no se le ve el fin a la provisionalidad. Eso sí, una provisionalidad que provoca que el trabajo de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición sea unas veces infravalorado y otras silenciado, cuando no directamente atacado, sin que se sepa bien quién da las instrucciones. La ministra de Trabajo es uno de los miembros del gobierno cuyo departamento ha ido adoptando medidas de calado social de enorme repercusión, asuntos de indiscutible relevancia periodística, que en los telediarios han sido tratados casi de puntillas.

Cuando a finales de marzo el vicepresidente segundo ofreció su primera rueda de prensa en La Moncloa, para anunciar ayudas sociales que afectarían a un amplio sector de la población más desfavorecida tras la implantación del estado de alarma, se le relegó al 24 horas con la excusa de que eran la tres de la tarde y el Telediario tenía que empezar a su hora. Hasta al presidente le hicieron algo parecido en los primeros días de la crisis, cuando toda la población, acojonada, veía una de sus primeras comparecencias, que había empezado pasadas las ocho de la tarde. Cuando dieron las nueve lo pasaron al 24 Horas para dar el Telediario. ¿En qué cabeza humana cabe tamaño despropósito?

Los trabajadores que se vistieron de negro en tiempos de Rajoy para protestar por la manipulación del Partido Popular en los informativos de TVE vuelven ahora a estar indignados. Pero me aseguran que se cortan, entre otras cosas, por miedo a que sus protestas puedan ser capitalizadas por quienes ejercían cargos en tiempos del PP. Los que ahora critican a diario en las redes la situación actual de la empresa, como trabajadores de base desde perspectivas de derechas. Un lío más.

Los sindicatos claman en el desierto: redactan hojas informativas que cada semana cuelgan en los tablones de anuncios de cada centro, se dirigen a los partidos políticos reclamando soluciones que son urgentes. Pero los partidos guardan silencio. Tienen demasiados frentes abiertos: la justicia, la Policía, la Guarda Civil, las cloacas de Interior, el intento diario de acoso y derribo de una ultraderecha más desaforada que nunca. Y TVE, claro, en el orden de prioridades, debe andar ahora por el puesto decimonoveno o así.

"Situación de provisionalidad" y "serían unos pocos meses" le dijeron a Rosa María Mateo, "dos o tres a lo sumo". Y van dos años. Ya no está Rubalcaba, uno de los que intervinieron en la búsqueda de soluciones "provisionales". También ha fallecido Alicia Gómez Montano, la número uno de los veinte candidatos seleccionados en el concurso por un comité de expertos que se sienten utilizados. Todo hace sospechar que los partidos políticos no están por la labor de recuperar esa fórmula, sino que están buscando otras soluciones.

Sean cuales sean, esas soluciones no llegan. Y pasan los meses y la situación de provisionalidad se mantiene. Y continúa el desconcierto mientras los corresponsales van siendo cesados en cadena y en la parrilla de programación de la mañana se produce un vuelco espectacular. Se han cargado a Fortes, a Casado y a Huerta para ofrecer un programa ómnibus a partir de septiembre, una apuesta que para unos es valiente y para otros, temeraria.

Decisiones importantes todas ellas: como contratar personal, cambiar los horarios de los informativos territoriales o crear un programa de debate los sábados justo a la hora de La Sexta Noche. Decisiones ejecutivas que está tomando un equipo seleccionado para una provisionalidad efímera. ¿Alguien entiende algo?

Y a todo esto, ¿se ha parado alguien a pensar cuántos espectadores y de qué tipo le van a quedar en septiembre a TVE? ¿Qué tipo de audiencia es la que todavía se molesta en sintonizar La 1? Quien sea designado para relevar a Rosa María Mateo se va a encontrar con un panorama desolador. Aunque ese alguien salga de entre los miembros del equipo que en la actualidad rodea a la todavía presidenta de la Corporación.

Me temo que va a costar mucho trabajo resucitar TVE, volverla a dotar del prestigio y el reconocimiento que en su momento tuvo. En el caso de que algún día exista la voluntad política y el soporte financiero para hacerlo, ¿cuánto tiempo creen ustedes que tardaría en volver a parecerse a lo que un día fue? Es algo a lo que no se puede renunciar. Nos va mucho en ello. Y diría, sin querer ponerme demasiado solemne, que nos va la salud democrática de nuestro país.