Las carga el diablo

Casado, el inconsistente

Estaba pensando elaborar un artículo con frases suyas pero no es necesario. Si la definición de cultura es "aquello que nos queda cuando se ha olvidado todo lo que aprendimos", para definir a Casado no hace falta recordar sus frases, que más que frases son exabruptos. No hace falta recordar los despropósitos que suelta porque con el efluvio basta y porque sus intervenciones andan presididas por una idea básica y directa: odiarás al Gobierno de coalición sobre todas las cosas, mentirás, insultarás y le darás la vuelta a cuanto digan o hagan para ver por dónde los atacas. Aunque te contradigas a ti mismo.

Casado sabe que preside el PP por defecto, que lo pusieron ahí, tras el congreso que su partido celebró hace dos años, porque de lo que se trataba era de que no ganara Soraya. La inseguridad que eso le supone la transmite en cada paso que da, en cada gesto que hace, en cada palabra que pronuncia. No es un líder, es un producto kleenex, sintético, material de usar y tirar cuando consideren que ya se han sonado los mocos bastante con él.

Lo están dejando que se queme, que haga el trabajo sucio a ver qué rasca, basta con que no hunda el partido más de lo que está. Tonto útil, en definitiva, que será convenientemente desplazado por algún mirlo blanco hasta ahora a buen recaudo, bien escondidito o escondidita hasta que llegue el momento culminante de la meta.

De momento, que sea Casado quien se faje con sus Egeas, Cayetanas, Marotos y Montesinos, extraña macedonia en la que se mezclan pipiolos, lechuguinos y mal encarados cuyo único requisito es que sepan encanallar el ambiente cuanto más mejor por si acaso acabara cayendo la breva.

Les está ocurriendo como a aquellas madrastras de los cuentos infantiles (Blancanieves, Cenicienta…), que hacían todo lo posible por putear a la protagonista joven y guapa y siempre acababa saliéndoles el tiro por la culata. Y no lo soportan. Se les ve en los avinagrados gestos con los que comparecen ya sea en sus intervenciones en el Congreso, en las ruedas de prensa o en los canutazos; a medida que el Gobierno de coalición va saltando vallas, más se los llevan los demonios: que si la gestión del estado de alerta, que si el acuerdo europeo… ponen palos en las ruedas sin parar sin que llegue ese momento de fracaso con el que sueñan tanto  ellos como su larga nómina de voceros mediáticos.

Esa agresividad denota, como ha dicho el vicepresidente Iglesias, la "incomprensión histórica del momento y su frustración porque el Gobierno que trataron de evitar a cualquier precio vaya a pilotar una modernización de nuestro sistema productivo con el respaldo político y económico del acuerdo en Europa".

Como ocurre con las frases del líder del PP, de las primeras páginas de los periódicos tampoco hace falta hablar porque no hay día sin infamia. Fuego a discreción, leña al mono hasta que… vete tú a saber, descubran (ellos o quienes les sustituyan) que en algún momento habrá que apostar por una gestión coordinada y una convivencia menos encanallada.

El Gobierno de coalición va a durar y los que verdaderamente mandan lo saben. Esa es la razón por la que están dejando que Casado se vaya quemando a fuego lento, que se siga empeñando en reproducir los peores modos y maneras del ala más dura de su partido capitaneada por Aznar hasta que se achicharre definitivamente. ¿Tiene proyecto Pablo Casado? Porque de lo que dice y hace no se deduce tal cosa; habla, grita, insulta, pero ni ofrece ni propone nada.

Casado es un líder inconsistente. Ni para malo de la película vale. Y va quedando claro que no tiene nadie a su lado que se atreva a decirle el ridículo tan espantoso que está haciendo. O sí, pero se callan.

J.T.