Las carga el diablo

Los “vacunajetas” como síntoma

Nos va a dar mucha vergüenza recordarnos a nosotros mismos el día que todo este caos haya pasado. Nunca conoceremos el censo completo de los vacunajetas porque mucho me temo que la práctica corrupta de vacunarse fuera de turno se ha extendido mucho más de lo que sabemos. Militares, obispos, alcaldes, fiscales, sindicalistas... y lo que queda por salir. Histéricos y desesperados, quienes gestionan una mínima cuota de poder aspiran a recuperar cuanto antes la vida que llevaban hasta ahora sin acabar de asumir que, hagan lo que hagan, esta vez les va costar un poquito volver a su zona de confort. Aunque haya tour operadores que comiencen a ofrecer viajes con vacuna incluida.

Podríamos haber llevado esto con más dignidad. De hecho al principio, cuando salíamos a aplaudir y los cantantes de ópera nos regalaban piezas bellísimas interpretadas desde sus propios balcones, nos parecía que algo bueno estaba pasando. Pero esa dignidad ya no existe, la hemos hecho trizas. Por muchas medallas que lleves en el pecho, por mucho solideo que adorne tu cabeza, por muy consejero o alcalde que seas, si tienes la oportunidad de saltarte la fila, vas y te la saltas. Esto es un inmenso patio de colegio donde nadie quiere ser el último, un colosal jardín de ansiosos con el brazo desnudo mendigando o exigiendo un pinchazo urgente porque le han visto las orejas al lobo, han perdido ya a personas queridas a las que ni siquiera han podido despedir, no pueden besarse con sus hijos ni recobrar los encuentros con sus amigos... Andan agobiados y se piensan que son los únicos, o los que tienen más derechos.

Y tú, cuyo único privilegio a estas alturas es continuar estando vivo, te enteras de estas cosas y no te quedan ganas ni de cabrearte. No quieres tener miedo pero no tienes más remedio que tenerlo cuando constatas lo perdidos que se encuentran aquellos de quienes depende la gestión de la crisis. Todo el mundo desorientado, cada Comunidad fijando el toque de queda a una hora distinta, unas cerrando los bares y otras dejándolos abiertos, unas permitiendo reuniones y visitas a los domicilios y otras no, en cada caso con cifras distintas de personas que pueden estar juntas en el mismo sitio…, y prácticamente todas llamando al confinamiento voluntario al tiempo que reprochan al gobierno de la nación no tomar más cartas en el asunto: eso piden los mismos que ayer le atribuían maneras dictatoriales por hacer lo que ahora deciden exigirle…

Las cifras de contagiados se disparan de manera escandalosa, los muertes suman centenares cada día, el índice por cien mil habitantes crece sin parar, pero todos disimulan/disimulamos lo acojonados que están/estamos. Quizás porque no acabamos de dar crédito a las evidencias, porque pensamos que a esto, por mucho que le quede, le tiene que quedar poco. Ya queda poco, nos dicen, y nosotros nos lo creemos porque necesitamos creérnoslo, pero no nos lo creemos. Solo son unas semanas complicadas más y ya está, repiten desde hace diez meses y medio. Y así, igual que te ocurre con el moroso que cada vez que le reclamas su deuda promete pagarte el mes siguiente, descubres que más vale que te des por jodido.

Por si faltaba algún elemento desestabilizador para rematar la faena, ahí tenemos el "quilombo" de las vacunas. Europa está siendo chuleada por farmacéuticas sin moral y no nos llegan las cantidades semanales a las que se habían comprometido. Y en lugar de cerrar filas para encarar el agravio, nos dedicamos a echarnos la culpa los unos a los otros. Ante tan estresante panorama, si antes soñabas con vacunarte en marzo o abril, ahora empiezas a asumir que, si lo consigues antes de Navidad, habrá que celebrarlo por todo lo alto. De pronto recuerdas el lío que se montó con las mascarillas cuando todo esto empezó y no te puedes creer que un año después estemos en las mismas con las vacunas. ¿De verdad que no se trata de una pesadilla? ¿Es posible tanta frivolidad con más de dos millones y medio de contagiados, y camino de los sesenta mil muertos, solo en España? Dos millones ya en todo el mundo. De muertos. Contagiados, más de cien millones.

No tienes donde esconderte y lo sabes, piensas mientras sigues con los dedos cruzados las negociaciones en Bruselas para que las farmacéuticas cumplan sus compromisos con la Unión Europea y nos envíen semanalmente el número de dosis convenido. Insisto: cuando todo esto pase, porque pasará por mucho que tarde, y repasemos la manera como nos estamos comportando, nos va a dar mucha vergüenza. Es mentira, como estamos comprobando con la proliferación de vacunajetas, que esto que que nos ha tocado vivir nos vaya a hacer mejores. Mentira podrida.

J.T.