Las carga el diablo

En la marcha de Isa Serra

Isa Serra durante una entrevista con Público.- FERNANDO SÁNCHEZ

No quieren dejar prisioneros. Siete años ejerciendo la persecución implacable a diario les ha hecho adictos a la sangre de los miembros de Podemos. Quizás porque creen que, con uno solo que mantengan vivo, la semilla volverá a crecer y aunque saben que no lo conseguirán, hacen todo lo posible por dejar fuera de circulación cuaquier vestigio de conciencia crítica.

Ahora le ha tocado el turno a Isa Serra quien, veinticuatro horas antes de la constitución de la Asamblea de Madrid, ha hecho pública la renuncia a su escaño, quizás harta ya de una persecución judicial que considera "vergonzosa e injusta". El 22 de abril de 2020, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) la condenó a diecinueve meses de cárcel porque en enero de 2014, con 24 años y poco más de 40 kilos de peso, formaba parte del grupo de personas que "atacó", según la sentencia, a varios policías armados hasta los dientes durante la protesta contra un desahucio.

El proceso de identificación de Serra como participante en los incidentes estuvo plagado de errores y, en cualquier caso, ningún policía pudo atribuir una conducta violenta concreta a la acusada, pero el fiscal sostuvo todo el tiempo que Serra fue "la instigadora" de los enfrentamientos y que al menos cinco de los agentes la identificaron como "la que más increpaba, la que llevaba la voz cantante". 24 años, 45 kilos, todo un peligro viviente.

Al tratarse de una pena inferior a dos años aunque el Tribunal Supremo, como se teme, acabara ratificando la sentencia del TSJM, esto no supondría la entrada en prisión, pero sí haría prácticamente imposible que pudiera desempeñar su trabajo como parlamentaria madrileña. Aún así, en su comunicado de despedida, Serra afirma que la persecución judicial no es la razón "principal" por la que abandona pero añade que, aunque la ratificación no se produjera, "el daño ya está hecho", más teniendo en cuenta la inquina de la Fiscalía, que insiste en su recurso en que hay que condenarla sin discusión porque "no hay dudas sobre la participación de Serra, cuya actitud fue agresiva y feroz", palabras textuales.


Lo dicho: no quieren dejar prisioneros. Añoran los tiempos anteriores a 2014 y sueñan con volver a ellos, a aquel dorado bipartidismo que repartía migajas a los partidos nacionalistas de derechas y así andaban todos tan contentos. Siguen sin admitir que esos tiempos ya no volverán, que por la derecha les ha salido un furúnculo bien molesto y los naranjitos han sido un rotundo fiasco. El Psoe sigue comportándose como si las mayorías absolutas continuaran siendo posibles, aunque con los números en la mano admiten por lo bajini que sin Unidas Podemos ellos solos no tienen nada que hacer. En el eterno empeño por resistirse a admitirlo es donde hay que encuadrar los sueños húmedos con Errejón y con hacer desaparecer a Unidas Podemos aunque sea cargándose a sus miembros uno a uno. Ni con todos los jueces y la mayor parte de los medios de comunicación empeñados en el mismo objetivo lo consiguen, pero aún así no desisten.

Ahora le ha tocado a Serra, como antes a Iglesias y en su día a Monedero; pero que no se les ocurra bajar la guardia porque todos continuarán estando ahí. Como también seguirá estando Alberto Rodríguez, el siguiente miembro destacado de Unidas Podemos en la lista de empurables; como lo continúa estando la jueza Vicky Rosell a pesar de la persecución a que fue sometida en su día...

Quienes van a por ellos no quieren dejar prisioneros, es verdad, pero tampoco se atreven a rematarlos porque en el bipartidismo siempre imperó la cobardía, la habilidad para ponerse de perfil, para trepar sin hacer ruido, para prosperar gracias a hacer la pelota y molestar lo menos posible a quienes realmente tienen la sartén de los poderes por el mango… Pero han enseñado tanto sus cartas, han dejado tan claro hasta qué degradantes extremos son capaces de llegar a la hora de intentar liquidar una opción política que consiguió tener más de seis millones de votos, que a estas alturas ya apenas les quedan cartas en la manga.

En palabras de Isa Serra en el vídeo difundido este lunes, han "conseguido mucho con demasiado en contra" y, aunque el granizo ultraderechista consiga perjudicar alguna parte de la cosecha, no matará la semilla. Muy a su pesar, me parece que esto lo van entendiendo ya quienes han fabricado informes policiales falsos, quienes han intentado procesar dos docenas de veces a Iglesias, Monedero y otros miembros de Podemos y se han visto obligados, algún tiempo después, a archivar las causas por falta de pruebas, también quienes se disponen a ratificar la condena de Serra…

Como lo saben también los dueños de tanto periódico herido de muerte, de tanta radio faltona y tanta televisión manipuladora, medios todos ellos a los que más pronto que tarde acabará llegándoles también su particular 15M.

Sin querer ponerme estupendo, se me ocurre aventurar que si los romanos no se hubieran empeñado en echar cristianos a los leones, hoy quizás no existiría la iglesia católica ¿Exagerado? Puede ser, pero ¿a que no queda mal la comparación?

J.T.