Las carga el diablo

Los alquileres y la insumisión del PP

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (d), conversa con el secretario general del partido, Teodoro García Egea, durante su participación en el desayuno informativo del Fórum Europa, organizado por Nueva Economía Fórum, este jueves, en un hotel madrileño. EFE/J.J. Guillén

Hiciera lo que hiciera el Gobierno de coalición para intentar contener el precio de los alquileres, estaba más que cantado que Pablo Casado y su cuadrilla saldrían inmediatamente en tromba para condenar la propuesta y meterle el miedo en el cuerpo al personal a pesar de que la medida afectará básicamente a los propietarios de más de diez pisos, o a aquellos inmuebles que se encuentren en una zona en la que las rentas se consideren disparadas. A pesar, también, de que saben de sobra que el jubilado que complementa su pensión con el alquiler de un piso en propiedad no tiene nada que temer.

¡Desobediencia, insumisión!, proclamaron a los cuatro vientos apenas salió la noticia sin molestarse siquiera en conocer antes la ley. No la aplicaremos, pregonaron inmediatamente las comunidades gobernadas por el PP; recurriremos al Constitucional, anunciaron a todo correr para evitar que se les adelantara Vox; no haremos nada, advirtió el alcalde de Madrid, el mismo que en su programa electoral prometió medidas algunas de ellas similares a las ahora anunciadas. La fórmula Montoro aplicada a toda máquina una vez más: que todo se vaya al garete, no importa, cuando volvamos al poder ya los arreglaremos nosotros. A su manera, claro.

Por supuesto, Casado tampoco desaprovechó este asunto para exhibir una vez más la desvergüenza y el desahogo con que anda por la vida: se fue a los dominios de Ana Rosa, una de sus entrevistadoras-alfombra favoritas, y soltó la siguiente perla: "No es una cuestión de dar ayudas, solo, que además suelen incrementarse en el precio del alquiler, sino que se trata de dar seguridad jurídica para que los inversores vengan y que los jóvenes tengan empleo, porque si tienes un trabajo y una nómina puedes acceder al alquiler."

Mentira, Pablo, y tú lo sabes, porque si no lo sabes tendrías mucho más delito. Un trabajo y una nómina no garantizan a día de hoy en España el acceso de un joven a una vivienda. Una de cada tres personas de entre 25 y 35 años cobra, según el Instituto Nacional de Estadística, menos de mil euros netos mensuales cuando logra tener un trabajo. Así que, en las ciudades llamadas "tensionadas", una persona joven sola no consigue alquilar un piso ni loca. En el caso de las parejas, uno de los sueldos se lo lleva enterito el alquiler, o más. Y eso si se trata de contratos fijos, no temporales. Sumado a que cada vez son más los documentos que hay que presentar previamente: avales, acreditación de solvencia, fianzas desmesuradas, comisión de la agencia…

Mientes, Pablo Casado, Madrid, Barcelona y otras ciudades están llenas de jóvenes con trabajo que necesitan juntarse de cuatro en cuatro para alquilar un piso y conseguir así que les quede algo para vivir. Si no sabes esto, lárgate ahora mismo de donde estás en lugar de ir por ahí instando a los demás a que se vayan.

Claro que lo que propone el Gobierno de coalición tampoco es la panacea por mucho que, por fin, se consiga poner el problema encima de la mesa. Según reconoció la ministra Raquel Sánchez, a cuyo cargo está el negociado de la vivienda, las ayudas de 250 euros al mes durante dos años apenas llegarán a unas cuarenta o cincuenta mil personas. Una cifra muy lejana de los casi seiscientos mil jóvenes que tienen menos de 35 años y cuyos sueldos les obligan a vivir en alquileres precarios. Y eso teniendo en cuenta, además, que el comienzo de este tipo de ayudas podría no llegar hasta el año 2023 o más.

Es verdad que el Gobierno ha dado un paso serio para intentar atajar tanto disparate con medidas como la ampliación del parque de vivienda pública de alquiler o subir el IBI a quienes mantengan los pisos vacíos, pero será difícil notar los efectos a corto plazo, sobre todo si el PP no deja de colocar palos en las ruedas solo por joder, porque se trata de medidas que no han puesto en marcha ellos. Ignoran así, además, al porcentaje de población joven que vota PP y que también encuentra las mismas dificultades para pagar el alquiler que cualquier otra persona de su edad.

Convertir la vivienda en una cuestión más de choque político permanente es pegarse patadas no entre la oposición y el gobierno, sino en el culo de uno de los segmentos de la ciudadanía que más está sufriendo las consecuencias de estos tiempos tan revueltos y confusos.

No quiero ni imaginarme lo que pasará cuando, de una vez por todas y tal como prometió cuando firmó el pacto de coalición Pedro Sánchez, con sus ministros socialistas, se deje de rodeos y acometa de una vez (¿o no lo hará nunca?) la derogación de la ley mordaza y la de la reforma laboral entre tantas otras cosas como todavía quedan pendientes.

J.T.