Las carga el diablo

¿Qué hemos hecho para merecer a Vox?

La candidata de Vox a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Macarena Olona, cree que es "insultante" que las mujeres puedan acceder a bajas laborales en caso de padecer dolores menstruales, durante una visita a las Bodegas Lustau de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde ha brindado por su 43 cumpleaños. EFE/Román Ríos

Hago números y no me salen las cuentas. Sin los pobres, los explotados, los colectivos LGTBI, las mujeres discriminadas en su trabajo y víctimas de mil injusticias, los jóvenes que no consiguen encauzar un proyecto de vida, los jubilados que han de hacer juegos malabares con su pensión para sobrevivir con un mínimo de dignidad… si ni una sola persona de estos colectivos los votara, la ultraderecha no podría conseguir los resultados que consigue.

Me niego a pensar que son tontos quienes los votan, me niego a pensar que no saben que están votando contra sus propios intereses. Así que si lo hacen, ¿por qué lo hacen?

Muchos talentos se estrellan ante esta cuestión. Si ellos son menos, tienen menos argumentos y son más cobardes, ¿cómo es que se están llevando el gato al agua? ¿Cómo es posible que vayan a subir en Andalucía lo que predicen las encuestas? ¿Qué conjunción astral es la que ha llegado a permitir que un joven como Juan García-Gallardo, por ejemplo, haya acabado siendo vicepresidente de una Comunidad Autónoma? ¿Qué hemos hecho tan mal para que un joven como él sea a sus 31 años un ultraderechista convencido y entre sus prioridades figure acabar con la ley de memoria histórica cuanto antes? (ha transcurrido apenas un mes y ya nadie habla de Castilla y León, ¿se dan cuenta a la velocidad que va esto?).

¿Qué educación le hemos dado, qué le hemos enseñado a García-Gallardo y a tantos jóvenes como él nacidos en plena democracia, cuando Franco llevaba quince años muerto y el PSOE  casi diez gobernando? ¿quién se está equivocando aquí? ¿qué tiene que pasar para que abran los ojos quienes los votan? ¿Cómo ha podido calar en el imaginario popular la crítica despiadada a un gobierno de coalición que, con sus luces y sus sombras, está mejorando sin discusión la vida de una buena parte de la población que sin sus políticas estaría teniendo en estos momentos problemas serios de supervivencia?

¿Cómo es posible que comunicadores escorados como Vicente Vallés, Ana Rosa, Motos y compañía hayan conseguido imponer hasta tal punto la animadversión contra el Gobierno de coalición? ¿Cómo se entiende que los mismos beneficiarios de sus políticas manifiesten en bares y plazas la disposición a votar ultraderecha a ver si así " se arregla de una vez España". ¿Pero esto qué es, qué está pasando aquí? ¿Qué hacemos tan quietos? ¿Nadie lo va a parar?

A veces tengo la sensación de que, bien sea por el bombardeo mediático, bien por dejación y languidez de la izquierda, la ultraderecha se abre paso "como un cuchillo en la mantequilla" apenas sin resistencia. Yo creo que hay quien piensa que se trata de una broma, que tanto odio y provocación como los que personalizan gentes del talante de Macarena Olona no pueden ser verdad. Dado que es demasiado odio, demasiado insulto, demasiada provocación… parece una broma porque nos cuesta entender dónde podía estar escondida hasta ahora toda esa gente, y dónde han mamado tanta irritación para crisparnos como lo están haciendo.

No veo que nadie dé la voz de alarma en serio. Es como si no nos creyéramos que puede pasar nada terrible. Hacer oídos sordos puede derivar en que llegue el momento en que no haya marcha atrás y entonces será cuando lamentaremos no haber espabilado a tiempo.

Es verdad que existe una ola reaccionaria a nivel mundial que en España ha acabado calando, entre otras cosas porque es muy posible que, en según qué sectores, estuviera sobreviviendo sin hacer demasiado ruido hasta que han visto el momento propicio. El bipartidismo no debía molestarles demasiado, pero el procès en Catalunya y la llegada del Gobierno de coalición hizo que se asustaran (tampoco demasiado) porque debieron pensar que igual no podían continuar campando a sus anchas como habían hecho siempre. En instituciones como la judicatura o los cuerpos de seguridad, las máscaras de los agazapados saltaron por los aires y empezó la ofensiva económica y mediática que acabó colocando la ultraderecha en los parlamentos.

El ninguneo de los medios públicos a Unidas Podemos y todo su entorno, a pesar de sus representaciones parlamentarias y su peso en el Gobierno de coalición, frente a la generosa cancha otorgada al fascismo, empieza a obtener sus abominables frutos.

Así están las cosas, cuando quedan 36 días para las elecciones andaluzas.

J.T.