Prohibido morirse en agosto

Los hospitales no son para el verano. En Cataluña, ponen de patitas en la calle a un sinfín de sanitarios y en Andalucía faltan camas. Las comunidades díscolas del PP no incluyen a la salud entre las competencias a devolver al Estado quizá porque los servicios sanitarios puedan privatizarse. Vayamos preparando la cartilla de racionamiento del copago. Prohibido morirse en agosto es la consigna. Ponte una rebequita sobre los hombros para no constiparte. Automedícate con las marcas de moda en nuestras farmacias y olvida los genéricos comunistas.
Es sólo un anticipo. Comenzamos en el estío pero iremos ampliando el calendario de apagones de los servicios del Estado. Primero podaremos la salud y en seguida la educación, aunque ambas palabras suban puntos en el índice Nikey de los discursos pre-electorales. Más temprano que tarde, un solitario profesor de matemáticas impartirá sus clases ante cientos de estudiantes en el gimnasio de cualquier colegio que no sea de curas ni de millonetis.
El rostro del déficit cero es el de Eduardo Manostijeras. Cualquier día reservarán la democracia a los años bisiestos, con la excusa de que falte liquidez para financiar la libertad. Cuánto añoramos a Ebenezer Scrooge, aquel avaro del “Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Al menos, él le negaba pasta a todo el mundo. Aquí, somos de la hermandad del puño con los más débiles y derrochamos durante la visita del Papa, que también llega en agosto. Ah, claro, será una prueba para la beatificación de Ratzinger: cualquier abogado del diablo podrá demostrar que con sólo anunciar su visita los enfermos se curaban.