Corazón de Olivetti

Superfredy contra el Imperio del PP

 

Alfredo Pérez Rubalcaba tiene en contra a las encuestas pero cuenta con el favor de sus adversarios. En realidad, el candidato socialista tendría que olvidarse de dar a conocer su programa, porque los medios le hacen menos caso que los alumnos le prestan a Aznar en sus clases en la Universidad de Johns Hopkins.

A Rubalcaba si, los suyos le llaman Fredy, pero el PP le considera poco menos que Superfredy: cuando no está montando los Gal para hacerle la guerra sucia a ETA, está llamando por teléfono al bar Faisán para darle la voz de que vienen los guardias a los barandas de esa misma organización terrorista. Lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Sin él no somos nada. Los directores de su campaña pierden el tiempo si no le equiparan a MacGyver, a la Tabata que viene a arreglar los desperfectos provocados, en mayor o en menor medida, por el mismo Gobierno del que fue vicepresidente.

Después de la ceja, llega la calva contra el Imperio de los conservadores mutantes. Ayer mismo, la lideresa, Esperanza Aguirre, le consideraba como inductor intelectual de las movilizaciones que en su contra protagonizaron los sindicatos de la Educación, ante el temor razonable de que la presidenta de la Comunidad de Madrid termine resucitando las becas del PIO, la Enciclopedia Álvarez y el catálogo al completo de la Editorial Dóncel del Frente de Juventudes. Al ex ministro del Interior, en su día, le culparon de instigar las acampadas del 15 M en la Puerta del Sol. Y en cualquier tertulia del lado salvaje de las TDT le vituperarán por instigar la boda de la duquesa de Alba.

A ciencia cierta, no sabemos si RBC se pronunció a favor de la inmersión lingüística de Catalunya o de la inmersión de las sevillanas en la Festa de la Rosa. No importa. Da igual lo de escuchar, hacer, explicar. Cualquier cosa que explique, que haga o que escuche, será usada en su contra. Pero bastará que se quede quieto para que el PP siga presentándole ante la opinión pública como un demiurgo, el hijo bastardo de Cruella de Vil y de Risto Mejide. Lo que nadie se explica es por qué la derecha no le eligió como su candidato si en tanta estima o en tanta inquina le tienen. Desde luego, parece que genera más confianza y desconfianza al mismo tiempo que Mariano Rajoy, aunque todavía –afortunadamente-- no le haya dado por escribir memorias.