Corazón de Olivetti

Qué ganas tenemos de que gane Rajoy

 

Junto a Gibraltar y Rota, en la vieja Cádiz subsiste un raro espanglish que ha acuñado felices expresiones como la de estar aliquindoi. Esto es, los que están a verlas venir, pendientes de algo. Como quien se pone a mirar a los currantes de una obra, a los que se arremangan la camisa ante un palco de mirones. Se trata de una traducción de la fórmula inglesa "looking do it". Esto es, algo así como "mirando lo que hacen". O sea, la actitud de Mariano Rajoy como líder de la oposición responsable, según Sarkozy.

El candidato del PP ejerce como el empollón que levanta la mano ante el profe de aritmética para que lo saque del banquillo del pupitre a explicar en la cancha de la pizarra las ecuaciones de segundo grado de neoliberalismo. Y todo ello, ante la ineptitud de Pepe Luis, que es más bien de letras socialdemócratas y se le atragantan esas operaciones matemáticas de capitalismo salvaje, aunque se haya prestado diligentemente a aplicarlas para aprobar la asignatura pendiente de la deuda española.

Marianito quiere ser el primero de la clase. Y lleva ocho años empinándose en su mesa y repitiendo "me lo sé, yo me lo sé", ante la seño de los mercados. Ahora, los electores quizá expulsen del colegio de La Moncloa a los repetidores del PSOE. Por copiar en los exámenes y dar las respuestas equivocadas con respecto a su propia ideología.

Qué ganas tenemos de que gobierne Rajoy. Y no sólo por saber cuál es su programa que, sin duda, empezaremos a conocer a partir del 21 de noviembre. A los que seguimos al final del aula deseando que suene de una puñetera vez la hora del recreo, nos encantará verle en apuros cuando tenga que hacer frente a los casi cinco millones de parados, al agur de ETA, o cualquiera de esos morlacos de la historia ante los que los maletillas socialistas ahora salen revolcados.

Vamos a disfrutar más que cuando los conservadores parecen alegrarse hoy cada vez que hay malas noticias para todos. Y a ver qué hacen entonces. Claro que igual cualquier día de estos somos nosotros los que nos ponemos manos a la obra en vez de sentarnos a esperar que los sabelotodo se empeñen en resolver nuestros problemas.