El lobo detrás de la puerta

Lo mejor de la contrarreforma laboral es esa renovada sed de pancarta y de conjura, de sentirnos mutuamente obreros en las calles. Como bien saben Macondo y el Génesis, es importante el nombre de las cosas. Y a nosotros nos habían borrado el ilustre título de currantes, el sudor de nuestros viejos, los ojos cansados del salario.
El poder suele cambiar los diccionarios y nos habían querido convertir en un quiero y no puedo de clase media con remilgos. Nos endeudábamos hasta las trancas por un cuatro por cuatro y nos sentíamos cortijeros o yuppies. Dividían a los débiles a cambio de un chalet adosado en las verdes praderas de las primas de riesgo.

Nos hemos ido despertando del sueño lentamente entre embarcos bancarios y órdenes de desahucio. El PP, que ha celebrado una convención pulcra y fría como una clínica privada, tiene razón al considerarse el partido de los trabajadores. Y es que de golpe y porrazo nos ha hecho asumir que lo somos. Los que vuelven al campo con un palaustre en la mochila. Las que emigran ahora con un microchip en el canasto. O quienes van a sentir repelús negociar el convenio en un cara a cara con su jefe. Gente de ordenador o de delantal, de cofia o de aparejo, de portafolios y de llave inglesa. El PSOE se pasó al lado oscuro de la fuerza, es cierto. Pero ¿cómo combatir ahora al formidable ejército neoliberal con esa guerrilla nuestra que va por libre, que ni cree en líderes ni en sindicatos y que lleva treinta años sin recordar que, como decía Mario Benedetti, en la calle codo a codo somos muchos más que dos?
Quienes mandan, claro es, ya juegan de nuevo a dividirnos aún más. Entre los que tienen un puesto de trabajo, por ejemplo, y quienes están en esa formidable factoría de la lista del paro. Creo que ya no cuela, Mr. CEOE. Nos hemos caído del guindo, señor ministro, y ya no le compramos su moto. Quizá no tengamos una ideología definida pero tenemos una perfecta idea de lo que quieren hacer con nosotros. Nos han enseñado simplemente la patita y, empero, ya intuimos que un lobo acecha detrás de la puerta. A pesar de ello, en Asturias y en Andalucía el 25 de marzo, quizás muchas caperucitas rojas vuelvan a votarle.