Corazón de Olivetti

Europa, en el Día del Orgullo Friki

 

¿Qué mente calenturienta habrá hecho coincidir las elecciones europeas con el Día del Orgullo Friki? Hace nueve años, a partir de la pintoresca iniciativa de un bloguero, surgió a escala mundial una nueva efeméride, la de la conmemoración, cada 25 de mayo, del estreno de la cuarta-primera parte de la Guerra de las Galaxias, suceso acaecido en Estados Unidos, tal día como ese de 1977.

Casi cuarenta años después de dicha prémiere, la españolización de dicho anglicismo –freaky en el idioma de Shakespeare—aparece ya recogida en el avance de la vigésimo tercera edición del diccionario de la Real Academia Española, bajo las siguientes definiciones:

1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
2. com. coloq. Persona pintoresca y extravagante.
3. com. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición.

Friki sería, por lo tanto, desde un aficionado del Atlético de Madrid que ande cantando por ahí todavía "qué manera de palmarla", a algunos de nuestros más célebres eurodiputados de la historia como José María Ruiz Mateos y Cicciolina.

En España, treinta y nueve partidos obtuvieron los quince mil avales necesarios para poder concurrir a las elecciones a ese nuevo Parlamento Europeo, en el que junto a las cuotas pesqueras y del aceite de oliva, quizá puedan llevar, de ser elegidos, desde el harakiri del euro a la necesaria legalización de la marihuana, entre otras propuestas que se han ido esbozando a lo largo de las últimas semanas: ¿acaso resulta más extravagante la Confederación Pirata que los recortes de liquidez en materia económica y de libertades que venimos sufriendo muy especialmente desde 2010?

Entre partidos nacionalistas de diverso calado, incluyendo a Álvarez Cascos y los que quieren dejar de estar en España pero seguir estando en Europa, entre las diversas plataformas de la izquierda haciendo un remake de "La vida de Brian" y la derecha extrema haciendo las veces de la extrema derecha, lo más friki sigue siendo que jugamos a parecernos a Estados Unidos en los niveles de abstención. ¿A dónde irá la democracia si nadie la ejerce porque cada vez creamos menos que sea en realidad el poder del pueblo?

Lo más friki de los comicios europeos no será que ganen los euroescépticos sino que la actual Unión Europea lo siga siendo, consolidando esa extraña política de abolición a la carta del Acuerdo Schengen o, en lugar de hacer valer el mayor poder ejecutivo que el Tratado de Lisboa otorga a la eurocámara, sigamos renacionalizando políticas tan cruciales como la de la Extranjería. Lo más friki no es que Miguel Arias Cañete sea poseído en plena campaña por el espíritu de El Yoyas sino que partidos y gobiernos europeos emprendan políticas de extrema derecha para evitar que gane la extrema derecha. Como cuando el lenguaraz alcalde de Sestao, por ahora en el PNV, utiliza contra gitanos e inmigrantes casi los mismos argumentos que los partidos húngaros Fidesz –centroderecha con el 52,8 por ciento de los sufragios—y Jobbik –el neofascismo no tan neo, con el 16,7 por ciento de los votos en las últimas elecciones--.

Volvemos a repetir la historia, quizá porque la hemos olvidado. Y así como el crack del 29 provocó el auge de los totalitarismos en Europa, el de 2008 está auspiciando esa costumbre tan ancestral que estriba en tenerle más miedo a los pobres que a los ricos, a los carteristas que a los bancos. La idea de una Europa fortaleza que se limite a elevar la altura de las vallas de Ceuta y Melilla mientras reduce a la nada los planes de cooperación; la persecución sistemática de la etnia gitana en países tan democráticos como Francia e Italia; la limitación de derechos a los inmigrantes como test de prueba para limitarlos luego al resto de la población. Esas recetas presentes en el discurso cotidiano de muchos partidos democráticos han inflado las velas del ultraderechismo, una corriente que gusta mucho en los grandes despachos pero que encuentra electores en los suburbios, quizá porque a nadie le haya interesado realmente construir un discurso distinto, el de la solidaridad y la resistencia frente a los verdaderos enemigos del pueblo, que diría Henrik Ibsen.

Lo más probable es que tras las elecciones del 25 de mayo sigan perdiendo los de siempre, los Luke Skywalker y la princesa Leila, R2D2, Han Solo o Chebwacca. Y, en esta particular versión de Star Wars, ganarán también los mismos, los del Lado Oscuro de la Fuerza, los Jedi que traicionan su juramente de fidelidad hacia sus votantes o los que directamente cifran su modelo político en el de Dark Sidous, El Emperador.

El facherío va a subir en Europa, a la luz de todas las encuestas. Incluso acarician la idea de formar su propio grupo, la Agrupación para la Libertad de Europa, o algo así, con esa denominación tan paradójica o tan friki como el hecho de que una de las opciones de la ultraderecha española haya escogido como denominación unos versos del poeta comunista Gabriel Celaya, "España en marcha". A lo peor leyeron el poema antes de quemar el libro en alguno de sus aquelarres habituales. Esas y otras formaciones pretenden convertir la Europa de los sueños en la de las pesadillas, un proceso que por otra parte ya se ha iniciado sin su activo protagonismo precisamente.

Por esta y por otras razones, como en la célebre serie de Georges Lucas, el Senado del planeta Coruscant vuelve a correr peligro. Frente a la República Galáctica, se alza toda una Confederación de Sistemas Independientes, que hacen peligrar la unión. Quizá sea un buen día, en cualquier caso, para descubrir que tras la máscara de Darth Vader se oculta Angela Merkel. Y es nuestro padre.