Corazón de Olivetti

España, truco o trato.-

Este país quizá necesitaría un Don Juan que le conquiste o una doña Inés que le seduzca, pero lo único cierto es que hay unos niñatos en la puerta proponiéndonos truco o trato. Y lo peor es que, al final del viaje, podemos encontrarnos con una calabaza y a dos velas.

La encuesta del CIS que todavía no se ha publicado ha hecho saltar todas las alarmas, lo que demuestra que este tipo de sondeos son conocidos de antemano por quienes los maquillan y no llegan vírgenes ante los ojos de la opinión pública. Llevamos varios días encerrados con ese juguete, el de la posibilidad de que, en las próximas elecciones, Podemos no sólo supere la caída libre del PSOE sino que se sitúe por delante del PP en intención directa de votos.

Llegan disfrazados, hablando de centralidad, escondidos detrás de una coleta, pero en realidad dan miedo a quienes se encuentran encerrados en la desconchada casa común de una democracia que se nos ha ido haciendo vieja y que no quiere admitir que le hace falta unos cuantos afeites y un poquito de botox. ¿Por qué la socialdemocracia y la añeja izquierda recela más de sus utopías recién salidas de un libro de autoayuda que de las antiguas recetas de austericidio que el Partido Popular seguirá imponiendo mientras Europa frena en seco su crecimiento, China se desploma y Estados Unidos deja de favorecer con dinero público la economía privada? Quizá porque los que vienen son desconocidos y porque si algo hemos aprendido es  a desconfiar de las apariencias y a esperar que, más temprano que tarde, en cualquier organización aparezca el lado oscuro del ser humano.

Hay mucho toma y daca, truco o trato, en este país al que dieron alfabeto los fenicios, que sabían de sobra que la vida era un mercado. Pongamos, por ejemplo, que los catalanes piden una urna, por amor de Dios, una urna aunque sea de mentirijillas para votar que España nos roba, para quejarse del precio de las autopistas, del mangazo de los Pujol o de que ya nada es de diseño como antiguamente, cuando las corrupciones de la Olimpiada no se sacaban a flote porque el catalanismo lavaba los trapos sucios en casa o, simplemente, no los lavaba.

Traco o truco: Mariano Rajoy, supuesto presidente del Gobierno español, podría utilizar la autoridad del Estado para dialogar, pero prefiere usar la fuerza de su absolutismo para evitar el diálogo. Así que cuando los barruntos se tuercen y el catalanismo no sólo invade las calles sino aquellos que no eran catalanistas, la Moncloa prefiere recurrir al primo de Zumosol del Tribunal Constitucional en vez de atender esa reclamación de pensar en voz alta que Cataluña ensayará el 9 de noviembre. Ese silencio del Estado central y centralista puede provocar una fuerte afonía de democracia en una nación que olvida que si la Constitución salió adelante en 1978 fue gracias al voto mayoritario de catalanes y andaluces, con independencia de que también encontrará apoyos en muchas otras circunscripciones del Estado. ¿Ocurriría igual ahora con una Constitución nueva que necesitamos más que el comer? Probablemente no fuera posible consensuar un truco o trato para sacarla adelante.

Truco o trato: hoy, se desarrollará la marcha contra la base de Rota que, a trancas y barrancas, lleva más de treinta años rechazando el militarismo en el sur de Europa, más allá de la dependencia española respecto a los intereses del Pentágono y la VI Flota que opera en el Mediterráneo y que suele reportar antes a Norfolk que a Madrid. El banderín de enganche de la movilización de este año estriba en la lucha contra la industria militar, lo que no resulta fácil en tiempos en los que el paro muerde tanto que la clase trabajadora prefiere no hacerse preguntas capciosas, sobre la precariedad de los contratos, por ejemplo, sobre el uso militar de los trabajos civiles o sobre el hecho de que al comité de empresa de las bases ni siquiera les permitan negociar un convenio. Así, los empleados de las fábricas de armas, podrían sentirse identificados plenamente con ese personaje del libro póstumo de José Saramago –"Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas"—que hace tan bien su trabajo que prefiere ignorar que su trabajo mata.

Los manifestantes de hoy saben que la utopía nunca fue fácil y que no será probable que las bases se desmantelen por sí solas. Sin embargo, también creen que es un suicidio rendirse sin pelear o, al menos, reclamar un plan de protección civil contra cualquier fisura en un motor o en un proyectil nuclear que recale en dicho enclave. Eso sí, no deja de llamarles la atención que la población circundante, que espera las migajas del escudo antimisiles en forma de alquileres caros, licencias de taxi o pingües beneficios en la hostelería, se inquieten más por las consecuencias del despliegue humanitario sobre el Ebola que por la participación activa de Rota, de Morón o de Gibraltar en operaciones militares del calibre de la primera y segunda guerra del Golfo, la crisis del golfo de Sirte o el linchamiento de Gaddafi en Libia. Ahora, nos preocupa más un soldado que pueda volver de Guinea Conacrky con el virus sin cuarentena que con las manos llenas de sangre desde cualquier rincón del planeta.

Trato o truco: octubre negro de la corrupción. ¿Cuándo no es pascua? Esto es una timba llena de tahúres. Ni Soraya Sáez de Santamaría, que sigue pareciendo la pulcra empleada del mes ha sido capaz de evitar el y tú más cuando su partido podría abrir una sede alternativa en Soto del Real o en Nanclares de Oca. Desde la operación púnica a los eres que no cesan, desde la Gurtell a Noos, desde la calle Génova a la Zarzuela, España entera es un caso que nadie parece dispuesto a resolver y cuyo principal sospechoso es un sistema que está oyendo tocar campanadas a muerto. La justicia --truco o trato-- es lenta  y a veces no lo es: exculpa al alcalde de Valladolid porque su ayuntamiento varía de la noche a la mañana un PGOU previamente aprobado o imputa a una ex consejera andaluza por impulsar una ley que luego se utiliza torticeramente.

¿Alguien puede extrañarle que los niños de Podemos estén a la puerta? Lo raro sería que ante semejante panorama y cuando los brotes verdes no alivian la cola del paro, el Partido Popular siguiera llevándose de calle al país al que está esquilmando a conciencia. El CIS parece alertar de lo contrario, sin saber siquiera aún si Podemos va a presentarse a las municipales. Lo chungo sería que los sondeos le dieran la victoria a Manos Limpias, el sindicato ultraderechista que parece haberse especializado en denunciar a los que corrompen a la democracia, quizá porque ellos pretendan confundir la democracia con la corrupción. Truco o trato. Usted decide.