Corazón de Olivetti

Las amenazas de Rato

Un gran misterio subyace tras la última comparecencia del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en el Congreso de los Diputados. ¿Por qué no explicó los motivos reales que le llevaron a recibir al imputado Rodrigo Rato en su despacho oficial? No se trata, como malicia la oposición, de un enjuague, ni una cospiración, ni un cabildeo. Se intuye, sin duda, un nuevo gesto en la política de acercamiento a la sociedad que propicia el Gobierno de Mariano Rajoy. Es más, ese trato de normalidad con la ciudadanía en apuros se presenta ya como un hecho tan cotidiano que el ministro ni siquiera vio interés alguno en comunicarle dicha reunión a su presidente, que se enteró por la prensa, como también viene siendo habitual, de lo que ocurre en su país y en su gabinete. Es tan atrevida esta estrategia que, a partir de ahora, igual llamamos al 091 y nos sale la voz de nuestro ministro de la Gobernación, que sigue guardando un cierto parecido con la del locutor del NO-DO.

Seguro que, después de su rutinario despacho con Rodrigo Rato, el titular de Interior ha invitado a un cafetito a Eduardo Díaz, el joven internauta de Güimar, que se le ocurrió calificar a su alcaldesa y a la Polícia Local como "casta de escaqueados", gravísimo delito por el cual y en virtud de la Ley Mordaza, se le pretende imponer una multa de hasta 600 euros. Quizá, en su calidad de supernumerario del Opus Dei, le pida a una vecina de Petrel que le acompañe a la santa misa para rogar en caridad por la Policía Local de dicho municipio alicantino. También a ella le han aplicado una sanción de 800 euros por vulnerar el artículo 36.23 de la Ley de Seguridad Ciudadana que recoge multas de entre 600 y 30.000 euros por "el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación, con respeto fundamental al derecho a la información". De hecho, se había atrevido a difundir mediante facebook a un vehículo de los municipales que había estacionado en una plaza reservada para minusválidos. En las preces, seguro que el cristianísimo Fernández, se atrevió a incorporar una máxima laica de Concepción Arenal: "Odia el delito, compadece al delincuente", le dirá a la susodicha vecina mientras ambos acudan a comulgar con ruedas de molino. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, acompasarán sus voces, contritas pero satisfechas porque dicha multa no conlleve también la pena de purgatorio.

Aunque las cámaras de las peligrosas ONGs no lo hayan recogido, seguro que el titular de Interior, más de una vez, ha acudido con mantas y con termos llenos de caldito de puchero, a expulsar a los inmigrantes que pretenden entrar en territorio español a través de las alambradas de Ceuta y de Melilla: "La oposición –les habrá dicho-- ha querido confundiros. A esto es lo que llamamos nosotros expulsiones en caliente". Seguro que también ahora podrá reconfortarles diciéndoles algo así como: "¿Para qué quereís venir a España? La Unión Europea no es segura. No hay ferrys suficientes y tenéis que venir en barcazas que se hunden. O, cuando llegáis, lo mismo os ponen a vender en un top manta y termináis muriendo al saltar por un balcón de Salou para que no os pillen los mossos d´Esquadra. En España, tenemos un serio problema con este asunto. Ya en el franquismo se sabe que caían muchos detenidos por las ventanas de comisaría".

Mientras el verano arroja una cosecha roja de mujeres muertas sin que el ministro ni su gobierno parezca incumbirles tales sucesos, lo mismo su controvertido tú a tú con Rodrigo Rato quizá tuviera por objeto influirle para que, en el más que hipotético caso de ser condenado, su beatísimo amigo Fernández Díaz le consiga un indulto por vía de las cofradías de penitencia que lo solicitan cada Semana Santa.  Piedad no le falta al gendarme mayor del reino, así que tal vez se apandilló discretamente con los ocho condenados, en abril, a tres años de prisión por participar en las protestas ante el Parlamento catalán el 15 de junio de 2011. Seguro que, de ser así, hablaron catalán en dicha intimidad.

O recibió en sede ministerial a los anarquistas criminalizados por la Operación Pandora y la Operación Piñata, tan peligrosamente criminalizados. O con los presos del fichero FIES que ni siquiera pueden denunciar que la Constitución termina en una celda de aislamiento. Pongamos que el ministro les recibe, les entrega un ejemplar del Catecismo Ripalda y de "Camino" de san Josemaría Escrivá de Balaguer: "Todo lo que ahora te preocupa cabe dentro de una sonrisa", les dará en decir citando al fundador del Opus.

Ahí acaban todos sus pesares. "Ego te absolvo in pecatis tuos", les latinaja desde su confesionario de Castellana, 5. Ya sean los robagallinas o los Bárcenas, las tonadilleras o los munícipes filibusteros. Con la compra de cualquier paquete de patatas, se sortea una cita oficial u oficiosa para que el ministro les escuche. Así ocurrió presumiblemente con su viejo amigo desde hace treinta años y antiguo compañero de partido, Rodrigo Rato, el ex baranda del FMI, el ex vicepresidente del Gobierno y ex presidente de Bankia, por cuyos pufos está imputado y por los que fue detenido de sopetón y puesto repentinamente en libertad.

El encuentro se celebró el 29 de julio, con un Rato visiblemente molesto por haber tenido que suspender sus vacaciones en Mallorca: "La verdad, Jorge, es que podías haber buscado otra fecha para recibirme y no someterme a estos malos tratos policiales. Para colmo, has llegado tarde y he tenido que estar perdiendo el tiempo, dándole la paliza a tu jefe de gabinete, cantándole para entretenerle las coplas de carnaval que aprendí cuando fui diputado por Cádiz".

Rodrigo Rato se siente amenazado, pero como en estas fechas hay mucha cola en las comisarías, pasó por allí y se dijo: "Pues vamos a ver a Jordi, que seguro que él tiene mano con esto de la policía". Que le persiguen los accionistas de Bankia, armados con peligrosos twitters. O los viejos a los que convencieron primero para adquirir preferentes que luego canjearon por acciones del quebradizo banco y que sin duda le acechan para programar un escrache de taca-tacas contra  su persona. Quizá incluso junto a la piscina de Gijón en donde ahora se zambulle don Rodrigo, con la tranquilidad que le dará sin duda que el ministerio del Interior le haya facilitado un flotador a prueba de balas.

"Los tiempos no están para hacer públicas según qué cosas –afirmó Fernández Díaz en sede parlamentaria, en un dechado de transparencia--. Si no dije en el comunicado que se trataba de una cuestión personal es porque no quería se abriera un debate sobre si el señor Rato necesita protección policial. ¿De qué voy a hablar en sede ministerial con esta persona? Me han obligado a hablar. ¿Quieren que concrete las amenazas y la protección que tiene? Es una irresponsabilidad".

Todo era tan lógico, tan normal, tan de todos los días, que no figuraba en la agenda oficial, porque, según dijo Fernández, "una cosa es la agendia oficial pública y otra la agenda oficial privada". ¿Estamos seguros de que Interior no ha fichado a los guionistas de Borgen o de El Intermedio? De hecho, el comunicado de marras no se hizo público hasta el 8 de agosto, cuando un periódico difundió la celebración del encuentro: "Nada, Mariano, ha sido una tontería –le habría dicho al presidente cuando le llamó para informarle en cuantito se vio en primera plana--. Las cosas de Rodrigo, ya sabes, que si un día con su tarjeta black, que si otro día con lo de las amenazas".

Al otro lado del plasma y del hilo telefónico, seguro que al inquilino de La Moncloa se le erizaría la sotabarba: "¿Amenazas? ¿Con qué nos amenaza Rato?".

«Cuando estoy hablando de amenazas, estoy hablando de amenazas», quizá le repitió Fernández a Rajoy, como haría de nuevo el viernes en la Carrera de San Jerónimo, ante sus ilustrísimas señorías que representan al pueblo soberano.

La comparecencia, sin embargo, ha servido para algo. En este país, existía la Oficina de Atención al Imputado y no nos habíamos enterado hasta entonces «Personajes públicos y relevancia hay unos cuantos a quienes he recibido y nadie se ha enterado –zanjó Fernández antes de subir a los cielos de una cesantía que seguramente no va a producirse--. Y a otros los ha recibido el director de mi gabinete. O el secretario de Estado u otros altos cargos del Ministerio. Son decenas, decenas y decenas de personas. Algunos de ellos muy relevantes y con mucha notoriedad pública».

Como somos dueños de nuestros silencios, el ministro no tuvo por qué responderle a Rosa Díez: «¿A que no se imagina a Obama recibiendo al señor Madoff? Quiero saber si usted fue quien recibió a Rato o fue Rajoy quien le dio instrucciones para que le recibiera. Le quiero preguntar si el señor Rajoy estaba informado de esa reunión. Si estuvo usted solo o había más personas. Si es la primera vez que vio al señor Rato. Si se ha reunido con algún otro imputado. Si ha realizado alguna gestión con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado después de la reunión. Si ha realizado alguna gestión con la Fiscalía después de mantenida la reunión».

En algún lugar de sus vacaciones, viéndole por la tele mientras relee el diccionario de bable que escribiera su padre, Rodrigo Rato se habrá acariciado el cogote. El mismo que le protegió para que no se golpeara con el techo del coche el miembro de la Agencia Tributaria que le detuvo a mediados del mes de abril. A Rato le retirarán los honores pero al agente nadie va a condecorarle con una medalla de lata el día de los Angeles Custodios.