La tramoya

Datos del paro: A ver qué dice ahora Rajoy

En contra de lo que había asegurado a sus electores, las políticas de Mariano Rajoy no sirven tampoco para reducir el paro. Ya no hay excusas y los datos de la EPA son concluyente: de no haber sido porque unos cuantos miles de jóvenes se han retirado del mercado de trabajo y ya no constan como población activa, el número de parados de la encuesta superaría los seis millones. Una desastre nacional al que se sigue haciendo frente de manera equivocada.

Tal y como habíamos señalado multitud de economistas, la reforma laboral de Rajoy solo iba a facilitar el aumento de los despidos y para nada iba a contribuir a que aumentase el empleo. Así ha sido.

Advertimos que los continuos favores a la banca (el último de los cuales es tan sencillamente vergonzoso como cambiar la ley para que los delincuentes condenados en firme puedan seguir dirigiendo entidades financieras) no iban a permitir que se recuperase el crédito que necesitan las empresas para recuperar la actividad y el empleo. Lo estamos viendo.

Y adelantamos que reducir continuadamente el ingreso de la población de menor renta solo conseguiría hundir cada vez más la demanda y el mercado interno y aumentar de esa forma el desempleo. En la EPA está la prueba.

Rajoy no puede seguir escudándose como siempre en la herencia recibida, ni tampoco en las imposiciones de Bruselas. Aunque es cierto que el camino es estrecho por el diseño tan inadecuado de la unión monetaria, incluso así hay alternativas a la mano para cambiar de políticas y poder darle la vuelta a la situación.

Continuar dando por bueno el status que impone Europa es un suicidio y seguir aplicando las políticas de austeridad solo va a llevarnos a empeorar todavía más nuestra situación económica.

España no puede seguir así. Es urgente considerar que tenemos a nuestro alcance otras posibilidades e instrumentos que podrían cambiar incluso en muy breve plazo el escenario en el que nos movemos.

Con una moneda complementaria al euro utilizada exclusivamente para los intercambios internos podríamos eludir los problemas de financiación que nos ahogan y proporcionar liquidez a la economía, además de lograr otros beneficios que nos darían más equilibrio exterior y estabilidad interna. Disponiendo rápidamente de una entidad de crédito pública podríamos acceder, en las mismas condiciones que las privadas que la están dilapidando, a la financiación ilimitada al 0,75% que proporciona el Banco Central Europeo y proporcionarla así a empresas y consumidores. Y si en lugar de dejarnos gobernar por partidos corruptos alcanzásemos un gran acuerdo nacional para llevar a cabo medidas de este tipo y para repartir las cargas y los beneficios de otro modo estaríamos en condiciones de hacerle frente con más fuerza a la crisis y a las manipulaciones políticas que aprovechan el comportamiento pusilánime antes de Zapatero y ahora de Rajoy para beneficiar a los grandes grupos de poder. Y también, entre otras cosas, para renegociar la deuda y reestructurarla repudiando la que es francamente ilegítima, o para crear un nuevo marco institucional que favorezca la creación de riqueza y la complicidad social y no la corrupción y los pelotazos de los grupos oligárquicos.

¿No son bastantes seis millones de parados para despertarnos de la anestesia?