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El sobrino del inventor del Spectrum sigue sus pasos

Si oímos hablar de un Sinclair, los viejos del lugar sí sabremos de qué estamos hablando... un millennial, de esos que ahora andan locos por tener un Apple Watch, no. Corría 1982, el año del Mundial de Naranjito cuando Clive Sinclair lanzaba su ordenador de 8 bit Sinclair ZX Spectrum, que terminaría popularizándose más por éste último término que por su apellido. Aquel ordenador personal serviría de inspiración para toda una generación de programadores, que aún a día de hoy se ponen tontorrones recordando aquellos tiempos.

Sinclair fue un visionario, no tanto por el ZX Spectrum, sino porque ya en septiembre 1975 lanzó al mercado el Black Watch. Costaba entonces 17,95 libras esterlinas en su versión de kit y 24,95 libras como producto final. Podríamos decir que fue el antecedente del Apple Watch, pero a diferencia de la multinacional de la manzana, Sinclair no poseía una poderosa maquinaria de marketing y el producto resultó ruinoso.

El Black Watch era un reloj digital, con un acabado en plástico negro y un revolucionario diseño para la época sin botones. En su lugar, contaba con dos paneles que mostraban las horas y minutos o los minutos y segundos según presionaras uno u otro. La idea no era mala... la ejecución sí. Sin entrar en muchos detalles, la simple electricidad estática de su camiseta de nylon bastaba para freír el chip, por ejemplo, por no mencionar lo extremadamente sensible a los cambios de temperatura que era la pantalla de cristal de cuarzo.

Sea como fuere, Clive Sinclair se ganó un espacio en el universo informático que, incluso la reina de Inglaterra reconoció otorgándole el título de ‘Sir’. Ahora su sobrino Grant podría ser el Sinclair de la época para todos esos millennial. Para empezar, y como le sucediera a su tío con el Black Watch, ya ha cosechado su primer fracaso:

PososAnarquia_PocoEl pasado mes de noviembre, lanzó su microordenador Poco a la plataforma de micromecenazgo Indiegogo. Esperaba recaudar 30.000 dólares pero la campaña de recogida de donativos finalizó y se quedó anclada en algo más de 2.500 dólares.

Poco es una suerte de navaja suiza de la electrónica, combinando el chipset open source Rasperry Pi, una cámara de acción de alta definición (vídeos de 1080p y fotos de 5MP con cámara delantera y trasera), un reproductor de música de alta resolución 18 veces mejor que los reproductores MP3 al uso, una consola de videojuegos y, claro está, un navegador web. ¿Por qué no descargar el Minecraft y echarse una partidita en la pantalla táctil de 2,8 pulgadas?

Todo ello comprimido en una pequeña carcasa y acompañado de un manual de instrucciones con el que puedes convertir a Poco en un videoteléfono, un monitor de bebés o tu fiel compañero de entrenamiento personal. Pero, por ahora, la idea ha fracasado.

Grant Sinclair, al que a buen seguro que se le abren más puertas gracias a su apellido, ha fundado Sinclair Mobile y desde esa compañía valora los malos resultados del crowdfunding por el mensaje que le transmite: hay que repensar el producto. Para empezar, ya se baraja la posibilidad de crear tres versiones diferentes del producto de acuerdo al perfil específico de cada usuario.

En todos los casos modular, eso sí, y con una versión low cost (ahora cuesta 280 euros) en el que no tendrán cabida la cámara de fotos o el chip de audio de 24-bit. Un dispositivo ideal, por ejemplo, para los más pequeños sin que los padres teman que se caiga un dispositivo tan caro como puede ser una tablet.

Esta es la diferencia entre España y la cultura anglosajona. Allí, un fiasco como ha sido Poco, no sólo no puntúa negativamente sino que, además, te cimenta aún más como emprendedor; en España, serás un fracasado y difícilmente encontrarás financiación. Sinclair, por lo pronto, hasta bromea con el desarrollo de un reloj como hiciera su tío... sería el Woco.