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Tu ansiedad, su negocio

Los trastornos mentales avanzan en nuestra sociedad. Un 25% de los españoles ha padecido, padece o padecerá algún tipo de enfermedad mental. En la actualidad ya superan el 10%. La crisis, además, ha acelerado el crecimiento de estas cifras, mientras que la proporción de psiquiatras en nuestro país es de 6 por cada 100.000 habitantes, algo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera insuficiente.

En este contexto, se ha producido un boom de las apps de estado de ánimo. Son una parte de la nueva revolución que se ha vivido el Silicon Valley en los últimos años, protagonizada por jóvenes que aún tienen restos de acné juvenil. Sólo el año pasado, más de 16 millones de personas descargaron la app de meditación de Headspace, esto es, una aplicación que pauta sesiones de meditación y que usuari@ a usuari@ ha generado un negocio de más de 250 millones de dólares al año.

Se ha generado una industria de la salud digital global que, sólo en el mercado estadounidense, disparó hasta los 183.000 millones de dólares en 2017. Son muchas las apps de salud mental, desde Recovery Record (para los trastornos de la alimentación) Calm, Pacifica, Enso, Zen o Pause, entre muchas otras.

¿Cómo generan las compañías sus millonarios beneficios? Comerciando con la información personal de las personas en la mayoría de los casos. Parte de su negocio se basa en la venta de estos datos de sus usuari@s que contienen las fluctuaciones del estado de ánimo, qué ejercicios de meditación han realizado, cuánto tiempo se ha utilizado esta app…

Llegado a este punto, surge la pregunta: ¿Se trata de datos personales? Con la ley en la mano, podría decirse que no, puesto que no se ligan directamente a su nombre o direcciones de correo electrónico. De hecho, este tipo de información, tal y como se recoge en los acuerdos que han de aceptarse antes de hacer uso de la app, se anonimiza –incluso la que no ingresa la persona y que se recopilada con cookies–  para comercializar con ella.

Sin embargo y como en más de una ocasión ha alertado la Agencia Española de Protección de Datos (AEP), ¿realmente es posible mantener anónima esta información en la era del big data, en la que resulta relativamente sencillo cruzar datos procedentes de las más diversas fuentes y analizar, acometer sofisticadas técnicas de microsegmentación?  Las personas usuarias de las apps de estado de ánimo terminan por ser objeto de campañas de publicidad quirúrgicamente diseñadas en función de nuestro nivel de ansiedad.  

Por otro lado, ¿hasta qué punto queremos que nuestro estado de ánimo, ese que sólo quisiéramos que conocieran nuestras personas más allegadas y, quizás, nuestro médico de Atención Primaria, nutran las cuentas bancarias de l@s accionistas de estas compañías?  En Reino Unido se han desarrollado numerosos estudios en los que se evidencia que, si bien es cierto que la mayoría de las personas que hacen uso de estas aplicaciones están a favor de ceder su información para la mejora de los servicios públicos, no comparten esa visión de fines comerciales. Está en su mano decidir qué apps descarga y qué información cede.