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Asfalto claro para combatir el calentamiento global

Imágenes infrarrojas térmicas (izquierda) y normales (derecha) de una carretera con segmentos claros y oscuros. La imagen infrarroja muestra que el segmento de claro (parte inferior) está aproximadamente 17°C más fría que el segmento oscuro (parte superior). (Imagen: Larry Scofield, APCA)

Estamos acostumbrad@s a concebir las calzadas y autopistas oscuras, con ese asfalto alquitranado que se extiende en nuestras ciudades y las conecta entre sí. Sin embargo, ¿realmente es beneficioso que tengan estas características? Esta cuestión es una de las que se han planteado en el Berkeley Lab de la Universidad de California y su conclusión es que ganaríamos si las carreteras fueran claras o, como lo llaman allí, “carreteras frías”.

A nadie se escapa que en verano, especialmente en las latitudes más calurosas, el asfalto desprende calor, abrasan. No es para menos, puesto que las calzadas convencionales son capaces de absorber entre el 80 y el 95% de la radiación solar. Este fenómeno genera islas de calor en las ciudades que disparan la temperatura y contribuyen al calentamiento global, dado que estas superficies suponen cerca de un tercio del total urbano.

La alternativa que plantean desde el Berkeley Lab son las calzadas frías, capaces de reflectar la radiación solar permaneciendo a menores temperaturas. Para conseguirlo, indican que podría emplear agregados reflectantes, un aglomerante transparente o reflectante, o bien un recubrimiento de superficie reflectante, con los que se pueden alcanzar tasas de reflectancia de hasta un 50%.

Así pues, para su fabricación, no es necesario prescindir de los materiales convencionales, si bien es cierto que mientras que el asfalto tiende a ir aclarándose a medida que envejece (el aglutinante de asfalto se oxida), los más claros se oscurecen con manchas de grasa y rodadas de neumáticos. Por otro lado, es preciso balancear cuidadosamente la huella de carbono de su producción pues, de no hacerlo, puede superar a la fabricación de pavimentos convencionales.

Los beneficios de un asfalto claro son muy numerosos, según los expertos, entre los que destaca un ahorro de energía y una reducción de emisiones como consecuencia de una menor utilización de los aparatos de refrigeración en los edificios. Las centrales eléctricas no sufrirían estos picos de demanda eléctrica y, paralelamente, se verían reducidas también sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Este ahorro también viene de la mano de una optimización de la iluminación por la noche, puesto que el alumbrado público no tendría que utilizarse de manera tan intensa a lo largo y ancho de este pavimento claro capaz de reflectar más luz (con la consiguiente reducción de la contaminación lumínica).

En cuanto a la salud de las personas, ésta también se vería mejorada. Al disminuir las temperaturas del aire en las ciudades, el asfalto frío puede retardar las reacciones químicas atmosféricas que crean esas boinas, esas auténticas nieblas de polución. La temperatura desciende y se refresca la ciudad, reduciéndose enfermedades y trastornos asociados a las altas temperaturas, como los golpes de calor. En este mismo sentido, también se mejora la calidad del agua, porque se enfrían las aguas pluviales –en lugar de calentarse como sucede en la actualidad- y disminuyen los daños a las cuencas hidrográficas locales.

Una calzada clara, además, podría contribuir también a mejorar la seguridad vial, puesto que al reflejar mejor las luces de la calle y los faros de los vehículos durante la noche, la visibilidad de los conductores se ve notablemente incrementada.

En definitiva, el equipo científico de la Universidad de California considera que la alternativa planteada al asfalto, tal y como lo conocemos hoy, podría ayudar a frenar el cambio climático, paliando el calentamiento global causado por los gases de efecto invernadero.