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Lo que no vende del Mobile World Congress

En plena semana de la XIX edición del Mobile World Congress (MWC), nos inundan con móviles enrollables, con tecnología 5G y con toda suerte de cifras como el impacto económico de más de 470 millones de euros para la ciudad de Barcelona. Pero, ¿cuál es la otra cara de la moneda? ¿Acaso todo es tan idílico? Y la respuesta claramente es no. Precariedad, machismo y explotación capitalista son los otros apellidos de una feria a la que si se privara de ello no dudaría en hacer las maletas.

Una de las cifras que siempre vienen adosadas al MWC es la generación de empleo, con cifras que rondan los 130.000 empleos temporales entre personal para los expositores, hostelería, etc. Pues bien, esta misma semana UGT denunciaba cómo las azafatas trabajan jornadas de 12 horas subidas en tacones de aguja por 7,2 euros brutos a la hora. Lean el informe completo (lo pueden descargar en su teléfono móvil de última generación) y lloren. La cosificación es absoluta, exigiendo talla entre la 36 y la 38 y pagando un plus de 1,25 euros si la persona es lista. Un insulto a la decencia que, además, mantiene tarifa respecto al año pasado, sin haber subido siquiera el IPC.

No son las únicas explotadas. A pesar de que los precios, por ejemplo, de los hoteles pueden llegar a dispararse más de un 400% esta semana, los sueldos son míseros y la explotación máxima. Bien lo saben desde las kellys a quienes han trabajado antes del pistoletazo de la feria, es decir, quienes han montado los expositores ya en el MWC, que en 15 días obliga a algun@s trabajador@s a ni siquiera respetar el margen de 12 horas entre el final de una jornada y el incio de la siguiente… así casi 15 días seguidos.

Y, ¿para qué? ¿Para ver los últimos avances tecnológicos? No siempre es así, porque especialmene a partir de las cuatro de la tarde no parece ganar más público quien presente la mayor novedad, sino el que cuente con un mejor grifo de cerveza o similar. En ediciones anteriores recuerdo cómo algún fabricante tenía más personal en su expositor sirviendo alcohol que mostrando tecnología.

El MWC es escenario de grandes acuerdos comerciales y éstos a veces se cierran con sexo de pago. Las víctimas de explotación sexual se multiplican esta semana en Barcelona, incrementan los abusos y los precios de dichos abusos sexuales. Es una explotación que, como otras ferias europeas de esta magnitud, no se consigue sacudir… y uno se cuestiona con qué determinación realmente lo intentan, empapeladas de arriba a abajo con octavillas para puteros.

Todo esto no vende, como tampoco que entrar en el MWC cuesta más de lo que ganan muchas personas durante todo un mes. El precio de las entradas van desde los 799 hasta los 4.499 euros. Sencillamente, se mira para otro lado, como también se hace a la hora de valor los procesos de producción de muchos de los dispositivos que se exponen, cómo se ha extraído el coltán, en qué condiciones se trabaja en las fábricas donde se manufacturan los teléfonos o cómo se gestionan los posteriores residuos. Todo eso no está en el escaparate del MWC… pero ahí está, en su trastienda.