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La basura del porno

Porno y  basura; dos términos que para muchas personas van unidos según su sistema de valores y que, desde ahora en Japón, será una realidad palpable. Las calles niponas han comenzado a instalar contenedores de basura que reproducen en una pequeña pantalla imágenes y sonidos de estrellas del porno cada vez que se arroja un residuo. Y sí, lo han adivinado, sólo estrellas porno mujeres.

El distrito de Shibuya, en Tokio, ha sido el primero en inaugurar esta, me van a perdonar, soberana estupidez, que corre a cargo de una de las productoras de películas X más famosas en Japón, la firma Soft On Demand.

Los creadores de la iniciativa la venden como un remedio al grave problema de basura en las calles que sufre este distrito. Desde la compañía se atreven, incluso, a hablar del “poder de los vídeos porno” para mejorar el medio ambiente. ¿Realmente esperan que la mala educación de quienes arrojan residuos al suelo vaya a mejorar porque una moza en ropa interior grite “¡más, más!” cuando tiras al interior de la papelera un envoltorio de chicle? ¿Han realizado un estudio sociológico para saber a ciencia cierta que quienes más ensucian las calles son hombres heterosexuales o mujeres lesbianas?

Lo que sí parece claro es que, más allá de la cosificación de la mujer que realizan, al hombre no lo tienen en mucha mejor estima. De otro modo, no se entiende que cuanto más grande es el desperdicio que tiras -algo que detecta gracias a los sensores interiores-, más ‘caliente’ será la reacción de la actriz porno. Hasta 60 sonidos diferentes tiene pregrabados.

Pretender ser “eróticos” y no “ofensivos”, según apuntan los creadores es una utopía. El invento ni creo que “haga felices a las personas” ni que vaya a mejorar el entorno… y si lo hace, será a costa de menospreciar a la mujer en el espacio público. Sencillamente, cambian una basura por otra basura.

No es la primera vez que Soft On Demand pone en marcha descabelladas iniciativas para darse bombo publicitario. No hace mucho tiempo, instalaron bicicletas generadoras de electricidad a medida que los hombres subidos en ella pedaleaban mientras veían porno en realidad virtual a través de unos visores. Un despropósito.