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G7: Antisistemas contra antipersonas

Integrantes de la plataforma G7 EZ en una rueda de prensa. G7 EZ

Mañana arranca la 45ª Cumbre del G7 en Biarritz (Francia), que reúne a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón, con España como país invitado. Se han movilizado diversos colectivos de protesta por este lobby de países que paulatinamente está conduciendo a la destrucción del Planeta y todo cuanto éste alberga. Tiende a tacharse a estos grupos de protestas, como las plataformas G7 Ez! y Alternatives G7, de antisistemas, como si éste calificativo fuera despectivo. Todo lo contrario, es un elogio porque si algo ha demostrado el G7 es que sus palabras discurren por sendas muy distintas a sus hechos, que es con lo que han consolidado un sistema depredador.

Quienes más se esfuerzan por desacreditar a los antisistemas que velan por nuestro bienestar centran su discurso en estos colectivos, en lugar de hablar de qué se cuece realmente en el G7. En este sentido y para sostener la afirmación anterior basta remontarse hace un año, al acuerdo suscrito por los Estados participantes en la 44ª Cumbre del G7 en Charlevoix (Quebec, Canadá).

Uno de los puntos a los que desde este espacio prestamos más atención es el medio ambiente. Pues bien, tras la cumbre del año pasado, el G7 remarcó su apuesta decidida por un desarrollo sostenible y la “firme determinación de lograr un medio ambiente limpio, aire limpio, agua limpia y suelo saludable”. Este punto no tuvo el consenso total, porque EEUU se desmarcó desviando la atención sobre su creencia de que “el crecimiento económico sostenible y el desarrollo dependen del acceso universal a recursos energéticos asequibles”. Una manera de seguir abrazado a combustibles fósiles y a los gases de efecto invernadero.

Tras las bonitas palabras en pos de la sostenibilidad del resto del G7, ¿qué hay? Pues tal y como indica Oxfam Intermon en su informe Los pecados capitales del G7, “con la excepción de Italia, seis de los países del G7 se encuentran entre los 10 principales países más responsables de las emisiones acumulativas de carbono». Aproximadamente la mitad de las emisiones globales totales del consumo pueden atribuirse a los 10 más ricos. La mitad más pobre de la población mundial es responsable de solo 10% de las emisiones globales, pero es quien más padece los efectos del cambio climático.

En un momento en el que los negacionistas cargan contra iniciativas como Madrid Central, encontramos que hacía más de tres millones de años que la atmósfera no contenía tanto CO2 como ahora. Superamos las 415 partes de dióxido de carbono por millón –en la década de 1960 rondaba las 300 ppm.

Si miramos a los océanos, el acuerdo de Charlevoix reconocía que “los océanos y mares saludables apoyan directamente los medios de vida, la seguridad alimentaria y la prosperidad económica de miles de millones de personas”. Por ello se apostaba por acciones concretas para proteger la salud de los entornos marinos y garantizar un uso sostenible de recursos marinos, pero la realidad es tozuda cada año se filtran 13 millones de toneladas de plástico a los océanos, según la Agencia de Medio Ambiente de la ONU.

Desigualdad

La desigualdad es otra de las asignaturas pendientes del G7 y que hace de sus acuerdos y buenas palabras una auténtica pérdida de tiempo –porque, como vemos, sus hechos están en las antípodas-.  Para muestra, un botón: El primero de los acuerdos adoptados por la 44 cumbre fue “trabajar juntos para estimular un crecimiento económico sostenible que beneficie a todos y, en particular, a aquellos que corren el mayor riesgo de quedarse atrás”. La cantidad de compromisos incumplidos por parte del G7 son tantos que nada justifica su existencia, salvo para lo que realmente pervive: para perpetuar un sistema global injusto.

El G7 reconoció en 2018 que “muy pocos ciudadanos se han beneficiado del crecimiento económico”, pero, ¿dónde ha quedado el compromiso adquirido de utilizar “todas las herramientas de política para apoyar un crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo que genere una prosperidad generalizada”? Porque eso es lo que se firmó en el Compromiso de Charlevoix sobre Igualdad y Crecimiento Económico.

En el gráfico superior se puede apreciar cómo el reparto justo de la riqueza en los propios países del G7 hace aguas por todos lados. A nivel global, Oxfam Intermon indica que el 99% de la población mundial posee menos riqueza que el 1% más pudiente de la población del planeta. Las 60 personas más ricas del mundo poseen tanto como 3.600 millones de personas… y el G7, con la que arranca mañana, acumula ya 45 Cumbres… quizás por eso han conseguido entre los siete países acumular el 50% del PIB mundial.

En este mismo ámbito, la cumbre de Canadá subrayó que la necesidad de apoyar “esfuerzos internacionales para ofrecer sistemas tributarios justos, progresivos, efectivos y eficientes”, con especial énfasis en la lucha contra la evasión y la elusión fiscal “promoviendo la implementación global de los estándares internacionales”. ¿Cuál es la realidad? Que las familias continúan soportando el mayor peso fiscal en los países desarrollados, en los que las empresas apenas tributan pese a facturar auténticas millonadas.

En cuanto a la igualdad de género, ésta también ocupó un lugar importante en los compromisos de 2018. Entonces, se firmó que “reconocemos que la igualdad de género es fundamental para el cumplimiento de los derechos humanos y es un imperativo social y económico. Nuestro camino hacia adelante promoverá la plena participación económica de las mujeres a través del trabajo para reducir la brecha salarial de género, apoyando a las mujeres líderes empresariales y emprendedoras y reconociendo el valor del trabajo de cuidado no remunerado”. Miren la fotografía de los asistentes al G7: no hay más preguntas, señoría.

Podríamos continuar con la lista de incumplimientos, pero como cierre a este artículo, nos remitimos a las palabras de Cécile Duflot, directora de Oxfam en Francia: “Los líderes del G7 tienen que elegir entre un futuro y una dignidad más brillantes y sostenibles para todas y todos nosotros o una riqueza extrema para unos pocos. Entre salud para todos o más riqueza para los ya inmensamente ricos. Queda por ver si los líderes mundiales tienen lo que se necesita para hacer lo correcto para todas las personas, no sólo para las más ricas… como hasta ahora.