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Ni con algoritmos se aclara Twitter

Ayer por la mañana tuiteaba «mal día para restituir mi cuenta, eliminando a mis más de 6.000 seguidores… en breve explico por qué». Hoy aclararé el motivo que me llevó ayer a escribir eso evidenciando, no ya que los algoritmos en Twitter no parecen estar muy afinados, sino que la arbitrariedad parece dominar la gestión de esta red social.

El pasado 25 de julio, Twitter suspendía mi cuenta sin previo aviso ni explicación alguna. No era la primera vez que la red social me impedía tuitear; también sucedió en 2018 cuando respondía a una serie de amenazas por parte de grupos neonazis. Fue entonces cuando escribí el artículo El cobijo de Twitter al nazismo y la penalización a quien lo combate. Al menos en aquella ocasión, la red social explicó el tuit que había generado la denuncia por parte de grupos de extremaderecha.

Esta vez no fue así. Suspendió la cuenta y punto. Tras varias apelaciones, como las llama Twitter, el 25 de agosto (un mes ya sin poder tuitear) recibí la siguiente explicación:

Hemos recibido una queja de un individuo de que tu cuenta incumple las Reglas de Twitter (https://twitter.com/rules), específicamente nuestras reglas con respecto a la publicación de información o imágenes que el individuo afirma que son privadas. En respuesta a esta queja, tu cuenta ha sido suspendida temporalmente. 

Enlace del Tweet:

Contenido del Tweet:

Entonces eliminaremos el Tweet reportado y desbloquearemos la cuenta. Ten en cuenta que futuros incumplimientos de las Reglas de Twitter pueden resultar que tu cuenta se suspenda definitivamente. Agradecemos tu continua cooperación.

No se detallaba qué tuit había provocado la suspensión de la cuenta y mucho menos el contenido. Pasaría un mes más antes de que se desbloqueara la cuenta. Aquella respuesta encendió mi curiosidad y tras bucear en la red, descubrí que había una cuenta de Twitter, llamada La Reportadora, que se jactaba de haber sido ella la que me había denunciado:

Tal y como se aprecia en las imágenes, el mismo 25 de julio Twitter indicaba a La Reportadora que yo había incumplicado sus reglas de funcionamiento, indicando que había tuitado algo ‘incorrecto’ a sus ojos. Jamás, ni siquiera reactivada la cuenta, Twitter ha informado de esa causa de suspensión.

Continué apelando, pero sin respuesta alguna. Fue entonces cuando quise retomar un artículo sobre los numerosas quejas acerca de suspensiones arbitrarias de cuentas. Se lo hice saber a la agencia de comunicación que coordina los temas de prensa de Twitter; no obtuve respuesta pero, misteriosamente, al día siguiente la cuenta se restauró… de ahí que ayer fuera un mal día para reactivar la cuenta, pues en menos de 24 horas después de mostrar interés por sus políticas de suspensión se desbloqueó el asunto.

En contra de lo que pudiera pensarse, lo peor ni siquiera fue eso; fue más bien la respuesta lo que le deja a uno aún más decepcionado:

Te escribimos para comunicarte que reactivamos tu cuenta. Lamentamos las molestias ocasionadas y esperamos volver a encontrarte en Twitter pronto.

Te contamos un poco más: usamos sistemas para detectar y eliminar muchas cuentas de spam automatizadas al mismo tiempo, y tu cuenta fue detectada como spam por error. Ten en cuenta que puede pasar alrededor de una hora hasta que tus conteos de seguidores y gente que sigues vuelvan a la normalidad.

Pero, ¿no habían suspendido mi cuenta porque había incumplido las reglas, a pesar de que no se indicaba con qué tuit o contenido lo había hecho? ¿Ahora es porque pensaron que era spam? ¿No habían admitido una denuncia -probablemente más falsa que un gato de escayola- de la tal La Reportera?

No deja de ser extraño que un tuitero como yo, que los fines de semana apenas pisa las redes sociales y entre semana no alcanza los 20 tuits y retuits de media -sólo mi colega Ana Pastor, ayer mismo, rondó los 60- sea confundido por su sistema como spam. Da qué pensar.

Sea como fuere, no cejo en mi empeño de arrojar luz sobre el modo en que Twitter suspende cuentas -argumentando o no el porqué- o cómo funciona su sistema de soporte. En todo caso, gracias por los apoyos recibidos durante estos dos meses, aunque como escribí hace semanas, #TwitterNosEcha: el negocio es el negocio.

Se puede vivir sin Twitter, se puede hacer periodismo sin Twitter. No lo olviden. Lo dicho, ya estoy de vuelta a la red social en la que más me han insultado y amenazado -en ocasiones, de muerte- sin que se hayan suspendido esas cuentas. A ver hasta cuándo.