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Bulgaria y España, únicos países europeos sin Psiquiatría Infantil

Hoy se celebra el Día Mundial de la Salud Mental y en España, precisamente, no estamos para tirar cohetes. Los datos de la Organización Mundial de la Salud son demoledores. El 20% de los niños y adolescentes sufren algún tipo de trastorno mental, algo a lo que habría que prestar mucha atención considerando que la mitad de los trastornos mentales que padeceremos a lo largo de nuestra vida se desarrollan antes de los 14 años y, antes de los 18 años, el 75%. Si a eso le sumamos que el suicidio –muchas veces motivado por depresión- es la tercera causa de mortalidad entre los jóvenes de 15 a 19 años (sólo por detrás del cáncer y los accidentes de tráfico), el panorama es desolador.

En el caso de España, todavía más desolador, porque a pesar de que desde diferentes colectivos y sociedades médicas hace más de una década que se viene demandando, nuestro país es el único, junto con Bulgaria, de toda Europa que no dispone todavía de una especialidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil.

Expertos en la materia aseguran que los jóvenes con problemas del desarrollo, en  particular trastornos generalizados del desarrollo, tienen un mayor riesgo de psicosis,  pero también son más propensos a ser diagnosticados erróneamente  como  psicóticos. Estos  trastornos  se  manifiestan  con  déficits  en  la  interacción social y en la comunicación verbal y no verbal, intereses restringidos y  conductas  estereotipadas.

¿Qué se ha hecho en nuestro país para que la transición infanto-juvenil esté protocolizada y existan profesionales especializados en la materia? A nivel efectivo, poca cosa. Después de que el Tribunal Supremo anulara el Real Decreto 639/2014 de Troncalidad, entre otros motivos, por carecer de una memoria económica, la situación no ha mejorado gran cosa, en contra, incluso, de la Directiva Europea 2005/36/CE.

Hubo un momento, sin embargo, en el que se vislumbró algo de esperanza, con la elaboración de un borrador de Real Decreto para la especializad en 2018. Sin embargo, ni durante la etapa de Mariano Rajoy ni con Pedro Sánchez se ha llevado dicho documento al Consejo de Estado, por lo que su posterior aprobación por el Consejo de Ministros y puesta en marcha se hace inviable.

Los avances se han frenado en seco desde el ministerio de Sanidad hasta la aprobación del Real Decreto que regula la Formación Sanitaria Especializada que, a su vez, tampoco se desarrolla al ritmo deseado con la celebración de dos elecciones generales en tan sólo siete meses. Un auténtico despropósito, considerando que el número de las altas hospitalarias por trastornos de salud mental en menores de 15 años va a un ritmo de 3.000 anuales y en ascenso durante la última década.

La guinda del pastel despropósitos llega con la mayoría de edad. Desde la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) hace tiempo que se viene denunciando el abandono de las personas con autismo o que sufren trastornos mentales graves, que reciben ayudas del Estado hasta los 18 años y, con la mayoría de edad, se esfuman. Un hecho especialmente grave, considerando que precisamente a esa edad se produce un punto de inflexión en la vida, bien por agentes externos (trabajo, abandono de estudios, etc.) como por internos (cambios hormonales, adolescencia tardía…).  En este sentido, no es casual que las estadísticas revelen que en la franja de los 16 a los 20 años aparezcan muchos de los trastornos mentales. Dicho de otro modo, en el pico de problemas de salud mental es justo cuando la mayor parte de los apoyos del Estado desaparecen.