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El número de autopsias se desploma

El Charles C. Carson Center para Autopsias. (U.S. Air Force - William M. Plate Jr.)

A finales del año pasado, el patólogo estadounidense George Lundberg publicó un artículo en Medscape acerca del oscuro futuro que existe para las autopsias clínicas. Tanto es así, que auguraba la llegada de una tasa del 0% de estas prácticas en los hospitales. En su artículo, Lundberg alertaba sobre el dramático descenso en el número de autopsias practicadas en EEUU desde finales de los años 60. Como telón de fondo, el precario Estado de Bienestar en EEUU, en el que muchas personas no sólo no cuentan con seguro médico sino que, además, quienes sí lo tienen pueden estar al descubierto después de que la Administración Trump haya retirado la obligatoriedad de realizar autopsias.

¿Qué sucede en España? La situación no es mucho mejor. En el último Libro Blanco de la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP) se advierte de que "el número de autopsias por centro y año es espectacularmente baja". Tanto es así, que la media de autopsias de adulto por centro es de 16, si bien en los centros que disponen de menos de 100 camas no se realiza ninguna. En el caso de las autopsias pediátricas, la cifra aún es peor: 1,7. El descenso es más que evidente. Atendiendo a los datos publicados en los Libros Blancos de la SEAP sobre autopsias de adulto por centro, en 2003 la media se situaba en 22 y en 2018 ya había caído a 18 (actualmente 16).

No parece tener sentido este descenso de las autopsias, dados los grandes beneficios que trae consigo. En otro artículo publicado en American Medial News en 2012, Gregory J. Davis, anatomopatólogo de la Universidad de Lexington (Kentucky), lamentaba esta caída en EEUU, asegurando que "la autopsia ha sido y sigue siendo el estándar de oro para confirmar o descartar el diagnóstico y desempeña un papel esencial en la promoción dela salud pública".

Esta no es la única ventaja que trae consigo la autopsia. Su práctica trae extraordinarios beneficios a la investigación; gracias a ella se han conseguido apuntalar los grandes avances en Medicina. Estrechamente ligado a ello, se encuentran las estadísticas epidemiológicas, puesto que una de las bases de los planes de salud son los certificados de defunción y, si no se ha practicado autopsias, ¿quién garantiza que no se lleva la planificación sanitaria sobre datos erróneos?

Asimismo, además de suponer un auxilio a la justicia y contar con un importante componente docente (para realizar prácticas quirúrgicas), la autopsia contribuye a mejorar el control de calidad, dada su posición determinante para valorar el diagnóstico y tratamiento.

Así las cosas, ¿por qué año a año desciende el número de autopsias practicadas? El motivo no es único, sino una suma de varios. Tal y como se destacaba en un artículo del Libro Blanco 2009 de la (SEAP), realizado por profesionales del departamento de Anatomía Patológica del Hospital Universitario "Marqués de Valdecilla" en Santander (Cantabria), si entre la propia comunidad de patólogos y patólogas hay sectores reticentes, imagen en el resto de la comunidad médica. Para un patólogo o patóloga, realizar una autopsia correctamente en un adulto le puede llevar entre 7 y 10 horas, por lo que trastoca la agenda del día.

Según se explica en el artículo, "los residentes hacen las autopsias al principio de la formación y, aunque suelen encararlas con ánimo inicialmente, enseguida ven que es un  acto  generalmente  aislado,  físicamente  desagradable,  incómodo  y  potencialmente  peligroso,  de escasa trascendencia social (y relativamente poca, profesional), no considerado como una prioridad por los patólogos en general". Apoyando esa afirmación, comparte los datos de la encuesta SEAP en la que se evidencia que si en 1995 casi el 80% de l@s patólog@s consideraba que la autopsia debiera tratarse de formar relevante, catorce años después apenas lo hacía un 30%.

Entre los argumentos detractores figuran los retrasos en los informes definitivos, que puede llevar entre 30 y 45 días, lo que favorece que el desinterés en solicitarlo por parte del cuadro médico aumente. A ello se suma, además, el vocabulario peculiar que contienen este tipo de informes.

Pero sin duda dos de los grandes obstáculos a que la autopsia se imponga como una práctica habitual son otros. Por un lado, el hecho de que puede descubrir datos no identificados en vida, como son errores en el diagnóstico o en el tratamiento prescrito; algo difícil de encajar por el personal médico y que, sin embargo, contribuiría a la mejora de la calidad asistencial.

El otro gran obstáculo es el de los recursos y la inversión sanitaria. Ante la disyuntiva de destinar más dinero a autopsias que a, por ejemplo, nuevos aparatos para el laboratorio o para realizar diagnóstico de imagen, el gestor sanitario lo tiene claro. Como detallaban los expertos y expertas en su artículo, pensar en responsables sanitarios orgullosos de exponer públicamente sus autopsias es una utopía. Y mientras, cabe preguntarse, ¿es posible mejorar la sanidad si no se afinan correctamente las causas de las muertes?