Opinion · La oveja Negra

La violencia irracional de ‘Prótesis’

De vez en cuando, en la Oveja Negra, analizaremos clásicos del género negro en castellano. Les quitaremos ese envoltorio de polvo gris con el que el tiempo trata de mimetizarlos con el resto de obras vulgares de la estantería. Novelas imprescindibles que no son muy conocidas por gran parte de los aficionados al género o que quedan sepultadas en el olvido bajo la avalancha de títulos que todos los años nos ofrecen las editoriales.

Hoy hablaremos de la que, para muchos (entre los que me incluyo), está considerada la mejor novela negra escrita en castellano: “Prótesis”, de Andreu Martín. Su influencia dentro del género es tal que incluso ha dado nombre a una de las mejores y más prestigiosas revistas sobre literatura negra que este año cumple su decimoquinto aniversario.

“Prótesis” narra la historia de dos hombres. Uno se llama Miguel, pero desde que un policía le destrozara la boca a culatazos, prefiere que le llamen “el Dientes”. La dentadura postiza le sonríe desde el vaso de agua apoyado en la mesilla, recordándole que tiene que vengarse. Que tiene que matar. El otro es “el Gallego”, un ex policía al que los nuevos tiempos y la vida han domesticado hasta convertirlo en un ser rebañego, mediocre, intrascendente, despreciable.

Podría pensarse que la novela es la historia de una obsesión por la venganza, pero es mucho más. Y es este segundo personaje, “el Gallego”, el que la convierte en única. Porque la violencia le rescata de esa vida correcta y funcional, devolviéndole a lo que siempre ha sido: un monstruo. La violencia como una suprema manifestación de la vida.

Porque de eso habla “Prótesis”, de la violencia. Sin edulcorantes políticamente correctos, ni prejuicios bien pensantes. Esa violencia incomprensible e irracional, pero arrolladora, que une a dos hombres por encima de todo y de todos. Una hermandad de sangre que sólo la sangre puede romper.

Si no la han leído, léanla. Les envidio por poder hacerlo por primera vez. Si ya la han leído, léanla de nuevo. Si son de los que prefieren andar por las avenidas bien iluminadas, no les gustará. Pero si pertenecen a esa clase de gente que, de vez en cuando, deciden perderse por umbríos callejones sin salida, les apasionara. El lado oscuro siempre revela más de nosotros que el lado luminoso.