Opinión · La oveja Negra

‘Cuando el destino nos alcance…’: la sombra de Jim Thompson es alargada

Los lectores somos egoístas. Sí, usted también. Cuando nos enteramos de que uno de nuestros escritores favoritos ha fallecido nos entristecemos sinceramente. No por la persona en cuestión, que quizás nunca conociésemos en la realidad; ni por su familia y allegados. Nos entristecemos porque ya nunca escribirá otra novela. No volveremos a sentir el placer de sumergirnos en sus mundos imaginarios. No disfrutaremos más de su particular forma de crear sensaciones con la palabra. Nos entristecemos, en definitiva, por nosotros.

Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo, escrita por J.J.M. Veiga y editada con muy buen gusto por Bandaàparte Editores, no es una novela. Es una güija con la que podemos volver a encontrarnos con el maestro Jim Thompson.

1959. Bay Springs. Un pequeño pueblo de mala muerte en el sur profundo de los Estados Unidos. Estupidez, violencia, racismo. Jerry Wooster tiene que salir de allí.

El rock & roll y el blues como su única vía de escape. Su vida se cruza con la de Sandra, una misteriosa mujer de Nueva York en una constante huida de sí misma y de los hombres que la están buscando por cargarse a su marido. Jerry decide largarse con ella en su Buick Skylark blanco. Por el camino recogen a Bobby, un guitarrista negro que busca encontrarse con el diablo en un cruce de caminos para venderle su alma a cambio del don de la música. Días de sexo y canciones en los juke points de Luisiana. Por el camino, Sandra tiene un encontronazo con el sheriff Brando y con el hijo del mandamás de la zona. No son hombres que se dejen humillar por una mujer. Y Sandra tendrá que pagar por humillarlos.

8 años después, Jerry regresa. Y se convierte en el nuevo sheriff. Nunca ha olvidado a Sandra ni lo que le sucedió. Ahora es el momento de cobrarse su venganza.

Cuando el destino nos alcance el maíz seguirá creciendo es una novela brillante. Plagada de rock & roll, blues, sexo y violencia. Con sorprendentes saltos en el tiempo jugando con las figuras de los dos sheriffs. Personajes cargados de carisma, con diálogos muy trabajados y una ambientación perfecta que nos transporta a las polvorientas carreteras del sur norteamericano. Una obra que bebe en los clásicos. Que deja ese regusto amargo en la boca del bourbon y de las buenas novelas negras. Estoy seguro de que J.J.M. Veiga fue a un cruce de caminos a media noche. Y en la oscuridad se le apareció Jim Thompson con una botella en la mano. El maestro se la ofreció. Y Veiga bebió de ella. Esta novela es la prueba.