Opinión · La oveja Negra

‘El sol verde’: no puedes huir de lo que llevas dentro

He conocido a gente que ha estado en las tripas de la guerra. Personas como James Nachtwey, Gervasio Sánchez, Javier Bauluz, Ramón Lobo, Christine Spengler o Santi Lyon. Todos ellos periodistas a los que admiro. También he conocido a combatientes en la guerra de los Balcanes, de las dos Guerras del Golfo, en Afganistán… Y hay algo en todos ellos que los hace distintos, diferentes al resto, de los que no hemos estado dentro del gran horror. Como si mirar a la cara al monstruo los hubiera cambiado para siempre. Ver toda la crueldad de la que es capaz el ser humano debe transformarte por dentro.
El sol verde, escrita por Kent Anderson y editada por Alianza editorial, habla de lo que la guerra hace con las personas. Como las devora, las tritura con sus dientes de hierro y luego las escupe convertidas en seres malditos, infectados por ese virus del que nunca se podrán librar.

El agente Hanson no es un policía normal. Ha abandonado sus estudios de postgrado y su carrera como profesor de literatura inglesa para enrolarse en la policía de Oakland, California. La ciudad con más exconvictos de todos los Estados Unidos. Patrulla solo. Y le gusta. Sus compañeros y sus jefes le detestan. Hanson piensa que los agentes en realidad son trabajadores sociales con pistola. Que el sentido común soluciona más problemas que las porras. Que la policía ha convertido a los ciudadanos en el enemigo, olvidando que los agentes están para servirles. Pero sus ideas no casan con el número de detenciones que cada agente debe cumplir al mes. Vale más cumplir con las estadísticas que solucionar los conflictos. Todos piensan que no sirve, que la calle no es para él. Se equivocan. Hanson sabe utilizar la violencia para hacerse respetar. Fue sargento de las Fuerzas Especiales en la guerra de Vietnam. Allí aprendió algo. Uno no puede tener miedo a la muerte cuando ya está muerto. Y la Parca se le aparece recordándoselo. Bebe hasta perder el conocimiento para poder dormir. Ve a un conejo negro que le persigue por toda la ciudad. Hace todo lo que no debería hacer, entabla amistad con un niño negro de doce años, se enamora de su tía y frecuenta la compañía del rey de la droga en Oakland. Pero, ¿quién sabe qué es lo correcto?

Las connotaciones autobiográficas de El sol verde son evidentes. Kent Anderson fue policía en Oakland y combatió en Vietnam. Algo que dota a la obra de esa fiera autenticidad que la hace ser una novela única. Anderson sabe lo que es la calle, sabe lo que es la policía y sabe lo que es la guerra. Y la novela es como un cóctel con estos tres ingredientes. Todos de alta graduación. Con una trama difusa, discontinua por momentos, un lenguaje directo no exento de lirismo y el juego entre la narración en tercera persona y primera, El sol verde es una novela rara, insólita, extraña y por eso hermosa. Un libro con personalidad para los que ya estén hartos de obras en las que lo único importante es descubrir la identidad el asesino.